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Yo soy más de un humor sofisticado a lo Billy Wilder o Blake Edwards, así que el tono grosero que a veces utiliza Santiago Segura en sus películas queda en las antípodas de lo que más me gusta. Puestos a ver sus estrenos me parece más simpáticos los "Padres no hay más que uno" que los "Torrentes", para los que hay que tener cierto estómago. Siempre digo que como director está capacitado para mucho más y deseo que algún día lo filme (seguramente tendrá menos éxito, esto funciona así), pero hay algo que me parece digno de aplauso y reconocimiento: ha conseguido conectar siempre con una mayoría dispuesta a pagar una o varias entradas de cine para ver lo que rueda y cada una de sus películas se cuentan como un taquillazo, algo que ha logrado contando lo que le apetece en cada momento y reuniendo a sus amiguetes (en esta ocasión muchos cameos y de todo pelaje) y a su familia, así que me quito el sombrero porque hace piña e industria. Su "Torrente presidente" es sátira pura y dura contra la realidad política del momento, humor negro que no deja títere con cabeza y que deja caer multitud de ideas que dichas de otro modo serían violentas, incómodas o poco adecuadas, humor grueso sin remilgos y directo a la yugular. Que su protagonista sea un patán con el que nadie se identificaría complica que el visionado sea agradable, pero es un recurso magnífico para darle la vuelta a todo, conseguir risotadas gamberras y mostrar en clave de comedia lo que no debería ser, aunque lo más terrible del caso es que está siendo y ya ha sido. Puede que la forma no me convenza del todo, pero con el fondo estoy muy en sintonía. Hay que verla, pero yo aviso, como todos los "Torrentes" hay que aceptar la fórmula que propone para poder disfrutarla.

