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sábado, 1 de junio de 2019

"Mientras Nueva York duerme" (Fritz Lang, 1956)


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La resolución de una serie de asesinatos de bellas jóvenes en Nueva york se propone en el Sentinel como la prueba para que uno de sus periodistas ascienda al puesto más relevante de la empresa. Crimen, investigación policial pero sobretodo preclaro retrato del mundillo del periodismo y disección de la ambición humana a través de un microcosmos de personajes que Lang se esmera en construir con gran detalle, ayudado por un buen reparto. Lo más interesante es asistir a las relaciones que se establecen entre todos los personajes, su modus operandi, sus deseos y como los acometen, pero no tanto la  investigación de un criminal un tanto plano que no logra la misma fuerza que el retrato periodístico y que además se resuelve de una forma un tanto decepcionante. En cualquier caso un título recomendable para amantes del cine clásico que linda con el cine negro y que su director consideraba una de sus mejores obras.

sábado, 4 de diciembre de 2010

“El fantasma y la señora Muir” (Joseph L. Mankiewicz, 1947)

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Productor: Fred Kohlmar para 20th Century Fox
Guión: Philip Dunne, según la novela de R. A. Dick
Fotografía: Charles Lang
Música: Bernard Herrmann
Montaje: Dorothy Spencer
Efectos especiales: Fred Sersen
Intérpretes: Gene Tierney (Lucy Muir), Rex Harrison (capitán Daniel Gregg), George Sanders (Miles Fairley), Edna Best (Martha Huggins), Vanessa Brown (Anna Muir de adulta), Anna Lee (señora Farley), Robert Coote (Coombe), Natalie Wood (Anna Muir de niña), Isobel Elsom (Angelica), Victoria Horne (Eva), Helen Freeman, Stuart Holmes, William Sterling.
Nacionalidad: USA
Duración y datos técnicos: 104 min.

Poca gente conoce este título, que pese a pasar de puntillas por las historias del cine y haberse emitido pocas veces en las televisiones, es uno de los más destacados del cine romántico de todos los tiempos.

Joseph L. Mankiewicz firmó en 1947 uno de sus títulos más peculiares, esta historia profundamente lírica a medio camino entre el melodrama y el fantástico, con algunas pinceladas de comedia que resulta una película “amable” y dulce y que, por hacer un símil que se entienda, sería para el cine lo que para la gastronomía sería un bombón.

La película trata sobre la señora Muir (“Miur” se pronuncia en inglés, una muy bien aprovechada Gene Tierney), una joven viuda que se traslada con su pequeña hija Anna (jovencísima aunque sin mucho protagonismo, Natalie Wood) y su sirvienta a una casa junto a un acantilado llamada La Gaviota donde se dice que habita el fantasma del viejo propietario, el capitán Gregg (magnífico Rex Harrison en uno de los personajes más atractivos de su fikmografía).

No es tanto el argumento lo que realmente atrapa de esta película, puesto que resulta sencillo y bastante previsible, sino más bien su ambientación, su tono melancólico y lírico, la oportunidad que ofrece de rememorar un tiempo anterior y no sólo un tiempo, sino una actitud, una forma de entender la vida.

La película pertenece a comienzos de siglo XX y a una sensibilidad completamente distinta a la actual (visualmente impacta y lo demuestra el momento en que la Sra. Muir se baña con la peculiar vestimenta para baño de la época agarrada a una cuerda de un cobertizo con ruedas). Vemos a una mujer joven, decidida, que tras quedar viuda se retira para rehacer su vida en solitario huyendo de Londres y de los lazos de su suegra y cuñada, chapadas a la antigua, muy del siglo XIX, para vivir a la orilla del mar, en constante estado melancólico pero dispuesta a rehacer su vida en soledad. Es una idea que resulta romántica y hoy en día demodé, pero que en su momento constituía también un cierto desafío a lo establecido, a lo socialmente aceptado, cosa con la que el guión juega en todo momento y sobretodo cuando La Sra. Muir escribe el libro sobre el capitán Gregg usando un lenguaje que para nada sería adecuado para una dama.
Se inicia bordeando la comedia, introduce un cierto suspense cuando la Sra. Muir llega a la casa del fantasma que si bien no llega a aterrorizar si que inquieta un poco al principio y después el argumento da un giro hacia lo puramente romántico y sentimental lanzando una idea que provoca una cierta desazón y es que quizás el amor más puro y trascendente no tiene por qué ser el que vivimos en la realidad. Lo trata de demostrar el fragmento de la historia que trata la relación con Farley (qué bien hacía George Sanders de cínico y si no véase “Eva al desnudo”). Hay mucho de romanticismo en la historia de la Sra. Muir y el capitán Gregg, máxime cuando la historia los une al principio, pero los separa después durante años y esto hace que la película se vaya cargando de un tono melancólico y profundamente lírico que es lo que la hace especial y lo que constituye su verdadero encanto.

También son muy destacables las tomas del mar, la atmósfera de la casa junto al acantilado, los ambientes de luces y sombras, todo magníficamente fotografiado por Charles Lang en un gran trabajo que fue nominado al óscar y por supuesto la banda sonora de Bernard Hermann, a la que se une en algún momento el Adagio para cuerda de Samuel Barber que hemos oído en otras películas entre las que recuerdo a “Platoon” y que intensifica los momentos más emotivos. Todo resulta muy lírico, muy romántico, muy etéreo y por ello suele causar impacto en quien ve la película el final y antes de él la despedida del capitán, entre sueños de la Sra. Muir, que canta a los paraísos perdidos a lo que pudo ser y nunca fue, algo muy propio del romanticismo:

“¡Como te hubiera gustado el Cabo Norte,
y los Fiordos al sol de medianoche
Cruzar los arrecifes de Barbados
Donde el agua azul se vuelve verde
Las Falkland,
donde la galerna del sur hace que
el mar se ponga Blanco de espuma!
¡Cuantas cosas nos perdimos Lucia!
¡Cuantas cosas nos perdimos Lucia!
Adiós mi amor”

Con un planteamiento muy teatral, basada en los diálogos, algo que se le daba muy bien a Mankiewicz (véase por ejemplo la extraordinaria “Julio César”), la película avanza y se disfruta con una cierta indolencia, con cierta facilidad y sin que suframos bandazos emocionales, pero su argumento y su tono van dejando un poso anímico que explosiona el final y sobretodo en nuestro recuerdo, por ello, podríamos decir que gana en la memoria y permanece sobretodo por su atmósfera, por su sensibilidad y por su latente melancolía.

El éxito popular del filme dio lugar a una serie de televisión de cincuenta episodios de media hora con Edward Mulhare como el fantasma y Hope Lange como la señora Muir que se emitió entre 1968 y 1970.

Sin duda una película peculiar y atípica, una historia de amor imposible que constituye una de las muestras más delicadas, elegantes, etéreas y melancólicas del cine romántico y que, te va a atrapando de manera imperceptible hasta quedar asida en tus mejores recuerdos fílmicos. Absolutamente recomendable.

Escenas favoritas (¡¡¡¡CUIDADO SPOILERS!!!):

- Al entrar por primera vez con el casero la Sra. Muir abre una puerta y nos da un vuelco el corazón al ver un retrato al fondo que creemos un fantasma.
- El momento en que el capitán se despide de la Sra. Muir lamentando no haber podido continuar a su lado.
- El final de la película, cuando una anciana Sra. Muir se reúne con el capitán.

martes, 8 de diciembre de 2009

“Rebeca” (Alfred Hitchcock, 1940)


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Título original: Rebecca
Duración: 130 min.
País. Estados Unidos
Guión adaptado: Robert E. Sherwood & Joan Harrison (Novela: Daphne du Maurier)
Música: Franz Waxman
Fotografía: George Barnes (B&W)
Género: Drama, Romance, Thriller, Intriga
Reparto: Laurence Olivier, Joan Fontaine, George Sanders, Judith Anderson, Nigel Bruce, Reginald Denny, C. Aubrey Smith, Gladys Cooper, Florence Bates, Melville Cooper, Leo G. Carroll, Leonard Carey, Lumsden Hare, Edward Fielding, Forrester Harvey, Philip Winter
Distribuidora: Buena Vista International
Productora: Selznick International Pictures
Efectos especiales: Jack Cosgrove
Montaje: W. Donn Hayes
Sonido: Jack Noyes

"Rebeca" es sin duda una de las grandes películas de Hitchcock, eso es un hecho objetivo, como también es una realidad que fue la única de sus películas que ganó el óscar al mejor título del año (y además el de mejor fotografía) y sin embargo en mi particular opinión queda por debajo de otros títulos como “Los pájaros”, “Psicosis”, “La ventana indiscreta”, “Con la muerte en los talones” o, por supuesto, “Vértigo”, aunque claro, hablamos de sus obras maestras.

El caso es que “Rebeca” sobretodo posee una extraordinaria atmósfera de ensoñación que la envuelve desde el inicio, que acompaña el relato en flashback que hace el personaje de Joan Fontaine mientras recuerda la mansión de Manderley y resulta una peculiar mezcla de géneros a medio camino entre el melodrama romántico y el suspense policiaco. Es posible que al no definirse por completo dentro de un género y al no ser una película Hitchcok al cien por cien (ahora lo explico) a mí personalmente me parezca un puntín peor que sus mejores títulos, pero en cualquier caso entiéndase que la estoy juzgando duramente (injustamente también) por comparación con varias obras maestras y que no deja de ser una gran película.

Haciendo un poco de historia hay que decir que en marzo de 1939 Alfred Hitchcock (con más de veinte películas a sus espaldas y ya famoso en Gran Bretaña) y su familia se desplazaron a Los Ángeles tras la firma de un contrato con el todopoderoso productor David O’Selznick, que en esos momentos estaba ultimando el que sería el mayor éxito de su carrera, “Lo que el viento se llevó”.

Hitchcock había estado trabajando en un guión basado en la novela de Daphne de Maurier en la que se basa esta película, pero O’Selznick lo descartó y le impuso una adaptación más literal de la obra y un sistema de trabajo más acorde con la United Artists, lo que supuso que en el proceso de producción del film se perdiera parte de la impronta creativa del director. En “Rebeca” vemos una adaptación brillante de la novela, bien desarrollada, narrativamente interesante y con un cierto tono de suspense pero es el argumento y los actores lo que la hacen especialmente atractiva para los espectadores y no tanto el poder de Alfred Hitchcock para provocar desasosiego con sus imágenes (y eso que tanto los parajes de Manderley como la presencia de la pérfida Señora Danvers lo compensan con creces).

Es curioso que la academia de Hollywood reconociera el trabajo de Alfred Hitchcock como ya no lo hizo nunca más (no ganó nunca el óscar al mejor director) en una película en la que trabajó de encargo, pero no hay que olvidar que la estrella en esos momentos no era tanto él como el ya mentado O’Selznick que venía de encandilar a todos con “lo que el viento se llevó”.

“Rebeca” fue un éxito de público, eso sí, hay que tener en cuenta que cada época tiene su público potencial. Así como los cines son llenados ahora por gente joven con ganas de ver acción y efectos especiales, en los años 30’s y 40’s, antes de la irrupción de la televisión en las viviendas norteamericanas, el público potencialmente más proclive a llenar las salas eran mujeres de clase media y alta con sus acompañantes y de ahí la proliferación de melodramas románticos y screwball comedies que nos regalaron los estudios de Hollywood. La adaptación cinematográfica de la novela en que se basa “Rebeca” era un éxito seguro y O’Selznick simplemente se aseguró de dar al público exactamente lo que quería, por lo que cualquier pega que podamos ponerle a la película hoy en día encontraría una oposición frontal de toda una generación, para la que este título fue esencial en su experiencia fílmica incluso tanto como para que a las rebecas se les llame así desde su estreno (es una chaqueta de mujer, de punto fino, sin cuello, y abrochada por delante y se le dio este nombre porque la utilizaba Joan Fontaine en esta película).

En lo estrictamente argumental me parece mucho más lograda la primera parte, en la que se desarrolla el meollo más sentimental, sobretodo porque tanto Joan Fontaine como Laurence Olivier están más brillantes y mejor aprovechados (ella compone un personaje delicioso y encantador y él resulta el galán que toda mujer querría en aquella época), especialmente en contraste con ese personaje odioso que es el que interpreta Florence Bates (odiosa maruja altiva y presuntuosa). A mitad de película, se produce un giro argumental y el género de la película cambia, pasando a ser el suspense protagonista. Aunque hay momentos antológicos, casi siempre cuando entra en escena la inquietante Judith Anderson (como el de la ventana que es una de las imágenes de la historia del cine) la intriga resultante no me parece tan bien resuelta, lo cual es muy curioso siendo que Hitchcock está tras la cámara, pero quiero pensar que las imposiciones de producción le impidieron desarrollar un tono más intrigante como seguramente le hubiera gustado. A parte el juego de apariencias y realidad es efectivo pero un poco rocambolesco y eso perjudica ligeramente el visionado.

Me he dedicado en la reseña a poner “peros” dejando claro que “Rebeca” no es de mis películas favoritas de Hitchcock, pero no me gustaría dar una impresión equivocada, es una gran película y su visionado te traslada literalmente a otro lugar, otro tiempo y otra sensibilidad. Sólo por eso merece y mucho la pena, pero es que argumentalmente lo tiene todo para resultar atractiva, pues no deja de ser una historia de obsesiones, pasiones, celos, intriga y tragedia ambientada en un lugar tan suntuoso como intrigante.

En 1941 recibió once nominaciones a los óscars de las que ganó dos (mejor película y mejor fotografía). Además tuvo nominación en los apartados de mejor director, mejor actor (Laurence Olivier), mejor actriz (Joan Fontaine), mejor actriz secundaria (Judith Anderson), mejor dirección artística, mejores efectos visuales, mejor montaje, mejos banda sonora original y mejor guión adaptado. Aquel año solo ganó más premios “El ladrón de Bagdad” (3) y también consiguieron dos “Historias de Filadelfia”, “Pinocho” y “Las uvas de la ira”.