Argumento interesante, basado en hechos reales, sobre un miembro de la resistencia noruega que logró escapar de un sabotaje a los nazis durante la segunda guerra mundial y se ocultó durante semanas en parajes congelados del norte de Europa ayudado por la población local. Hasta ahí bien, el problema es que al director le interesa sobretodo la descripción ambiental del gélido entorno nórdico y el proceso de desgaste psicológico del protagonista, así que se recrea en escenas naturales o subjetivas que terminan haciéndose muy largas desechando en gran parte el juego narrativo con la emoción o el suspense salvo en momentos puntuales. Tampoco la historia de su perseguidor llega a conquistarme, que habría sido un buen contrapunto al enfrentar dramáticamente la ansiedad del que huye con la obsesión del que persigue. Para mi gusto había opción de algo mejor y a la película le sobra más de media hora, pero lo peor es que la angustia del protagonista me deja completamente frío e indiferente. No debería ser así.
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jueves, 10 de septiembre de 2020
martes, 21 de marzo de 2017
“Hasta el último hombre” (Mel Gibson, 2016)
Me descubro ante el Mel Gibson director: por favor, que no deje
de hacer películas. Esta vez deja boquiabierto con la historia real de
un objetor de conciencia que participó en la batalla de Okinawa sin
empuñar un arma y tratando de salvar a todo el mundo que pudiera.
Emoción, intensidad y una película que el tiempo emparejará por temática
y calidad con esas maravillas que son "Salvar al soldado Ryan" y las series "Hermanos de sangre" y "The Pacific". Auténtico caviar para amantes del cine bélico, pero con mensaje antibélico.
Título original: Hacksaw Ridge
País: Estados Unidos, Australia
Duración: 131 min.
Género: Drama, Histórico, Bélico
Reparto: Andrew Garfield, Vince Vaughn, Teresa Palmer, Sam Worthington, Rachel Griffiths, Matthew Nable, Luke Bracey, Hugo Weaving, Richard Roxburgh, Nathaniel Buzolic, Goran D. Kleut, Firass Dirani
Distribuidora: DeAPlaneta
Productora: Icon Productions, Permut Presentations, Pandemonium, Cross Creek Pictures, Vendian Entertainment, Demarest Media
Director de fotografía: Simon Duggan
Diseño de producción: Barry Robison
Guión: Randall Wallace, Robert Schenkkan
Montador: John Gilbert
Música: John Debney, Rupert Gregson-Williams
Labels:
*****,
2016,
Andrew Garfield,
bélico,
Drama,
histórico,
Hugo Weaving,
Luke Bracey,
Matthew Nable,
Mel Gibson,
Rachel Griffiths,
Sam Worthington,
Teresa Palmer,
Vince Vaughn
martes, 6 de agosto de 2013
“Cinco tumbas al Cairo” (Billy Wilder, 1943)
No está considerada una de las mejores películas de Billy Wilder, pero fue nominada a tres óscars (fotografía en B/N, dirección artística en B/N y montaje), posee a un imponente Erich Von Stroheim haciendo de Rommel y, como todas las películas del maestro Wilder, su guión entretiene y funciona con la precisión de un artilugio de relojería.
Título original: Five Graves to Cairo
País: EEUU
Duración: 96 min.
Género: Thriller, Bélico, espionaje
Reparto: Franchot Tone (Cpt. John J. Bramble / Paul Davos), Anne Baxter (Mouche), Akim Tamiroff (Farid), Erich von Stroheim (Rommel), Peter van Eyck (Teniente Schwegler), Fortunio Bonanova (General Sebastiano)
Distribuidora: Paramount Pictures
Productora: Paramount Pictures
Fotografía: John F. Seitz
Maquillaje: Wally Westmore
Montaje: Doane Harrison
Música: Miklós Rózsa
Guión: Billy Wilder basado en una obra de teatro original de Lajos Biro
Calificación: No recomendada para menores de 13 años
Recomendada para amantes del cine clásico o para aquellos que se atrevan con él a partir de esta trama de espionaje en la que un soldado británico se hace pasar por espía alemán en un hotel en mitad del desierto al que llegan las tropas de Rommel.
Labels:
*****,
1943,
2ª guerra mundial,
Akim Tamiroff,
Anne Baxter,
bélico,
Billy Wilder,
Egipto,
Erich von Stroheim,
espionaje,
Fortunio Bonanova,
Franchot Tone,
Peter van Eyck,
Rommel,
thriller
miércoles, 6 de julio de 2011
“La colina” (Sidney Lumet, 1965)
*****Género: Drama, Bélica
País: Gran Bretaña
Reparto: Sean Connery (Joe Roberts), Harry Andrews (R.S.M. Wilson), Ian Bannen (Harris), Alfred Lynch (George Stevens), Ossie Davis (Jacko King), Roy Kinnear (Monty Bartlett), Jack Watson (Jock McGrath), Ian Hendry (Staff Sergeant Williams),
Michael Redgrave (Oficial médico),
Productor: Kenneth Hyman
Guión: Ray Rigby, R.S. Allen basado en su obra teatral
Fotografía: Oswald Morris
Música: Art Noel y Don Pelosi
Montaje: Thelma Connell
Fotografía: Oswald Morris
Duración: 123 minutos
Aunque está considerada casi unánimemente como una de las mejores películas de Sydney Lumet, no es “La colina” de las más conocidas de su autor, pues siempre se suelen citar antes “Doce hombres sin piedad” (1957), “Serpico” (1973), “Tarde de perros” (1975), “Network, un mundo implacable” (1976), “Veredicto final” (1982) o su última película y la más reciente “Antes que el diablo sepa que has muerto“ (2007). En cualquier caso se trata sin duda de una de esas películas que te engancha desde el principio y no te suelta hasta el final.
El argumento trata sobre una prisión británica al norte de África en una fecha indefinida en torno a la Segunda Guerra Mundial a la que envían a los soldados insubordinados o indisciplinados para “meterlos en vereda” mediante una intensa instrucción que incluye unos mortales ejercicios bajo un sol de justicia sobre una colina de arena construida dentro del recinto. En concreto la narración se centra en la llegada de cinco nuevos prisioneros entre los que destaca Joe Roberts (Sean Connery), un oficial que se negó a acatar una orden de ataque en la que perecieron todos sus compañeros y que se convierte en blanco de las iras del Sargento Williams (Ian Hendry), un tipo que parece disfrutar con el castigo físico a sus subordinados con la acquiesciencia de su superior, el Sargento Mayor Wilson (Harry Andrews).
La película es un valiente alegato que pone en tela de juicio los mecanismos de la jerarquía militar por cuanto el cumplimiento de una orden puede respetar los principios del ejército pero ir en contra de la lógica o de la humanidad. Como temas de fondo hay varios: la duda de si el fin justifica los medios cuando se trata de adquirir una disciplina, la idoneidad de la estructura jerárquica militar o las relaciones que se establecen dentro de un pelotón como metonomia de las que se establecen en la sociedad (el hecho de que uno de los cinco prisioneros, King (Ossie Davis), sea negro, está utilizado también para concienciar sobre el racismo). La película es por todo ello valiente y Sydney Lumet parece apuntar que no está en contra del sistema militar, pero que sí lo pone en duda por cuanto se basa en órdenes y no todos los hombres que las dan son ecuánimes. En realidad el gran tema de la película es el abuso de poder y el argumento lo desarrolla de manera magnífica.Uno de los aspectos que más fuerza le dan a la película son los personajes. El Sargento Williams (Ian Hendry) es un claro precedente de tipos tan odiosos como el Sargento Hartman de “La chaqueta metálica” o el Amon Goeth de “La lista de Schindler”. Sus apariciones en escena provocan literalmente al espectador porque utiliza su posición de poder para someter a sus prisioneros de la celda 8, aunque el Sargento Mayor Wilson (Harry Andrews) no se queda a la zaga en un papel más odioso si cabe por cuanto hace la vista gorda a todos los desmanes siempre con la escusa de una disciplina que para nosotros, que conocemos todas las perspectivas como espectadores, resulta caprichosa y sui géneris. Los dos actores que los interpretan están soberbios.
No lo están menos los cinco detenidos, encabezados por un Sean Connery perfecto en su papel de Roberts, un oficial rebelde que no está dispuesto a obedecer órdenes fuera de toda lógica y por Ossie Davis, King, que padece todo tipo de vejaciones por ser negro y se une a la causa de Roberts. Junto a ellos Barlett y McGreeth representan la cobardía, el egoísmo, la traición; Stevens es la víctima propiciatoria y el argumento se completa con el jefe médico y el Sargento Harris, que es la antítesis de Williams. La crítica no obstante, más efectiva y despiadada que Lumet hace a través de un personaje es la del máximo responsable del correccional militar, un tipo que está preocupado sólo por las prostitutas, que ha perdido por completo el mando y que ignora qué ocurre entre los hombres a su cargo. Las interpretaciones de todo el elenco (la mayoría secundarios de lujo que hemos visto en infinidad de series y películas) son esenciales para que los mecanismos argumentales del guión funcionen y la película sea todo lo intensa que quería Lumet.El director hace también un gran trabajo confeccionando su película como un drama psicológico en el que el blanco y negro de la fotografía, los primerísimos planos, los contrapicados y la posición de la cámara (a veces usando la técnica de la cámara en mano) son muy importantes para causar sensación de claustrofobia. Están también muy elaboradas las secuencias exteriores en el campo de entrenamiento, con elegantes movimientos cenitales como el que da inicio a la película y casi siempre luciéndose en los planos secuencia con numerosos extras de fondo ejercitándose, que es algo que aumenta notablemente la sensación de asfixia física que se quiere dar a entender. Otro aspecto del que se habla mucho sobre esta película es el tratamiento que se da al personaje de Williams, casi siempre con la cara oculta en sombras para enfatizar su malévola presencia. En general podríamos decir que Lumet desarrolla una dirección excepcional, adelantada a su tiempo. Pese al blanco y negro la película no resulta por ello “antigua” sino que los encuadres y las imágenes parecen modernos, actuales. Es una película para la que ha pasado muy bien el tiempo y no es de extrañar que ganara el premio a la mejor producción británica en aquel 1965.
MIS ESCENAS FAVORITAS (¡¡¡CUIDADO, CONTIENE SPOILERS!!!)
- La escena inicial, cenital, recorriendo todo el campo de detenidos, sobrevolando la colina, explicando el escenario en el que van a tener lugar los hechos.
- Son geniales casi todas las escenas en las que aparece Harry Andrews, pero entre todas ellas destacaría aquella en la que los reclusos parecen amotinarse y los apacigua dando muestras de un cinismo sin límites.
- La escena en la que los cinco detenidos tienen que subir y bajar la colina “sólo seis veces”. Incluso como espectadores nos parece que no es excesivo, pero con esta escena comprendemos que sí lo es, máxime cuando Lumet intercala otra escena nocturna en la que un soldado sin petate prueba a subir y bajar la colina y sólo soporta hacerlo un par de veces.
- Los oficiales encabezados por Williams con las porras sobre la colina.
- La escena en la enloquece Stevens.
- La escena clave de la película, que explica toda la tesis de fondo que ésta encierra es aquella en la que Roberts habla con King en privado en su celda, le explica qué ocurrió para que le detuvieran y por qué actuó como lo hizo.
- Por supuesto son grandiosas las escenas en las que se resuelve el conflicto, con los interrogatorios y el ir y venir de varios personajes.
lunes, 31 de mayo de 2010
“Stalingrado” (Joseph Vilsmaier, 1993)
****Año: 1993.
Título Original: Stalingrad
Nacionalidad: Alemania-Suecia.
Género: Bélico, drama
Fotografía: Joseph Vilsmaier
Música: Norbert J. Schneider
Montaje: Hannes Nikel
Guión: Johannes Heide, Jürgen Büsche y Joseph Vilsmaier.
Actores: Dominique Horwitz, Thomas Kretschmann, Jochen Nickel, Dana Vavrova y Martin Benrath.
Producción: Joseph Vilsmaier, Hanno Ruth, Günter Rohrbach
Duración: 135 minutos.
“Stalingrado” es una auténtica rareza dentro del género de cine bélico. Lo fue en el momento del estreno y lo es todavía, porque han sido muy escasas las películas sobre la segunda guerra mundial que se han filmado desde la perspectiva alemana; no todas poseen su profundo calado dramático y mucho menos se ha trabajado la idea de que en el ejército alemán también hubo soldados que padecieron con el conflicto (recientemente sí contamos con la magnífica “El hundimiento”, que explica los últimos días de Adolf Hitler y su entorno).
“Stalingrado” cuenta además un episodio muy cruento pero poco habitual en las crónicas bélicas cinematográficas (salvo en “Enemigo a las puertas”), que se centra en el cerco a la ciudad rusa que actualmente se denomina Volvogrado, un punto que los alemanes consideraban estratégico para dominar el Cáucaso y el Volga. En esta localización tuvo lugar el enfrentamiento más sanguinario quizás de la historia, con una cifra de entre uno y cuatro millones de muertos.
El director de la película es Joseph Vilsmaier (aunque no es muy conocido por España si tiene una notable fama en Alemania) que se encargó del proyecto bajo los auspicios económicos del productor Günter Rorhbach, que ya había alcanzado tiempo atrás un gran éxito con “El submarino”, una magnífica película que lanzó a la fama a Wolfgang Petersen y con la que ésta guarda gran parentesco estilístico. Director y productor dan a la película un tono dramático y realista que no elude ni momentos dolorosos, ni solapa el sufrimiento de los personajes y por su puesto tampoco edulcora una puesta en escena que muestra bien a las claras lo terrible del escenario: el frío inmisericorde del invierno ruso y lo destartalado y herrumbroso de los lugares asolados por bombas y ráfagas de ametralladora.
Por su puesto esta película es un alegato antibelicista en toda regla y refleja el sinsentido de la guerra no solo mediante las imágenes sino también a través de un guión en el que se ponen en entredicho las jerarquías militares, la coherencia misma del mando y el sentido del enfrentamiento. Evidentemente no es una película fácil de ver y tampoco es fácil de digerir, pero como contrapunto a otras con fines propagandísticos o que realzan el tono épico de toda confrontación consigue a la perfección su objetivo y deja una huella profunda en el espectador.
No fue en su día un título excesivamente apreciado, se estrenó en España en época de “vacas flacas” en pleno verano del 93 y pasó sin pena ni gloria por los cines, pero el tiempo ha ido ubicándola en un lugar más destacado dentro de nuestra memoria de películas bélicas, quizás por su magnífica labor desmitificadora y su tono dramático.
El proyecto fue uno de los más caros del cine alemán en su día, se grabó en la antigua Checoslovaquia, Finlandia e Italia y se convirtió en una de las producciones europeas más destacadas del año 1993.
La historia se centra en un grupo de soldados alemanes que, recién llegados de la batalla del Alamein, se encuentran reposando en la Riviera italiana, cuando se les envía al frente ruso bajo las órdenes de un teniente interpretado por Thomas Kretschmann (un actor alemán al que después hemos visto en infinidad de películas como “U-571”, “La reina Margot”, “Blade II”, “El pianista”, “El hundimiento”, “King Kong”, “Next”, “Wanted” o “Valkiria”).
Desde el principio la lectura de la película está clara: la guerra tiene poco de reconfortante o glorioso. Es algo que se observa en cada fotograma, en cada lugar destartalado e inhumano por el que pasan los personajes y que se refleja en cada suceso. El argumento de hecho conduce a los protagonistas a una creciente desesperación que les lleva a un final dramático. No hay héroes, sino seres humanos, personas normales y corrientes soportando estoicamente los mazazos que les va dando la guerra hasta acabar sumidos en la desesperación personal. Psicológicamente los hechos y el ambiente hostil que les rodea los van hundiendo de manera inmisericorde: sin tiempo para el descanso deben dejar la Riviera para ir a luchar en el peor escenario posible, un retraso en la formación hace que algunos de ellos pierdan una condecoración, se desplazan en trenes de ganado insalubles hasta su destino, los superiores no atienden a las injusticias cometidas por los oficiales (son incidentes a los que no hay que prestar importancia), en la locura de los enfrentamientos es habitual que se disparen y maten entre ellos, muchos avances son auténticos suicidios en masa, los altos el fuego para recoger heridos se convierten en masacres, los heridos quedan hacinados en hospitales sin condiciones y sin médicos que puedan atenderles, los fusilamientos son impuestos....
Es una película dura y sin concesiones, que explica claramente lo terrible de la guerra, muy bien dirigida y magníficamente interpretada que seguramente no ha tenido el reconocimiento que merece.
Me quedo esencialmente con dos momentos en los diálogos que explican muy bien el conjunto, aunque escenas hay muchas y muy buenos (véase el enfrentamiento en la nieve contra los tanques con las bombas lapa, que es uno de los momentos más recordados):
- ¿En qué piensas?
- En nada, porque si piensas puedes volverte loco
- ¿Cómo te llamas?
- Muller
- Hay muchos con ese nombre, al menos hasta el próximo ataque
Magnífica película a reivindicar. Eso sí, dura, intensa y descorazonadora como pocas.
RECORDATORIO DE ESCENAS ( ¡¡¡cuidado!!! No leer. contiene spoilers)
- En la Riviera italiana con amigo herido en el Alamein
- Condecoraciones en el cuartel
- En un tren de ganado hacia Stalingrado
- Llegada al frente / dantescas imágenes de soldados heridos/ Incidente con un prisionero / Los superiores evitan responsabilidades
- Primer asalto en la ciudad a un nido de ametralladoras / Disparo a un compañero
- Se refugian en un edificio destartalado tras numerosas bajas /Abandonado por su esposa.
- Se acuerda un alto el fuego para recoger a los heridos y atrapan a un chico joven.
- Persecución en las alcantarillas
- Detenidos en el hospital militar por el alto el fuego no permitido.
- Al batallón de castigo buscando minas en la nieve.
- Batalla contra los tanques con minas lapa.
- Les obligan a fusilar a un grupo de rusos entre los que está el niño que conocen.
- Deserción con salvoconductos médicos.
- Intento fallido de fuga en avión.
- Heridos y maltrechos por el frío
- Descubren un refugio de oficiales.
- Intentan el regreso campo a través.
domingo, 11 de abril de 2010
"Ciudad de vida y muerte" (Lu Chuan, 2009)
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****
Título original: Nanjing, Nanjing.
Guión: Lu Chuan. País: China.
Duración: 135 min.
Género: Drama, bélico.
Interpretación: Liu Ye (general Lu), Hideo Nakaizumi (Kadokawa), Fan Wei (Sr. Tang), John Paisley (John Rabe), Gao Yuanyuan (Miss Jiang), Yuko Miyamoto, Yiyan Jiang (Xiao Jiang).
Producción: Han Sanping, Qin Hong, John Chong y Andy Zhang.
Música: Liu Tong.
Fotografía: Cao Yu.
Montaje: Teng Yun.
Diseño de producción: Hao Yi.
Distribuidora: Karma Films.
Estreno en China: 22 Abril 2009.
Estreno en España: 9 Abril 2010.
Ganadora de la Concha de oro en el festival de San Sebastián de 2009 y alabada casi unánimemente por la crítica la película china “Ciudad de vida y muerte” tercera del realizador Lu Chuan se ha convertido en una de esas películas “de culto” que provoca tantas adhesiones incondicionales como deserciones en las salas por su factura y estilo.
Hay que alertar que es una película con un ritmo distinto al habitual y que resulta difícil de asimilar no solo por la dureza de muchas de sus imágenes sino también por su propia concepción.
La película habla de la ocupación de la ciudad china de Nanking por los japoneses allá por 1937, en plena segunda guerra mundial y comienza precisamente con la llegada del ejército nipón que bombardea la muralla de la capital. El espectador ya de inicio queda sobrepasado por unas imágenes de una extraordinaria fuerza a pesar o quizás debido al blanco y negro, los primerísimos planos y la tensión visual que Lu Chan da a sus tomas. Para hacerse una idea el impacto de las imágenes bélicas es similar al de otros títulos como “Salvar al soldado Ryan” o “La lista de Schindler” con las que enseguida se ha querido emparentar, aunque yo no llevaría las comparaciones hasta el último extremo porque tienen poco o nada que ver en lo que a estilo y desarrollo se refiere, sí en espíritu o intención.
El principal problema con el que muchos espectadores van a encontrarse es con el tempo fílmico (moroso en muchas ocasiones a idea, para causar un efecto emotivo) y con la ausencia de un protagonista, de alguien con quien empatizar desde el comienzo. Lu Chuan lo que quiere es meternos directamente en el lugar donde acontecen los hechos y va intercalando escenas de japoneses, de chinos, de unos que van y otros que vienen a los que poco a poco se va identificando (ojo, que cuesta un poco quedarse con las caras y saber quién es quién). Por estas razones no se trata de una película sencilla de ver y muchos abandonarán en el intento, pero recomiendo que se tenga paciencia, primero porque la película lo merece y segundo porque estamos malacostumbrándonos a un tipo de narración y estilo y existen otros con sus aspectos buenos y malos.
He leído que la película ha sido tachada de propagandística, pero me parece que es sacar conclusiones precipitadas y no entenderla. Pienso más bien que lo que retrata es el horror de la guerra (independientemente de que los azotados sean los chinos), que la película sobredimensiona su importancia porque rescata una atrocidad que realmente se produjo, que es real y que siempre conviene recordar para que no se repita. En ese sentido hay escenas absolutamente terribles: varios fusilamientos en masa, violaciones, asesinatos de hombres, mujeres y niños y entre todas ellas hay un momento especialmente terrible y a la vez maravillosamente explicado que es aquel en el que les permiten salvar a un familiar de un camión en el que van un grupo de hombres a ser eliminados.
Como espectadores estamos poco acostumbrados a un tratamiento como el de esta película. Ni el argumento ni los personajes se nos proporcionan mascaditos, en muchas ocasiones no existe la relación causa-efecto que hace que una película tenga una suerte de suspense interno. Lo que hace Lu Chuan es ir con su cámara de un sitio a otro, siguiendo a un individuo u a otro y nosotros vamos montando el puzzle de os acontecimientos. Al final acabamos reconociendo a los personajes a partir de los cuales se forma la columna vertebral argumental de la película, pero exige un proceso paciente que no todo el mundo va a disfrutar igual.
Esta película me parece brillante sobretodo por su extraordinaria fuerza audiovisual, ya que cada toma posee una intensidad extraordinaria, cada escena es bella en sí misma y la puesta en escena es brillante; pero es que además todo lo relativo con el sonido, tanto la banda sonora, el soundtrack, la música, los efectos sonoros hacen que la película resulte épica (véase por ejemplo la celebración de la toma de la ciudad cuando los soldados japoneses bailan al son de los tambores). Hay una curiosa mezcla de lo épico y una cierta lírica que consigue el director con los primeros planos de sus personajes y lo trágico y atroz acompaña todo ello. Habitualmente sin palabras, deteniéndose con la cámara en los rasgos de los personajes se nos ofrece su dolor, su tensión, su angustia y su tragedia.
Otro aviso: la película está estructurada en dos partes y resulta más asequible la segunda. La primera es más bélica y muestra el enfrentamiento entre japoneses y chinos, suele usar la cámara en mano de manera dinámica (a veces hasta marea) y trata de explicar la devastación y la forma en que el bando dominante se apodera del vencido....te hace zozobrar en tu butaca con tomas de acción, pero te sientes más perdido, más desubicado, sin nadie con quien asirte a un drama personal, sin nadie con quien empatizar o con quien sentir interés. En el fondo durante la primera hora estás tan perdido en el fragor de la batalla como unos y otros y a pesar de las atrocidades que ves las sufres con una cierta frialdad que te hace preguntarte si no te estás volviendo insensible a tanto horror. La segunda parte de la película es más humana, los rostros empiezan a ser reconocibles y empieza a surgir interés por el destino de diversos personajes en ambos bandos. Es difícil seguirlos, a menudo el director no construye la narración en función del esquema de causa-efecto o acción-reacción y las imágenes son escenas yuxtapuestas sin más; pero poco a poco un puñado de personajes te van atrapando el interés: John Rabe, el hombre de negocios alemán y sus colaboradores; los médicos europeos; el ayudante chino de Rabe y su familia; el niño chino y su amigo el soldado oculto entre la población civil; el oficial japonés tan decidido como despiadado y sobretodo el soldado japonés Kadokawa, que es realmente con quien creo que el espectador termina aproximándose más (magnífico el actor que lo interpreta, Hideo Nakaizumi).
Muchos recordarán con esta película otro drama de una cierta proximidad argumental: “El imperio del sol” (1987), de Spielberg también como las dos películas mencionadas antes. En aquella película, interpretada por un jovencísimo Christian Bale, seguíamos el drama de un chaval atrapado en un campo de concentración japonés, existía un protagonista con quien empatizar, con quien sufrir, a quien seguir aquí y allá. Particularmente es una de las películas que más me gustan de Spielberg y siempre he pensado que estaba minusvalorada (a mí me gustó tanto cuando la vi que la vi dos veces en pocos días) porque tiene una extraordinaria carga emotiva. En este caso “Ciudad de vida y muerte” representa un cine distinto, una concepción distinta, te mete en una situación y no te lleva de la mano de ningún personaje en concreto sino de muchos y tiene una estética y planteamiento distintos, pero a la postre consigue lo mismo, encogerte el ánimo y hacerte reflexionar sobre el horror de la guerra.
Evidentemente y aunque Lu Chuan sea chino y su película este hecha desde el dolor de su país, me parece poco relevante que los “malos” sean los japoneses. En esta película se retrata el horror bélico y con eso hay que quedarse, con eso y con esa reflexión final de Kadokawa: “A veces es peor vivir”. Lo importante sería no llegar nunca a ello.
En definitiva, una película que se “ingiere” con dificultad, que se “atraganta” y resulta complicada de “digerir”, pero que resulta de “digestión” plácida y deja un “regusto” agridulce y un poso inmejorable.
Título original: Nanjing, Nanjing.
Guión: Lu Chuan. País: China.
Duración: 135 min.
Género: Drama, bélico.
Interpretación: Liu Ye (general Lu), Hideo Nakaizumi (Kadokawa), Fan Wei (Sr. Tang), John Paisley (John Rabe), Gao Yuanyuan (Miss Jiang), Yuko Miyamoto, Yiyan Jiang (Xiao Jiang).
Producción: Han Sanping, Qin Hong, John Chong y Andy Zhang.
Música: Liu Tong.
Fotografía: Cao Yu.
Montaje: Teng Yun.
Diseño de producción: Hao Yi.
Distribuidora: Karma Films.
Estreno en China: 22 Abril 2009.
Estreno en España: 9 Abril 2010.
Ganadora de la Concha de oro en el festival de San Sebastián de 2009 y alabada casi unánimemente por la crítica la película china “Ciudad de vida y muerte” tercera del realizador Lu Chuan se ha convertido en una de esas películas “de culto” que provoca tantas adhesiones incondicionales como deserciones en las salas por su factura y estilo.
Hay que alertar que es una película con un ritmo distinto al habitual y que resulta difícil de asimilar no solo por la dureza de muchas de sus imágenes sino también por su propia concepción.
La película habla de la ocupación de la ciudad china de Nanking por los japoneses allá por 1937, en plena segunda guerra mundial y comienza precisamente con la llegada del ejército nipón que bombardea la muralla de la capital. El espectador ya de inicio queda sobrepasado por unas imágenes de una extraordinaria fuerza a pesar o quizás debido al blanco y negro, los primerísimos planos y la tensión visual que Lu Chan da a sus tomas. Para hacerse una idea el impacto de las imágenes bélicas es similar al de otros títulos como “Salvar al soldado Ryan” o “La lista de Schindler” con las que enseguida se ha querido emparentar, aunque yo no llevaría las comparaciones hasta el último extremo porque tienen poco o nada que ver en lo que a estilo y desarrollo se refiere, sí en espíritu o intención.
El principal problema con el que muchos espectadores van a encontrarse es con el tempo fílmico (moroso en muchas ocasiones a idea, para causar un efecto emotivo) y con la ausencia de un protagonista, de alguien con quien empatizar desde el comienzo. Lu Chuan lo que quiere es meternos directamente en el lugar donde acontecen los hechos y va intercalando escenas de japoneses, de chinos, de unos que van y otros que vienen a los que poco a poco se va identificando (ojo, que cuesta un poco quedarse con las caras y saber quién es quién). Por estas razones no se trata de una película sencilla de ver y muchos abandonarán en el intento, pero recomiendo que se tenga paciencia, primero porque la película lo merece y segundo porque estamos malacostumbrándonos a un tipo de narración y estilo y existen otros con sus aspectos buenos y malos.
He leído que la película ha sido tachada de propagandística, pero me parece que es sacar conclusiones precipitadas y no entenderla. Pienso más bien que lo que retrata es el horror de la guerra (independientemente de que los azotados sean los chinos), que la película sobredimensiona su importancia porque rescata una atrocidad que realmente se produjo, que es real y que siempre conviene recordar para que no se repita. En ese sentido hay escenas absolutamente terribles: varios fusilamientos en masa, violaciones, asesinatos de hombres, mujeres y niños y entre todas ellas hay un momento especialmente terrible y a la vez maravillosamente explicado que es aquel en el que les permiten salvar a un familiar de un camión en el que van un grupo de hombres a ser eliminados.
Como espectadores estamos poco acostumbrados a un tratamiento como el de esta película. Ni el argumento ni los personajes se nos proporcionan mascaditos, en muchas ocasiones no existe la relación causa-efecto que hace que una película tenga una suerte de suspense interno. Lo que hace Lu Chuan es ir con su cámara de un sitio a otro, siguiendo a un individuo u a otro y nosotros vamos montando el puzzle de os acontecimientos. Al final acabamos reconociendo a los personajes a partir de los cuales se forma la columna vertebral argumental de la película, pero exige un proceso paciente que no todo el mundo va a disfrutar igual.
Esta película me parece brillante sobretodo por su extraordinaria fuerza audiovisual, ya que cada toma posee una intensidad extraordinaria, cada escena es bella en sí misma y la puesta en escena es brillante; pero es que además todo lo relativo con el sonido, tanto la banda sonora, el soundtrack, la música, los efectos sonoros hacen que la película resulte épica (véase por ejemplo la celebración de la toma de la ciudad cuando los soldados japoneses bailan al son de los tambores). Hay una curiosa mezcla de lo épico y una cierta lírica que consigue el director con los primeros planos de sus personajes y lo trágico y atroz acompaña todo ello. Habitualmente sin palabras, deteniéndose con la cámara en los rasgos de los personajes se nos ofrece su dolor, su tensión, su angustia y su tragedia.
Otro aviso: la película está estructurada en dos partes y resulta más asequible la segunda. La primera es más bélica y muestra el enfrentamiento entre japoneses y chinos, suele usar la cámara en mano de manera dinámica (a veces hasta marea) y trata de explicar la devastación y la forma en que el bando dominante se apodera del vencido....te hace zozobrar en tu butaca con tomas de acción, pero te sientes más perdido, más desubicado, sin nadie con quien asirte a un drama personal, sin nadie con quien empatizar o con quien sentir interés. En el fondo durante la primera hora estás tan perdido en el fragor de la batalla como unos y otros y a pesar de las atrocidades que ves las sufres con una cierta frialdad que te hace preguntarte si no te estás volviendo insensible a tanto horror. La segunda parte de la película es más humana, los rostros empiezan a ser reconocibles y empieza a surgir interés por el destino de diversos personajes en ambos bandos. Es difícil seguirlos, a menudo el director no construye la narración en función del esquema de causa-efecto o acción-reacción y las imágenes son escenas yuxtapuestas sin más; pero poco a poco un puñado de personajes te van atrapando el interés: John Rabe, el hombre de negocios alemán y sus colaboradores; los médicos europeos; el ayudante chino de Rabe y su familia; el niño chino y su amigo el soldado oculto entre la población civil; el oficial japonés tan decidido como despiadado y sobretodo el soldado japonés Kadokawa, que es realmente con quien creo que el espectador termina aproximándose más (magnífico el actor que lo interpreta, Hideo Nakaizumi).
Muchos recordarán con esta película otro drama de una cierta proximidad argumental: “El imperio del sol” (1987), de Spielberg también como las dos películas mencionadas antes. En aquella película, interpretada por un jovencísimo Christian Bale, seguíamos el drama de un chaval atrapado en un campo de concentración japonés, existía un protagonista con quien empatizar, con quien sufrir, a quien seguir aquí y allá. Particularmente es una de las películas que más me gustan de Spielberg y siempre he pensado que estaba minusvalorada (a mí me gustó tanto cuando la vi que la vi dos veces en pocos días) porque tiene una extraordinaria carga emotiva. En este caso “Ciudad de vida y muerte” representa un cine distinto, una concepción distinta, te mete en una situación y no te lleva de la mano de ningún personaje en concreto sino de muchos y tiene una estética y planteamiento distintos, pero a la postre consigue lo mismo, encogerte el ánimo y hacerte reflexionar sobre el horror de la guerra.
Evidentemente y aunque Lu Chuan sea chino y su película este hecha desde el dolor de su país, me parece poco relevante que los “malos” sean los japoneses. En esta película se retrata el horror bélico y con eso hay que quedarse, con eso y con esa reflexión final de Kadokawa: “A veces es peor vivir”. Lo importante sería no llegar nunca a ello.
En definitiva, una película que se “ingiere” con dificultad, que se “atraganta” y resulta complicada de “digerir”, pero que resulta de “digestión” plácida y deja un “regusto” agridulce y un poso inmejorable.
martes, 23 de febrero de 2010
“En tierra hostil” (Kathryn Bigelow, 2009)
*****Título original: The hurt locker.
País: USA
Duración: 131 min.
Género: Acción, bélico, drama.
Interpretación: Jeremy Renner (sargento William James), Anthony Mackie (sargento J.T. Sanborn), Brian Geraghty (Owen Eldridge), Ralph Fiennes (Jefe de equipo), Guy Pearce (sargento Matt Thompson), David Morse (coronel Reed), Evangeline Lilly (Connie James), Christian Camargo (coronel John Cambridge).
Guión: Mark Boal.
Producción: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier y Greg Shapiro.
Música: Marco Beltrami y Buck Sanders.
Fotografía: Barry Ackroyd.
Montaje: Bob Murawski y Chris Innis.
Diseño de producción: Karl Júlíusson.
Vestuario: George Little.
Distribuidora: DeAPlaneta.
Estreno en USA: 26 Junio 2009.
Estreno en España: 29 Enero 2010.
Como mínimo sorprendente está siendo la distribución de esta película hasta la fecha tanto en España como en Estados Unidos a tenor del reducido número de cines en los que se ha estrenado y se mantiene o ¿quizás sea una estrategia comercial para comenzar el verdadero despliegue después de los óscars? Desde luego no creo que el reducidísimo número de salas y horarios en los que se exhibe responda a que el público le haya dado la espalda porque si la ves te impacta y acabas hablando bien de ella.
Estoy hablando a dos semanas de los óscars para los que es la favorita junto a “Avatar” y para los que ha cosechado 9 nominaciones que incluye mejor película, mejor director (Kathryn Bigelow), mejor actor principal (Jeremy Renner), mejor guión original, mejor fotografía, mejor banda sonora, mejor montaje, mejor sonido y mejores efectos sonidos, casi nada al aparato.
No sólo eso, la crítica ha opinado sobre la película de manera prácticamente unánime y la considera uno de los mejores títulos de los últimos meses, si no el mejor; premios está recibiendo por doquier y recientemente ha conseguido el BAFTA de la Academia británica y además, cuando la ves te deja noqueado, o al menos eso es lo que me pasó a mí.
La película, para quien no lo sepa y sin destripar nada, trata sobre un comando de artificieros estadounidenses que operan en la devastada Irak. Argumentalmente no hay mucho más que contar, pero aseguro que la película da para mucho de inicio a fin porque no sólo cuenta el quehacer diario de los soldados, hay mucho más de fondo sobre lo que el espectador puede dar vueltas: el sinsentido de la guerra, la dureza del mundo militar, las desigualdades sociales y culturales....y sobretodo algo que Bigelow propone como terrible realidad para la reflexión: la adrenalina que produce la guerra, que aquí es entendida algo así como una droga y un sentido para vivir (al menos así lo es para el sargento William James, para quien resulta un mayor impulso vital que tener su propia familia). En concreto la película se inicia con la cita del libro que escribió el periodista Chris Hedges: “La anticipación por la batalla es una adicción potente y a menudo letal, porque la guerra es una droga”. Hay algo terrible en todo ello, pero lo más terrible es que esto va unido a la condición humana. Aunque no compartamos el sentir de James, todos entendemos viendo la película qué es lo que le pasa y por qué para él desactivar bombas es un subidón (puntazo a favor de Bigelow).
Lo que más me ha gustado de la película (y digo desde ya que me ha gustado muchísimo) es el extraordinario clima de tensión que consigue Bigelow desde el minuto uno. Las primeras escenas son de hecho hipnóticas (sensacional la minuciosidad con la que se cuenta la desactivación de la bomba, las escenas del robot y la presencia de Guy Pearce en unos minutos sencillamente geniales) y uno no se relaja ya hasta que no sale por la puerta del cine, lo cual, es de un mérito extraordinario porque significa que todo, argumento, montaje, ritmo fílmico, desarrollo han cuadrado de manera perfecta como un auténtico mecanismo de relojería. Sólo hay un momento en que la película parece “detenerse” hacia la segunda mitad, quizás porque Bigelow quiere que haya un “parón” antes del desenlace, pero a mí particularmente no me molesta y tampoco me parece que las imágenes del protagonista en Estados Unidos sobren o se alarguen en exceso, como he leído en alguna crítica, son necesarias para entender el desenlace y el tema central de la película.
Bigelow apuesta por una filmación “realista”, muy del gusto del cine actual que pretende contar historias que sean creíbles y próximas. Aunque la película se filmó en lugares como Jordania o Kuwait uno siente estar en Irak realmente porque aunque uno nunca haya estado allí se comprende, se intuye, que así debe ser. En ese sentido la película logra un extraordinario clima de tensión que se “respira” en todas y cada una de las escenas y que, por así decirlo, “estalla” en más de un momento a causa de la temeridad o valentía del sargento James, que se adentra en el peligro como pez en el agua. Hay en ello también una cierta dosis de ironía porque en este caso el héroe es un tipo al que realmente parece no importarle nada que le incumba personalmente a cambio de recibir su dosis de adrenalina diaria, a pesar de que tiene una familia, ya sea poder explotar en su trabajo siguiente o recibir una paliza de un compañero...su única ansia es vivir al límite...lo cual es lo que hacen los artificieros de esta película, pero también mucha otra gente que sólo encuentra en el riesgo y en la aventura una motivación para seguir adelante. En ese sentido la película plantea de manera inteligente lo que probablemente sea un problema o una característica de los tiempos actuales, una cierta deshumanización de la sociedad occidental.....En fin, se me ha ido la bola, pero me parece interesante que una película genere este tipo de ideas o pensamientos.
Otro aspecto a destacar de “En tierra hostil” es que presenta “recovecos” que exigen al espectador “atar” cabos: ¿por qué James se comporta como lo hace? ¿por qué se enfrenta al peligro por sí mismo sin usar el robot? ¿por qué utiliza en su primera misión la bomba de humo? ¿por qué se preocupa por Beckham? (apasionante episodio aquel en el que busca la casa de sus padres) ¿por qué en la casa de Beckham le dicen lo que le dicen? ¿qué hay detrás del almacén de explosivos que encuentran los artificieros?... Bigelow consigue una suerte de suspense interno en la película al mostrarnos los hechos tal cual, pero no explicar nada que nos obliga a interpretar lo que vemos. Las imágenes hablan por sí solas y explican todo lo que necesitamos saber, nos convierten en espectadores activos y nos hacen tomar una posición en la que podemos comprender mejor motivaciones y conductas, en la que somos testigos de un pueblo destrozado con dos facciones contrapuestas, un ejército que pretende establecer el orden según el criterio occidental y un escenario de pesadilla que permite desarrollar una de las películas más tensas, emocionantes e intensas que recuerdo. En muchos momentos de esta película entendemos que sí, hay gente con más o menos escrúpulos, pero eso ocurre en los dos bandos, queda claro que el verdadero enemigo, incluso en Irak, es la propia guerra.
A nivel técnico la película es espectacular porque aunque la filmación da la impresión de haberse realizado con una mera cámara al hombro hay un sinfín de escenas de una grandísima complejidad. Hay que tener en cuenta que la alternancia de primerísimos planos con otros más generales obliga en cine a complejos procesos y juegos con las lentes, la fotografía, el encuadre y el montaje y en ese sentido esta película es impresionante y hay detrás de ella un trabajo descomunal. Como ejemplos me gustaría citar la ya mencionada primera escena con el robot y Guy Pearce en la desactivación de la bomba, la escena en la que son emboscados en el desierto y se unen a una compañía británica inglesa (en la que aparece por sorpresa Ralph Fiennes) y la escena nocturna en la que penetran por las calles de la ciudad para perseguir a un grupo de insurgentes. En todas ellas y en algunas más la puesta en escena es brillante, pero más lo es cómo se ha jugado con todos los aspectos fílmicos para conseguir la máxima tensión y el máximo impacto, cosa que además tampoco sería posible sin un sonido espectacular.
Ignoro que ocurrirá en la próxima edición de los óscars y si finalmente Kathryn Bigelow le quitará el premio a mejor director a su exmarido, James Cameron, pero lo que sí ha dejado claro con ésta película es que su capacidad tras la cámara no sólo está fuera de toda duda, sino que probablemente se ha minusvalorado su talento, que ya demostró en películas tan infravaloradas como “Días extraños” o “K-19, the widowmaker”. Pocas películas se han visto en los últimos tiempos con la capacidad de ésta para encogerte el ánimo y mantenerte en tensión durante dos horas. Vaya subidón!!!
Estoy hablando a dos semanas de los óscars para los que es la favorita junto a “Avatar” y para los que ha cosechado 9 nominaciones que incluye mejor película, mejor director (Kathryn Bigelow), mejor actor principal (Jeremy Renner), mejor guión original, mejor fotografía, mejor banda sonora, mejor montaje, mejor sonido y mejores efectos sonidos, casi nada al aparato.
No sólo eso, la crítica ha opinado sobre la película de manera prácticamente unánime y la considera uno de los mejores títulos de los últimos meses, si no el mejor; premios está recibiendo por doquier y recientemente ha conseguido el BAFTA de la Academia británica y además, cuando la ves te deja noqueado, o al menos eso es lo que me pasó a mí.
La película, para quien no lo sepa y sin destripar nada, trata sobre un comando de artificieros estadounidenses que operan en la devastada Irak. Argumentalmente no hay mucho más que contar, pero aseguro que la película da para mucho de inicio a fin porque no sólo cuenta el quehacer diario de los soldados, hay mucho más de fondo sobre lo que el espectador puede dar vueltas: el sinsentido de la guerra, la dureza del mundo militar, las desigualdades sociales y culturales....y sobretodo algo que Bigelow propone como terrible realidad para la reflexión: la adrenalina que produce la guerra, que aquí es entendida algo así como una droga y un sentido para vivir (al menos así lo es para el sargento William James, para quien resulta un mayor impulso vital que tener su propia familia). En concreto la película se inicia con la cita del libro que escribió el periodista Chris Hedges: “La anticipación por la batalla es una adicción potente y a menudo letal, porque la guerra es una droga”. Hay algo terrible en todo ello, pero lo más terrible es que esto va unido a la condición humana. Aunque no compartamos el sentir de James, todos entendemos viendo la película qué es lo que le pasa y por qué para él desactivar bombas es un subidón (puntazo a favor de Bigelow).
Lo que más me ha gustado de la película (y digo desde ya que me ha gustado muchísimo) es el extraordinario clima de tensión que consigue Bigelow desde el minuto uno. Las primeras escenas son de hecho hipnóticas (sensacional la minuciosidad con la que se cuenta la desactivación de la bomba, las escenas del robot y la presencia de Guy Pearce en unos minutos sencillamente geniales) y uno no se relaja ya hasta que no sale por la puerta del cine, lo cual, es de un mérito extraordinario porque significa que todo, argumento, montaje, ritmo fílmico, desarrollo han cuadrado de manera perfecta como un auténtico mecanismo de relojería. Sólo hay un momento en que la película parece “detenerse” hacia la segunda mitad, quizás porque Bigelow quiere que haya un “parón” antes del desenlace, pero a mí particularmente no me molesta y tampoco me parece que las imágenes del protagonista en Estados Unidos sobren o se alarguen en exceso, como he leído en alguna crítica, son necesarias para entender el desenlace y el tema central de la película.
Bigelow apuesta por una filmación “realista”, muy del gusto del cine actual que pretende contar historias que sean creíbles y próximas. Aunque la película se filmó en lugares como Jordania o Kuwait uno siente estar en Irak realmente porque aunque uno nunca haya estado allí se comprende, se intuye, que así debe ser. En ese sentido la película logra un extraordinario clima de tensión que se “respira” en todas y cada una de las escenas y que, por así decirlo, “estalla” en más de un momento a causa de la temeridad o valentía del sargento James, que se adentra en el peligro como pez en el agua. Hay en ello también una cierta dosis de ironía porque en este caso el héroe es un tipo al que realmente parece no importarle nada que le incumba personalmente a cambio de recibir su dosis de adrenalina diaria, a pesar de que tiene una familia, ya sea poder explotar en su trabajo siguiente o recibir una paliza de un compañero...su única ansia es vivir al límite...lo cual es lo que hacen los artificieros de esta película, pero también mucha otra gente que sólo encuentra en el riesgo y en la aventura una motivación para seguir adelante. En ese sentido la película plantea de manera inteligente lo que probablemente sea un problema o una característica de los tiempos actuales, una cierta deshumanización de la sociedad occidental.....En fin, se me ha ido la bola, pero me parece interesante que una película genere este tipo de ideas o pensamientos.
Otro aspecto a destacar de “En tierra hostil” es que presenta “recovecos” que exigen al espectador “atar” cabos: ¿por qué James se comporta como lo hace? ¿por qué se enfrenta al peligro por sí mismo sin usar el robot? ¿por qué utiliza en su primera misión la bomba de humo? ¿por qué se preocupa por Beckham? (apasionante episodio aquel en el que busca la casa de sus padres) ¿por qué en la casa de Beckham le dicen lo que le dicen? ¿qué hay detrás del almacén de explosivos que encuentran los artificieros?... Bigelow consigue una suerte de suspense interno en la película al mostrarnos los hechos tal cual, pero no explicar nada que nos obliga a interpretar lo que vemos. Las imágenes hablan por sí solas y explican todo lo que necesitamos saber, nos convierten en espectadores activos y nos hacen tomar una posición en la que podemos comprender mejor motivaciones y conductas, en la que somos testigos de un pueblo destrozado con dos facciones contrapuestas, un ejército que pretende establecer el orden según el criterio occidental y un escenario de pesadilla que permite desarrollar una de las películas más tensas, emocionantes e intensas que recuerdo. En muchos momentos de esta película entendemos que sí, hay gente con más o menos escrúpulos, pero eso ocurre en los dos bandos, queda claro que el verdadero enemigo, incluso en Irak, es la propia guerra.
A nivel técnico la película es espectacular porque aunque la filmación da la impresión de haberse realizado con una mera cámara al hombro hay un sinfín de escenas de una grandísima complejidad. Hay que tener en cuenta que la alternancia de primerísimos planos con otros más generales obliga en cine a complejos procesos y juegos con las lentes, la fotografía, el encuadre y el montaje y en ese sentido esta película es impresionante y hay detrás de ella un trabajo descomunal. Como ejemplos me gustaría citar la ya mencionada primera escena con el robot y Guy Pearce en la desactivación de la bomba, la escena en la que son emboscados en el desierto y se unen a una compañía británica inglesa (en la que aparece por sorpresa Ralph Fiennes) y la escena nocturna en la que penetran por las calles de la ciudad para perseguir a un grupo de insurgentes. En todas ellas y en algunas más la puesta en escena es brillante, pero más lo es cómo se ha jugado con todos los aspectos fílmicos para conseguir la máxima tensión y el máximo impacto, cosa que además tampoco sería posible sin un sonido espectacular.
Ignoro que ocurrirá en la próxima edición de los óscars y si finalmente Kathryn Bigelow le quitará el premio a mejor director a su exmarido, James Cameron, pero lo que sí ha dejado claro con ésta película es que su capacidad tras la cámara no sólo está fuera de toda duda, sino que probablemente se ha minusvalorado su talento, que ya demostró en películas tan infravaloradas como “Días extraños” o “K-19, the widowmaker”. Pocas películas se han visto en los últimos tiempos con la capacidad de ésta para encogerte el ánimo y mantenerte en tensión durante dos horas. Vaya subidón!!!
jueves, 6 de agosto de 2009
"El pianista" (Roman Polanski, 2002)

*****
Países: Francia, Alemania, Reino Unido, Polonia, Holanda.
Duración: 148 min.
Interpretación: Adrien Brody (Wladyslaw Szpilman), Thomas Kretschmann (Capitán Wilm Hosenfeld), Daniel Caltagirone (Majorek), Frank Finlay (El Padre), Maureen Lipman (La Madre), Emilia Fox (Dorota), Ed Stoppard (Henryk), Julia Rayner (Regina), Jessica Kate Meyer (Halina), Ruth Platt (Janina).
Guión: Ronald Harwood; basado en la novela "El pianista del gueto de Varsovia" de Wladyslaw Szpilman.
Producción: Roman Polanski, Robert Benmussa y Alain Sarde.
Música: Wojciech Kilar.
Fotografía: Pawel Edelman.
Montaje: Hervé de Luze.
Recuperamos del baúl de los recuerdos la reseña de "El pianista" tal y como la escribimos al verla en el estreno allá por 2002. Obtendría numerosos premios como la Palma de Oro en Cannes y 3 óscars (director, actor principal y guión adaptado) y otras cuatro nominaciones (mejor película, fotografía, diseño de vestuario y montaje). Una grandiosa película sin duda.
¿Os habeis planteado que si no existiera "La lista de Schindler" y si Roman Polanski no fuera un apestado en EEUU (está acusado de violación y si pisara suelo estadounidense sería detenido inmediatamente) estaríamos hablando de la película favorita para los óscars de este año? "El pianista" es una gran película y creo que eso no se le escapa a nadie (De hecho aún no conozco a nadie al que no le haya gustado). Si las circunstancias fueran otras su resonancia pública sería muy distinta, mucho mayor (Hasta ahí llegan los resortes de la publicidad y la distribución en esta industria que es el cine). Me parece injusto.
No perdamos, no obstante, la perspectiva y centrémonos en sus valores cinematográficos. Sí, claro "La lista de Schindler" ya trataba el tema del holocausto y parecía la película definitiva sobre el tema, pero es que estamos hablando de la obra maestra del mismísimo Steven Spielberg. Sí, por su puesto, lo que vamos a ver nos lo sabemos ya porque la historia, ese trágico episodio de la historia, nos lo conocemos todos muy bien ¡¡¡¡Y que nadie lo olvide!!!! (Lástima que lo hagan precisamente los que no deberían hacerlo). ¿Pero son estas pegas suficientes para rebajar el mérito de esta película? Creo que no, porque "El pianista" está por encima del bien y del mal y aunque sea "previsible" eso no es un defecto (Todas las películas históricas son previsibles en más o menos medida).
Quitando lo dicho ¿Qué más defectos se pueden sacar a "El pianista"? Francamente, lo ignoro. Me parece una obra redonda y puede que también tengamos que hablar de la obra maestra en la filmografía de Roman Polanski, lo cual es mucho decir teniendo en cuenta que ha dirigido magníficas películas como "La semilla del diablo", "Chinatown", "Tess" o "La muerte y la doncella" entre otras (He de reconocer que a mí Polanski me gusta siempre, también me gustaron "El balie de los vampiros", "Lunas de hiel", "Frenético" y "La novena puerta")
Probablemente lo más interesante de la película es que Polanski no trata de ser un narrador omnisciente, es decir, no trata de explicarnos la ocupación nazi de Varsovia y el holocausto judío contando con todos los datos y dando una visión de conjunto del hecho (eso ya lo hizo de maravilla Spielberg). Lo que hace es presentar a un personaje, el pianista Wladyslaw Szpilman (No lo olvidemos, un personaje real) y contarnos, desde su perspectiva (que es la misma que adopta la cámara y la misma que adoptamos como espectadores) cómo los acontecimientos se le echaron al pueblo judío de Varsovia literalmente encima. Polanski y su cámara son simplemente testigos de ello. Gracias a ello llegamos a entender mucho mejor como la situación se fue degradando progresivamente sin que tuvieran capacidad para reaccionar, como los hechos les sobrepasaron, cómo se vieron de pronto recluidos en ghettos, cómo fueron separados los unos de los otros, cómo tuvieron que sobrevivir en ínfimas condiciones y cómo vivieron el terror del genocidio. Un ejemplo: como sólo cuenta lo que le pasa a Wladyslaw nosotros no llegamos a saber lo que les ocurre al resto de personajes, sólo lo intuímos como lo hubiera hecho cualquiera en esas circunstancias y esa incertidumbre, el desamparo, la impotencia se sufre con mucha mayor intensidad. El drama es profundamente más intenso porque es como si nosotros lo viviéramos también y además porque no hay concesiones a la lágrima fácil: al estar rodada con un tono casi documental la cámara no se recrea en los momentos más duros, todo es inmediato, instantáneo y también irremediable, descorazonador, frío y cortante..... verosímil.
La puesta en escena es fantástica porque al usar planos secuencias (es decir, escenas filmadas sin cortes ni montaje) y usa bastantes, todo tiene que estar milimétricamente organizado para que funcione y no estamos hablando de escenas intimistas (aunque también las hay), sino de grandes grupos de extras, de calles completas, de la ciudad de Varsovia (magníficamente recreada, por cierto) sufriendo el terror. A parte Polanski logra que sus actores estén fantásticos (Adrien Brody, si hubiera justicia ganaría el óscar; pero es muy poco popular como para eso) y cada plano cuenta muchas más cosas de las que parecen a simple vista en un fantástico trabajo de síntesis. Es fascinante comprobar todo lo que se puede decir con unas imágenes, unos rostros, unas miradas y, en muchos momentos, sin música de fondo que remarque el estado anímico ni diálogos ni narración en off. Pocas veces la desolación y la soledad, la desesperación y el miedo, la angustia y el dolor se han retratado tan bien como en esta película.
Por último y, como siempre lo he defendido y he apostado por él, querría romper una lanza por Adrien Brody. En su momento encadené casi seguidas "Summer of Sam", "Pan y rosas" y "Las flores de Harrison" y me pareció muy bueno, pero es que en "El pianista" está magnífico. No dudo que el resto de interpretaciones de los nominados para estos óscars son francamente buenas (me gusta especialmente la de Daniel Day-Lewis en su papel de Bill "El carnicero"), pero teniendo en cuenta que el resto de candidatos ya tiene un óscar creo que es Adrien Brody quien debería ganar. He dicho bien, "debería" porque no creo que lo haga, y por si tengo razón comentar desde aquí que su trabajo me parece apabullante. Cuando lo vemos sólo, recluido, escondido o paseando desesperado únicamente verle produje una congoja indescriptible (Al menos a mí me ocurrió).
Hay mucho más que hablar sobre "El pianista", pero más que hablar hay que verla. No os la perdais.
Países: Francia, Alemania, Reino Unido, Polonia, Holanda.
Duración: 148 min.
Interpretación: Adrien Brody (Wladyslaw Szpilman), Thomas Kretschmann (Capitán Wilm Hosenfeld), Daniel Caltagirone (Majorek), Frank Finlay (El Padre), Maureen Lipman (La Madre), Emilia Fox (Dorota), Ed Stoppard (Henryk), Julia Rayner (Regina), Jessica Kate Meyer (Halina), Ruth Platt (Janina).
Guión: Ronald Harwood; basado en la novela "El pianista del gueto de Varsovia" de Wladyslaw Szpilman.
Producción: Roman Polanski, Robert Benmussa y Alain Sarde.
Música: Wojciech Kilar.
Fotografía: Pawel Edelman.
Montaje: Hervé de Luze.
Recuperamos del baúl de los recuerdos la reseña de "El pianista" tal y como la escribimos al verla en el estreno allá por 2002. Obtendría numerosos premios como la Palma de Oro en Cannes y 3 óscars (director, actor principal y guión adaptado) y otras cuatro nominaciones (mejor película, fotografía, diseño de vestuario y montaje). Una grandiosa película sin duda.
¿Os habeis planteado que si no existiera "La lista de Schindler" y si Roman Polanski no fuera un apestado en EEUU (está acusado de violación y si pisara suelo estadounidense sería detenido inmediatamente) estaríamos hablando de la película favorita para los óscars de este año? "El pianista" es una gran película y creo que eso no se le escapa a nadie (De hecho aún no conozco a nadie al que no le haya gustado). Si las circunstancias fueran otras su resonancia pública sería muy distinta, mucho mayor (Hasta ahí llegan los resortes de la publicidad y la distribución en esta industria que es el cine). Me parece injusto.
No perdamos, no obstante, la perspectiva y centrémonos en sus valores cinematográficos. Sí, claro "La lista de Schindler" ya trataba el tema del holocausto y parecía la película definitiva sobre el tema, pero es que estamos hablando de la obra maestra del mismísimo Steven Spielberg. Sí, por su puesto, lo que vamos a ver nos lo sabemos ya porque la historia, ese trágico episodio de la historia, nos lo conocemos todos muy bien ¡¡¡¡Y que nadie lo olvide!!!! (Lástima que lo hagan precisamente los que no deberían hacerlo). ¿Pero son estas pegas suficientes para rebajar el mérito de esta película? Creo que no, porque "El pianista" está por encima del bien y del mal y aunque sea "previsible" eso no es un defecto (Todas las películas históricas son previsibles en más o menos medida).
Quitando lo dicho ¿Qué más defectos se pueden sacar a "El pianista"? Francamente, lo ignoro. Me parece una obra redonda y puede que también tengamos que hablar de la obra maestra en la filmografía de Roman Polanski, lo cual es mucho decir teniendo en cuenta que ha dirigido magníficas películas como "La semilla del diablo", "Chinatown", "Tess" o "La muerte y la doncella" entre otras (He de reconocer que a mí Polanski me gusta siempre, también me gustaron "El balie de los vampiros", "Lunas de hiel", "Frenético" y "La novena puerta")
Probablemente lo más interesante de la película es que Polanski no trata de ser un narrador omnisciente, es decir, no trata de explicarnos la ocupación nazi de Varsovia y el holocausto judío contando con todos los datos y dando una visión de conjunto del hecho (eso ya lo hizo de maravilla Spielberg). Lo que hace es presentar a un personaje, el pianista Wladyslaw Szpilman (No lo olvidemos, un personaje real) y contarnos, desde su perspectiva (que es la misma que adopta la cámara y la misma que adoptamos como espectadores) cómo los acontecimientos se le echaron al pueblo judío de Varsovia literalmente encima. Polanski y su cámara son simplemente testigos de ello. Gracias a ello llegamos a entender mucho mejor como la situación se fue degradando progresivamente sin que tuvieran capacidad para reaccionar, como los hechos les sobrepasaron, cómo se vieron de pronto recluidos en ghettos, cómo fueron separados los unos de los otros, cómo tuvieron que sobrevivir en ínfimas condiciones y cómo vivieron el terror del genocidio. Un ejemplo: como sólo cuenta lo que le pasa a Wladyslaw nosotros no llegamos a saber lo que les ocurre al resto de personajes, sólo lo intuímos como lo hubiera hecho cualquiera en esas circunstancias y esa incertidumbre, el desamparo, la impotencia se sufre con mucha mayor intensidad. El drama es profundamente más intenso porque es como si nosotros lo viviéramos también y además porque no hay concesiones a la lágrima fácil: al estar rodada con un tono casi documental la cámara no se recrea en los momentos más duros, todo es inmediato, instantáneo y también irremediable, descorazonador, frío y cortante..... verosímil.
La puesta en escena es fantástica porque al usar planos secuencias (es decir, escenas filmadas sin cortes ni montaje) y usa bastantes, todo tiene que estar milimétricamente organizado para que funcione y no estamos hablando de escenas intimistas (aunque también las hay), sino de grandes grupos de extras, de calles completas, de la ciudad de Varsovia (magníficamente recreada, por cierto) sufriendo el terror. A parte Polanski logra que sus actores estén fantásticos (Adrien Brody, si hubiera justicia ganaría el óscar; pero es muy poco popular como para eso) y cada plano cuenta muchas más cosas de las que parecen a simple vista en un fantástico trabajo de síntesis. Es fascinante comprobar todo lo que se puede decir con unas imágenes, unos rostros, unas miradas y, en muchos momentos, sin música de fondo que remarque el estado anímico ni diálogos ni narración en off. Pocas veces la desolación y la soledad, la desesperación y el miedo, la angustia y el dolor se han retratado tan bien como en esta película.
Por último y, como siempre lo he defendido y he apostado por él, querría romper una lanza por Adrien Brody. En su momento encadené casi seguidas "Summer of Sam", "Pan y rosas" y "Las flores de Harrison" y me pareció muy bueno, pero es que en "El pianista" está magnífico. No dudo que el resto de interpretaciones de los nominados para estos óscars son francamente buenas (me gusta especialmente la de Daniel Day-Lewis en su papel de Bill "El carnicero"), pero teniendo en cuenta que el resto de candidatos ya tiene un óscar creo que es Adrien Brody quien debería ganar. He dicho bien, "debería" porque no creo que lo haga, y por si tengo razón comentar desde aquí que su trabajo me parece apabullante. Cuando lo vemos sólo, recluido, escondido o paseando desesperado únicamente verle produje una congoja indescriptible (Al menos a mí me ocurrió).
Hay mucho más que hablar sobre "El pianista", pero más que hablar hay que verla. No os la perdais.
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