martes, 30 de septiembre de 2014

“La isla mínima” (Alberto Rodríguez, 2014)

Turbia y lúgubre intriga policial llena de recovecos que avanza en una tensa calma como si de un "True detective" a la española se tratara y te mantiene constantemente con la obligación de atar cabos, dejándote ver sólo la punta de un iceberg que se intuye tremebundo y que nunca se llega a ver del todo porque sólo tú como espectador dispones de todas las piezas para montar el puzzle.

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País: España.
Duración: 105 min.
Género: Thriller, policiaco.
Reparto: Raúl Arévalo (Pedro), Javier Gutiérrez (Juan), Antonio de la Torre (Rodrigo), Nerea Barros (Rocío), Jesús Castro (Quini), Salva Reina (Jesús), Manolo Solo (periodista), Jesús Carroza.
Guión: Rafael Cobos y Alberto Rodríguez.
Producción: Mercedes Gamero, José Antonio Félez, Mikel Lejarza, José Sánchez Montes y Mercedes Cantero.
Música: Julio de la Rosa.
Fotografía: Alex Catalán.
Montaje: José M.G. Moyano.
Vestuario: Fernando García.
Distribuidora: Warner Bros. Pictures International España.
Estreno en España: 26 Septiembre 2014.

Recomendada para los amantes de intrigas enrevesadas a los que no importe que la acción no sea lo más importante y también disfruten con detalles, atmósferas, ambientes y personajes con dobleces y claroscuros.

 


Lo siento, no me resisto al tópico más utilizado en los últimos días. Seguramente no es justo decir que “La isla mínima” es como un “True detective” a la española, pero el caso es que para los que hemos visto la magnífica serie con Matthew McConaughey y Woody Harrelson es es inevitable acordarnos de ella aunque sólo sea porque también son dos policías investigando la desaparición de unas chicas, porque tanto en una como en otra el pasado de los protagonistas tiene su calado en el argumento y porque en ambas la atmósfera en la que se mueven los personajes y los escenarios por los que pululan son tan importantes para definir la película como lo que es puramente lo que se narra.

Al margen de esa mera comparación, que viene muy bien para recomendar o no la película o en su caso la serie a quien no la haya visto, yo diría que es uno de los títulos más importantes del cine español en este 2014 y que es un destacado eslabón tanto en la trayectoria personal de su director, Alberto Rodríguez, como en el género policiaco en España que, en los últimos años, ha presentado títulos muy destacados y me estoy acordando por ejemplo de “No habrá paz para los malvados” o de la anterior película de Alberto Rodríguez, “Grupo 7” y hay más.

Rodríguez va confeccionándose una filmografía tras la cámara que yo destacaría. Cada una de sus películas está trabajada con esmero (se nota en la puesta en escena) y posee un guión con gancho (ninguna te deja frío). Me queda por ver “El traje” y “El factor Pilgrim”, pero recomendaría sin dudas “After”, “7 vírgenes” y “Grupo 7” cada una interesante a su manera.



“La isla mínima” es un policiaco que retrocede al año 1980 (no es caprichoso, tiene su por qué y su enjundia que el argumento se desarrolle en esa fecha y en esa España) y nos cuenta como dos agentes acuden a un pueblo junto a las marismas del Guadalquivir para investigar la desaparición de unas adolescentes. Si ya el asunto es de por sí interesante, aún lo es más por todo lo que uno va intuyendo poco a poco, que en todo momento tienes la sensación (y a la postre así es) que sólo consigues ver la punta de un icerberg que parece precisamente oculto entre marismas.

Eso sí, aviso, no es una película fácil de ver, te exige un poco. Entras en las intrigas del pueblo al mismo nivel que los policías, vamos, que vas sabiendo lo mismo que ellos y lo que descubras o no depende de ti, que se te dan las pistas pero no te lo dan mascadito y el ritmo es lento, a veces mucho. No le importa a Alberto Rodríguez detenerse en algunas escenas porque muchas veces las miradas y los silencios son muy significativos y el ambiente en que se mueven los personajes también lo es, así que uno corre el riesgo de desconectar y eso es muuuuy peligroso porque hay pistas y detalles allí donde uno menos se espera.

No todo es sutileza y segundo plano, hay también acción y brotes puntuales de una violencia soterrada y casi nunca explícita que se manifiesta de pronto, casi inesperada. En ese contraste entre la investigación pausada y minuciosa, de conversaciones repletas de miradas e insinuaciones y la acción repentina y explosiva consigue la película los que a mi juicio son sus mejores momentos. Hay un puñado de escenas que resultan antológicas y en las que me quedé clavado literalmente a la butaca: la conversación en la barcaza con ese capataz de río al que no se le llega a ver la cara, los diálogos entre Pedro y el periodista, la carrera detrás del tipo que escapa, la persecución por las marismas con el coche por la noche (fascinante) o el desenlace, son demostraciones absolutas de un director que domina el oficio y que sabe qué mostrarte para atraparte a su argumento....Hay más, pero sirven para ilustrar mi rendición absoluta a la puesta en escena.



Y sobretodo, dejando a un lado las magníficas interpretaciones (Javier Gutiérrez en concreto está insuperable), todo el brillante trabajo técnico (fotografía, montaje, sonido, etc, da para hablar largo y tendido de sus excelencias) yo diría que hay un excelente trabajo en el guión que junto a la dirección convierten a esta película en algo muy especial y es que ¡¡cuidado!! a parte de que todo me parece muy bien hilado, hay una potente carga de profundidad en lo que se cuenta. No sólo cuenta la investigación de unas desapariciones, no sólo nos muestra la relación de dos policías, no sólo señala los miedos que impiden hablar a los que saben, no sólo radiografía un ambiente, una época, un statu quo.....hay crítica, una crítica sutil pero incisiva.

Sin decir nada ni hacer spoilers sólo apuntaré que me parece genial que sólo nosotros como espectadores, asistiendo a la investigación de los dos protagonistas por separado, podamos reconstruir el puzzle completo del caso, pero también me parece de “chapeau” que lleguemos a saber qué se cuece en la cabeza del personaje que al final de la película queda sentado en su cama mirando al vacío meditando cómo actuar...por que y aquí viene lo importante ¿Qué haríamos en su pellejo?