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jueves, 10 de noviembre de 2011

“Amarcord” (Federico Fellini, 1973)

OBRA MAESTRA
Guión: Federico Fellini, Tonino Guerra.
Música: Nino Rota.

Reparto: Pupella Maggio (Miranda Biondi, la madre de Titta), Armando Brancia (Aurelio Biondi, el padre de Titta), Magali Noël (Gradisca, la peluquera), Ciccio Ingrassia (Teo, el tío loco de Titta), Nando Orfei (Patacca, el tío de Titta), Luigi Rossi (Abogado), Bruno Zanin (Titta Biondi), Gradisca (Magali Noël), Josiane Tanzilli (Volpina, la nifómana), Maria Antonietta Beluzzi (la tabaquera), Giuseppe Ianigro (El abuelo de Titta), Naso (Alvaro Vitali), Ovo(Bruno Scagnetti), Ciccio (Fernando De Felice), la estanquera (Maria Antonietta Beluzzi)

Duración: 118 minutos




“Amarcord” es una de mis película favoritas de Fellini a un nivel similar a “La Strada”, “8 y medio” y “Las noches de Cabiria”. Esto poco más o menos equivale a decir que es una de mis películas favoritas de todos los tiempos.

Seguramente sea la película más asequible y popular de la última etapa de Fellini, no en vano ganó el óscar a mejor película extranjera y siempre ha sido una de las películas más aclamadas del director.

Se trata de un ejercicio nostálgico en el que el director, tal y como indica el título, se “acuerda” de la Italia rural de la década de los 30’s centrándose en una localidad ficticia que bien podría ser su Rímini natal. Hay que tener en cuenta que aunque no relate historias reales, las películas de Fellini tienen mucho de autobiográfico y aporta a ellas muchas de sus obsesiones. En esta ocasión hay un tono nostálgico muy marcado, reforzado por las inolvidables melodías de Nino Rota en la banda sonora y una fotografía de Giuseppe Rotunno que consigue que muchas escenas reverberen en nuestro recuerdo con una inusual fuerza.















El poso que deja esta película es más poderoso de lo que uno piensa cuando la ve por primera vez y es difícil no repetir visionado. Tiene un tono evocador y una atmósfera nostálgica que te atrapan y permanecen y su mezcla de comedia y drama con tono costumbrista funciona como pocas veces lo ha hecho en el cine atrapando tu interés y ganándote. Su propia estructura narrativa a base de muchas escenas y situaciones no necesariamente conectadas unas con otras consigue que la experiencia de su visionado sea para nosotros como el repaso a unos recuerdos que en este caso son ajenos.

Un Fellini ya en la cincuentena logra contagiar su nostalgia y transmitir su fascinación por una época que formó parte de su infancia y en la que hay picaresca, erotismo reprimido, drama y un transfondo político que poco o nada parecía tener que ver con las gentes humildes. Su película evoca la infancia, la vida familiar, el ambiente provinciano, la escuela, la atmósfera de una época en un lugar que podría ser todos y que no es ninguno. Lo que nos relata es no obstante local y universal a la vez porque incluso no habiendo vivido en la Italia de los 30’s muchas cosas son lugares comunes para todos y todas las épocas. De algún modo, cuando la ves revives tu propia infancia, tu familia, tu educación, los sitios donde has vivido y a las personas que pasaron por tu vida.

























Una visión poco atenta de esta película puede impedir que se disfrute a fondo. El tono costumbrista y a veces jocoso y la estructura de escenas yuxtapuestas aparentemente sin una conexión argumental pueden dar la impresión de meras postales cómicas, pero hay mucho más allá detrás de todas esas escenas y el sinfín de personajes y tipos que van apareciendo. Además el nivel de detalle de Fellini es impresionante, en todas sus películas lo es, en cada escena aparecen muchos personajes, todos ellos con su propia idiosincrasia, todos ellos “a lo suyo”. Podríamos utilizar para esta película el dicho de “Cada loco con su tema” porque le viene como anillo al dedo: da la impresión como si el director se hubiera llevado su cámara en un viaje al pasado y hubiera ido filmando a todo el que pasara por delante de ella (incluso hay un abogado continuamente interrumpido por los gamberretes del pueblo que nos habla directamente para contarnos todo tipo de vicisitudes históricas). En primer plano suele estar (y no siempre) el joven Titta o su familia, pero en escena lo usual es que aparezcan muchos personajes (tipos reconocibles en cualquier sociedad) con los que uno se va familiarizando, que forman parte de la comunidad retratada y con sus propias historias en segundo plano: la ninfómana (Volpina), la tía buena (Gradisca), el vagabundo (ejerce de narrador e incluso llega a criticar a los lugareños ¿a dónde va toda esa gente? ¡¡Están locos!!!), los gamberros, los profesores, etc.....El padre de Titta es jefe de obra y representa el típico padre de la típica familia italiana, patriarcal, pero con una mujer al frente de fuerte carácter y corazón aún más grande que es el alma de la vida en el hogar.













Aunque existe un fondo dramático, esencialmente “Amarcord” adopta forma de comedia costumbrista que recurre a dos tipos de humor, el que surge de la observación de personajes y situaciones, a menudo socarrón, pícaro, hiperbólico e incluso surrealista (véanse las escenas en familia, los chavales en el colegio, la obsesión por las mujeres, la jornada campestre o esa escena antológica que es el encuentro de Titta con la estanquera en su local) y el que surge de la sátira, la farsa y el esperpento (véase el episodio sobre el fascismo o el encuentro de la Gradisca con el príncipe en el Gran Hotel). En ambos casos Fellini lo borda sacando el máximo partido tanto para la carcajada como para la sonrisa cómplice y el motivo siempre son las miserías de los personajes, que son las nuestras propias.

La película comienza con el vuelo de los milanos, que anuncian la llegada de la primavera (¡¡¡y cómo se le pone el cuerpo a la Gradisca con la primavera!!!) y la quema en la plaza de la localidad de una muñeca de trapo gigante y más o menos se recrea lo que sucede durante el verano de ese año indefinido de la década de los 30’s hasta que llegan las primeras nieves (uno de los personajes dice que es “aguanieve” y que no va a cuajar, pero termina habiendo más de un metro). La sensación que produce la película con su final es la de una cierta pérdida (aumentada con el adiós de Gradisca, que es “La Greta Garbo del pueblo” y el personaje glamouroso de la historia y la película) y por ello transmite muy bien la nostalgia con la que la impregna Fellini y permanece en el recuerdo de una forma vaporosa resonando con la melodía de Rota, como si esas imágenes hubieran formado parte de un sueño o nuestros propios recuerdos.

MIS ESCENAS FAVORITAS ¡¡¡CUIDADO CONTIENE SPOILERS!!!!





- Casi todas las del colegio cuando los críos hacen el gamberro y se burlan de los profesores, especialmente aquella en la que usan un conducto de papel para orinar y dejar mal a un compañero o la que el chaval hace la burla cada vez que trata de pronunciar el latinajo que le indica el profesor.

- Cachinacho enseñándole a Aurelio la nueva oda que ha hecho a los ladrillos.

- Las comidas familiares en casa de los Biondi, un auténtico jaleo con el abuelo tocándole el culo a la doncella: “Pero bueno, que se cree, que mi culo es la pila del agua bendita” o los padres discutiendo por culpa de Titta: “Somos de sainete, hasta los pollos se van a reír” y asegurándose que se van a matar.

- La expectación entre los hombres del pueblo ante la llegada de las nuevas putas.

- Las obsesiones onanistas de los chavales masturbándose en el coche o acudiendo a ver el monumento de la victoria: “Íbamos todos los días y yo soñaba con él por las noches”.

- La confesión de Titta: El cura: ¿Honras a tu padre y a tu madre? // Titta: sí, pero ellos a mí no. // Cura: ¿sabes que San Luis llora cuando te tocas?

- Los militares fascistas disparando al gramófono que toca la internacional desde el campanario.

- El Emir y sus 30 concubinas en el Gran Hotel.

- El tío en el campo gritando desde el árbol que necesita una mujer y no consiguen bajarlo hasta que llega la monja enana.

- Todos en el mar a ver pasar el trasatlántico Gran Rex.

- La escena de la niebla en la que el hijo pequeño de los Biondi ve una vaca.

- La carrera de coches de la VII Mile Miglia.

- La escena de la estanquera y su extraña mezcla de ironía, humor cínico y erotismo.

- Las escenas con la nieve que les llega a los lugareños más alta que la cabeza.

martes, 16 de febrero de 2010

“La strada” (Federico Fellini, 1954)

*****
Titulo original: La strada
Nacionalidad: Italia
Duración: 94 min
Género: Drama, comedia, neorrealismo
Guión: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano
Intérpretes: Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart, Aldo Silvani, Marcella Rovere
Música: Nino Rota
Fotografía: Otello Martelli
Montaje: Leo Catozzo



"La strada" es uno de los títulos más famosos, asequibles y destacados de Federico Fellini y sin duda la película que lanzó a la fama a Giuletta Masina, su mujer, auténtica "alma" de esta película.

Producida por Dino de Laurentiis y Carlo Ponti, es uno de los más destacados títulos de la etapa neorrealista de Fellini y cosechó un importante éxito. En 1957 ganó el óscar a mejor película de habla no inglesa y fue también nominada al mejor guión.

El argumento es sencillo en apariencia ya que trata sobre Gelsomina (Giuletta Masina), una chica joven y un puntín estrafalaria y peculiar, que es comprada a su madre por el artista ambulante Zampanó (Anthony Quinn) por mil liras cuando muere su padre, para que le haga compañía mientras viaja de pueblo en pueblo con su motocicleta, que tira de un chinringuito en el que viven.

La historia le permite a Fellini mostrar el mundo de la calle (la strada) y de los artistas ambulantes tal cual era, acomodándose a esa corriente neorrealista tan típica del cine italiano de la época que mostraba los ambientes y comportamientos de personas humildes como documento de una realidad que estaba ahí pero que era muy diferente de lo que el cine hollywoodiense solía mostrar. Evidentemente lo que se cuenta del ir y venir de Zampanó y Gelsomina es simple y sencillo, la cámara presta atención únicamente a sucesos cotidianos; pero el guión, de una manera sútil expresa mucho más. De fondo hay una reflexión existencial expresada de forma sencilla por “el loco” funambulista del que se hace amiga Giselmina: todo y todos servimos para algo y eso es algo de lo que Zampanó se da cuenta en la última escena de la película en la playa.

Probablemente el gran acierto de Fellini es el tratamiento de los tres personajes principales: Zampanó, Gilsemina y el “loco”, que proporcionan a la película la carga dramática que completa el retrato realista y social que también aborda el director. Lógicamente los tres actores protagonistas, Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart; adquieren una importancia esencial en el éxito de la película con tres interpretaciones fabulosas entre las que destaca la de Giuletta Masina porque su personaje es el alma del relato pero además su presencia en pantalla es hipnótica e inolvidable y proporciona toda la carga emotiva y sentimental que requería la historia para llegar al público. Por su puesto Anthony Quinn también está brillante, en la que es una de las mejores interpretaciones de toda su carrera bordando de manera plenamente convincente su tosco y rudo Zampanó.

Podríamos decir de esta película que es esencialmente conmovedora puesto que une a dos personajes opuestos y contradictorios a los que unen las dificultades y la necesidad de afecto, aunque el argumento es un viaje de descubrimiento, en especial para Zampanó, mucho más práctico y preparado para subsistir pese a las inclemencias de la vida en que se mueve, pero menos hábil para comprender lo que necesita realmente y asumirlo. Probablemente el gran acierto de Fellini es que logra conectar con el espectador trasmitiendo una gran sensibilidad pero sin caer nunca en el dramatismo ni en la lágrima fácil. Como en la vida misma comedia y drama se entremezclan de una manera natural y pese a sus circunstancias los personajes siguen adelante y la película no se convierte en un dramón lacrimógeno, que es lo que podría haber llegado a ser si no hubiera sido por el equilibrio que consigue Fellini, algo mucho más complicado de hacer de lo que parece y que en esta película me parece un acierto mayúsculo.

En el viaje de Zampanó y Giselmina por los pueblos italianos, podemos ver también un retrato social de la época, por lo que la película tiene también una importancia llamésmole “documental” que es uno de los aspectos más reseñables y positivos del neorrealismo. Se detecta en ella un poso de melancolía quizás derivado de la miseria en la que vivía mucha gente en la postguerra, en un país vencido por la historia; pero también una cierta esperanza y alegría, que es la que nos trasmite siempre el personaje de Giselmina, que en su inocencia, sabe sacarle a todos una sonrisa.

Zampanó es un tipo rudo, bruto y práctico que sabe sobrevivir, a menudo de forma inmisericorde, a todas las inclemencias de la dura vida que le ha tocado vivir pero que tiene una lección por aprender y es que, como todos, él también precisa una Gilsemina, porque en ocasiones lo más importante se oculta tras la apariencia de la sencillez y lo intrascendente. Gilsemina es pelele e inocente, tiene cara de “coliflor” y se muestra siempre sorprendida y alelada ante todo, pero atesora en su interior la inocencia, la ilusión, cariño por los demás, una humanidad y sentido de la moral que nunca debe faltarnos. La escena en que Zampanó lo descubre es seguramente una de las más emotivas y arrebatadoras de la historia del cine.

En lo puramente técnico destacar la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Ortello Martelli que da cuenta de un país de alguna manera destartalado y esa maravillosa banda sonora de Nino Rota, en la que sobresale el triste y melancólico tema que Giselmina toca con su trompeta.