domingo, 7 de junio de 2009

“Nacida libre” (James Hill, 1966)

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Título original: Born free
Productores: Sam Jaffe, Paul B. Radin
Fotografía: Kenneth Talbot
Guión: Lester Cole basado en el libro de Joy Adamson
Banda sonora: John Barry
Interpretes: Virginia McKenna, Bill Travers, Geoffrey Keen, Peter Lukoye, Omar Chambati




Película imprescindible para los amantes de la naturaleza y los documentales basada en la historia real de la naturalista austriaca Joy Adamson (1910-1980) que crió a la leona Elsa primero en un parque de Nairobi (Kenia) y después devolvió a la selva.

La película gozó de una notable popularidad en 1966, cuando ganó los óscars correspondientes a mejor banda sonora (John Barry) y canción (John Barry, interpretada por Matt Monro). Aquel fue el año de “Un hombre para la eternidad”, ¿Quién teme a Virginia Wolf?”, “Grand Prix”, “El Yang-Tsé en llamas”, “En bandeja de plata”, “Un hombre y una mujer” o “Viaje alucinante” pero sin duda la melodía principal de John Barry para esta película se convirtió en uno los testamentos imperecederos del cine der aquel año. De hecho hoy es un clásico indiscutible de la música cinematográfica y tendría influencia melódica en la banda sonora del propio Barry para “Memorias de África” (1985). Escuchar “Born free” interpretada por Matt Monro hoy en día sigue poniendo los pelos como escarpias y sin duda es una de mis melodías favoritas, escucharla una sola vez hace que resuene en la cabeza y nunca se olvide.

Argumentalmente “Nacida libre” es bastante sencilla y una película de las que denominaríamos “para toda la familia”. Simplemente trata de cómo un matrimonio de naturalistas (George y Joy) cuidan a una leona, Elsa, desde que se hacen a su cargo, puesto que George se dedica a matar leones “cazahombres” y ha matado a sus padres, hasta que tienen que regresar a Inglaterra y deben dejar libre a Elsa o enviarla a un zoológico. Pese a esa simplicidad lo importante en esta película son otras cosas: el mensaje que trasmite, el hecho de que sea una historia basada en hechos reales, el impacto emocional que provoca en el espectador y la belleza natural que permite contemplar en su día desde la butaca de una cine y en la actualidad desde el salón de tu casa.

Sin duda es una de esas películas imprescindibles que hay que ver al menos una vez, aunque lo cierto es que ha sido escasamente emitida por las televisiones, quizás porque no es lo que hoy consideraríamos un producto de “prime time” o de gran audiencia. Una pena que ese tipo de índices se impongan de esa manera. Al menos a los que nos gusta este tipo de películas y los documentales naturalistas nos queda la 2. A mi entender esta película, prácticamente olvidada salvo por el tema principal de John Barry, ha quedado injustamente arrinconada y sería conveniente recuperarla (me ha costado muchísimo encontrar referencias).

El dilema moral que plantea es la conveniencia o no de criar a animales salvajes si después no va a poderse hacer cargo de ellos o no van a mantenerse en cautividad. La conclusión es quien ha nacido libre tiene el derecho de ser libre.

La película se basa en un libro con el mismo título que escribió Joy Adamson en 1960
sobre la leona Elsa y su principal mérito consiste en transmitir de una manera amable y profundamente melancólica la relación entre el matrimonio protagonista y la leona, transportando a África al espectador con magníficas imágenes llenas de belleza que hoy siguen poseyendo la misma fuerza que en su día pese a que las técnicas documentales han mejorado mucho.

Los dos actores, Virginia MacKenna y Bill Travers, hicieron el papel de sus vidas y son parte importante de la capacidad que tiene esta película para emocionar y hacerse cercana al espectador, que probablemente era lo que más interesaba al equipo de producción. Ella fue nominada como mejor actriz a los Globos de oro y contibuye esencialmente a que la película tenga la fuerza sentimental que posee.

La filmación se entiende que debió llevar su tiempo y que la labor en la sala de montaje debió ser complicada para solucionar muchas tomas. No hay en cualquier caso escenas de elaboración compleja y casi todos los momentos “peliagudos” con animales se resuelven con un plano contra plano, pero por lo general y gracias a leones amaestrados el director opta por planos generales y una cámara dinámica que sigue a los personajes o animales por los parajes naturales sacando todo el partido visual a los mismos.

La narración de la historia es plácida y serena aunque se incluyen leves quiebros dramáticos y cómicos para que el interés se mantenga a los largo de la hora y media que dura. Todo está muy ajustado, la película dura el tiempo adecuado y los acontecimientos nos van llevando magníficamente acompañados de la banda sonora hacia un final melancólico como pocos que consigue la perfección lo que pretendía esta película: dejarnos con ganas de más y remover nuestra conciencia.

En definitiva una película que hay que ver y que no debería caer en el olvido ni aún cuando hoy queda desplazada al mundillo naturalista. No sólo importan sus imágenes o su espíritu ecologista, también aporta una poderosa sensación de melancolía que explosiona en emoción y en conciencia natural, algo que parece más propio de los 60’s y 70’s y que nunca debería perder su protagonismo ni aun cuando hoy en las películas buscamos algo diferente.