domingo, 17 de febrero de 2013

“Grupo 7” (Alberto Rodríguez, 2012)


Muy interesante policiaco dramático de acción cargado de fuerza y energía que aprovecha una trama de drogas en el entorno de la Expo de Sevilla para hacer un retrato verosímil y fidedigno no sólo de la época sino también de gentes y actitudes muy hispanas.

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Película: Grupo 7.
País: España.
Duración: 95 min.
Género: Acción, thriller, policiaco, drama.
Reparto: Antonio de la Torre (Rafael), Mario Casas (Ángel),  Inma Cuesta (Elena), José Manuel Poga (Miguel), Joaquín Núñez (Mateo), Julián Villagrán (Joaquín), Estefanía de los Santos (La Caoba), Alfonso Sánchez (Amador), Carlos Olalla (don Julián), Lucía Guerrero (Lucía).
Guión: Rafael Cobos.
Producción: José Antonio Félez y Gervasio Iglesias.
Música: Julio de la Rosa.
Fotografía: Alex Catalán.
Montaje: José M.G. Moyano.
Dirección artística: Pepe Domínguez.
Vestuario: Fernando García.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 4 Abril 2012.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 16 años.

Recomendada para quien disfrute de las tramas policiales con nervio y sepa enfrentarse a eso tan poco habitual en el cine pero tan real que consiste en descubrir que no hay buenos y malos sino personas que se dejan llevar por los vicios y las tentaciones fáciles simplemente porque es más fácil que ser íntegro.



“Grupo 7” es de esas películas que van creciendo en tu recuerdo después de vistas y que también se van ganando un sitio poco a poco en la apreciación general. En el momento de su estreno casi se habló más de la presencia de Mario Casas (actor de moda entre adolescentes) y de que se ambientaba en la Expo de Sevilla que de lo que realmente la hace interesante que es su halo de verosimilitud y su energía interna, su capacidad para transmitir una ficción que suena a veraz.


La película se centra en un grupo de policías de Sevilla a los que se les encarga “limpiar” la ciudad de camellos y traficante ante la inminente celebración de la Expo de 1992. A través sobretodo de los ojos de Ángel, un policía novato, vamos penetrando en el quehacer diario del comando y poco a poco nos vamos dando cuenta que nadie es precisamente un angelito.

La trama habla de drogas y de la actividad policial del grupo protagonista sí, pero se centra también en varios dramas porque el argumento tiene tiempo de fijarse en diversos personajes y en sus miserias y habla sobretodo de corrupción, de lo fácil que es dejarse llevar por esa tentación que parece irremediable y que consiste en aprovecharse de una posición de privilegio cuando los reveses y las dificultades ayudan a autojustificarse aún cuando en el fondo se sepa que se están haciendo las cosas mal. Es decir, un tema de fondo muy de actualidad, muy apropiado para los tiempos que corren en los que la ética personal parece que es el más infravalorado de los valores cuando debería ser todo lo contrario porque sin estar contento con uno mismo es imposible ser feliz.


Los protagonistas de esta historia son víctimas de sí mismos a pesar de que no debería ser así puesto que cuentan con un trabajo que les obliga a velar por los demás y ser ejemplo. Por eso el argumento no sólo cuenta la historia que cuenta, también habla de nuestras miserias y contradicciones como seres humanos, de lo duro y difícil que es ser íntegro cuando tu entorno está podrido y la vida te maltrata.

Hay en la filmación de Alberto Rodríguez nervio, intensidad y emotividad porque el suyo es un cine fibroso y apasionado (ya lo habíamos visto en otra películas tan interesantes como “7 vírgenes” o “After”) que quiere zarandearte, abrirte los ojos, despertar tus sentidos, inundarte de realidad y lo consigue plenamente en un sinfín de escenas que en esta película se te vienen encima literalmente como la de la persecución por el tejado, el momento en que Ángel se enfrenta a toda una comunidad de vecinos que le insultan mientras trata de reducir a un tipo o aquella en la que el equipo policial es rodeado por un grupo de ciudadanos cansados de su presencia en el barrio.


Una vez más Antonio de la Torre, un actor fantástico que viene encadenando varios papeles magníficos, se sale con su actuación en su papel de policía expeditivo y de actitud decidida y rotunda. Pese a ello no es sino otra víctima de sí mismo y de su situación personal y realmente la barra del bar y sus compañeros son su auténtica casa, su familia y su refugio.

Gusten más o menos las tramas y subtramas de “Grupo 7” lo cierto es que la película resulta entretenida como pocas y se ve fácilmente y con interés de inicio a fin, lo que unido a la buena recreación del momento, al buen trabajo de todo el equipo delante y detrás de las cámaras y a que expone temas de fondo que son de plena actualidad la convierten en una de las mejores producciones españolas del 2012, avalada con nada menos que 16 candidaturas a los Premios Goya.