#grandesescenas #cine #AnthonyQuinn #KirkDouglas #VincentMinelli
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jueves, 20 de julio de 2023
lunes, 7 de noviembre de 2022
Grandes escenas - "Los cañones de Navarone" (J. Lee Thompson, 1961)
#JLeeThompson #GregoryPeck #DavidNiven #AnthonyQuinn #grandesescenas
domingo, 4 de julio de 2021
sábado, 7 de enero de 2012
“Valentina” (Antonio José Betancor, 1982)
****Reparto: Anthony Quinn (Mosén Joaquín), Jorge Sanz (Pepe), Paloma Gómez (Valentina), Alfredo Lucchetti (don Arturo), Eusebio Poncela (narrador), Luis Ciges (médico), Marisa de Leza (doña Julia) , Saturno Cerra (don José), Conchita Leza (doña Luisa)
País: España
Duración: 89 min.
Género: Drama
Guión: Carlos Escobedo, Javier Moro, Antonio José Betancor
Montaje: Eduardo Biurrun
Fotografía: Juan Antonio Ruiz Anchia
Música: Riz Ortolani
He vuelto a ver “Valentina”, la primera parte de la adaptación de “Crónica del alba” que en los 80’s hizo Antonio José Betancor, creo que es la tercera vez aunque sólo lo intuyo porque de la segunda no me acuerdo, la que recuerdo es la primera cuando tenía apenas 12 años y cuando dejó su poso. De algún modo la música de Riz Ortolani, que te envuelve, te atrapa y reverbera ad infinitum, me ha provocado el efecto de la magdalena de Proust, creo que por eso me gusta especialmente esta película, que no es ni mucho ni poco, simplemente me emociona y me conmueve, quien sabe si por su argumento o porque me toca de lleno en la fibra sensible.


Vista hoy, tras haber visto mucho cine, no es la gran película que tenía en mi recuerdo (uno tiende a sobredimensionar los recuerdos), pero sí me parece una hermosísima película sobre la infancia y el primer amor y me alegro que mis padres me llevaran al cine en su estreno porque seguramente era el momento perfecto para verla. Tiene esta película un poderoso efecto melancólico porque esa banda sonora y sus imágenes te zambullen literalmente en el paraíso perdido de una infancia donde los sentimientos son cándidos e inocentes y además lo hace en un lugar que parece sacado de otro tiempo (ese es el efecto que producen las localizaciones de Albarracín y el castillo de Loarre).
La película se basa en la mejor novela de Ramón J. Sender y recrea toda la parte relativa a la infancia de José Garcés, situándose en 1911, centrándose en las trastadas del crío, su rebeldía innata, su relación con mosén Joaquín (magnífico, como siempre, Anthony Quinn) y su amor en ciernes por Valentina, la hija del notario. Viene a ser un relato sin historia, más bien resulta una yuxtaposición de recuerdos con los que se define a un personaje y se describe su infancia y su relación con Valentina.




Así como el argumento tiene inspiración decimonónica, la ambientación, la música, el estilo fílmico tienen mucho que ver con las adaptaciones literarias que se hicieron en España para cine y televisión a finales de los 70’s y en los 80’s. De hecho el director era ayudante de Mario Camus, a quien se deben series “Curro Jiménez” (1976) y “Fortunata y Jacinta” (1980) o películas como “La colmena” (1982), “Los santos inocentes” (1984) y “La casa de Bernarda Alba” (1987). Como película especialmente dirigida a un público infantil tiene también un tono sentimental e inocente muy propio de la época en la que se filmó en la que habían triunfado en la televisión series como “Heidi” o “Marco”.
“Valentina” cuenta además con la baza de una magnífica banda sonora de Riz Ortolani que impregna toda la película de una intensa melancolía y de un reparto muy bien escogido, en el que despunta un jovencísimo Jorge Sanz que representa a la perfección un Pepe que inspira ternura pero que representa una rebeldía incontrolable. Paloma Gómez, que también ha sido actriz, es Valentina y encarna la dulzura y la sencillez. El encuentro entre ambos, su química juntos y un puntual sentido del humor es lo que obra ese milagro de que la película nunca caiga en la ñoñería (aunque a veces la roza) y resulte en cambio de un sentimentalismo inocente y cristalino, como las miradas de los niños. A mí la escena final me dejó en su día con los congojos de corbata y aún hoy lo sigue haciendo, aunque la escena que más me encoje el ánimo es aquella en la que monseñor Joaquín dice “Adiós Pepé, los amigos se dan la mano, pero a mí ¿me das un abrazo?”.
En definitiva, una película preciosa que entra de lleno en terreno de los sentimental y que es una de los más hermosos cantos sobre la infancia que ha hecho el cine español. Un año después tuvo una continuación titulada “1919, Crónica del alba”.


A modo de anécdota decir que Jorge Sanz y Paloma Gómez, ambos actores, se reencontraron años después (hacia 2006) en una obra de teatro y tuvieron un hijo. Aunque terminaron separándose guardan buena relación como pudo verse en el coloquio que les reunió en mayo de 2011 en el programa “Versión española”.
MIS ESCENAS FAVORITAS ¡¡¡NO LEER, CONTIENE SPOILERS!!!!
- Al comienzo de la película José sube al tejado junto a los gatos y observa el horizonte donde se ve la majestuosa forma de la muralla de Albarracín.
- Todas las escenas de Anthony Quinn preguntándole la lección a José son magníficas y casi todas terminan igual: “Tú le tienes que decir a tu padre que si fallas en este curso la culpa es tuya y no mía”. En especial la mejor es aquella en la que le pregunta por el teorema de Pitágoras.
- El padre de José recibiendo la cartilla de mosén Joaquín y diciéndole al chico que suba a su cuarto sin comer para darle unos azotes: “¿Tienes algo que decir?” “Sí, eran 20 palos y no me has dao más que 18”.
- La primera aparición en escena de Valentina, subiendo una calle corriendo para encontrarse con Pepe que la espera.
- Pepe haciendo señales a Valentina desde el tejado mientras su padre le mira perplejo creyendo que lo que hace es bailar.
- Pepe usando lo que Valentina le ha leído en misa para salir del paso con monseñor Joaquín: “soy el señor del amor, del saber y de las dominaciones”. Genial como termina la escena Anthony Quinn riendo.
- La escena con el primo de Valentina “hijo de un político nefasto” que termina con el perdigonazo.
- La pelea en el río entre las cuadrillas de los dos pueblos.
- Pepe y Valentina juntos en el tejado abrazados pensando en que si comen nueve olivas pasas con agua por la noche podrán soñar el uno en el otro para estar juntos.
- Mosén Joaquín leyendo la traducción del latín que le ha encargado el padre de José: “De tres clases de hombres está hecha la fortuna de esta tierra y en general de todas las tierras habitadas por gentes no bárbaras ni salvajes: santos, poetas y héroes”.
- Pepe y Valentina huyendo por las galerías subterráneas del castillo para pasar la noche juntos.
- La escena final de las despedidas, con Pepe corriendo tras el coche.


Vista hoy, tras haber visto mucho cine, no es la gran película que tenía en mi recuerdo (uno tiende a sobredimensionar los recuerdos), pero sí me parece una hermosísima película sobre la infancia y el primer amor y me alegro que mis padres me llevaran al cine en su estreno porque seguramente era el momento perfecto para verla. Tiene esta película un poderoso efecto melancólico porque esa banda sonora y sus imágenes te zambullen literalmente en el paraíso perdido de una infancia donde los sentimientos son cándidos e inocentes y además lo hace en un lugar que parece sacado de otro tiempo (ese es el efecto que producen las localizaciones de Albarracín y el castillo de Loarre).
La película se basa en la mejor novela de Ramón J. Sender y recrea toda la parte relativa a la infancia de José Garcés, situándose en 1911, centrándose en las trastadas del crío, su rebeldía innata, su relación con mosén Joaquín (magnífico, como siempre, Anthony Quinn) y su amor en ciernes por Valentina, la hija del notario. Viene a ser un relato sin historia, más bien resulta una yuxtaposición de recuerdos con los que se define a un personaje y se describe su infancia y su relación con Valentina.




Así como el argumento tiene inspiración decimonónica, la ambientación, la música, el estilo fílmico tienen mucho que ver con las adaptaciones literarias que se hicieron en España para cine y televisión a finales de los 70’s y en los 80’s. De hecho el director era ayudante de Mario Camus, a quien se deben series “Curro Jiménez” (1976) y “Fortunata y Jacinta” (1980) o películas como “La colmena” (1982), “Los santos inocentes” (1984) y “La casa de Bernarda Alba” (1987). Como película especialmente dirigida a un público infantil tiene también un tono sentimental e inocente muy propio de la época en la que se filmó en la que habían triunfado en la televisión series como “Heidi” o “Marco”.
“Valentina” cuenta además con la baza de una magnífica banda sonora de Riz Ortolani que impregna toda la película de una intensa melancolía y de un reparto muy bien escogido, en el que despunta un jovencísimo Jorge Sanz que representa a la perfección un Pepe que inspira ternura pero que representa una rebeldía incontrolable. Paloma Gómez, que también ha sido actriz, es Valentina y encarna la dulzura y la sencillez. El encuentro entre ambos, su química juntos y un puntual sentido del humor es lo que obra ese milagro de que la película nunca caiga en la ñoñería (aunque a veces la roza) y resulte en cambio de un sentimentalismo inocente y cristalino, como las miradas de los niños. A mí la escena final me dejó en su día con los congojos de corbata y aún hoy lo sigue haciendo, aunque la escena que más me encoje el ánimo es aquella en la que monseñor Joaquín dice “Adiós Pepé, los amigos se dan la mano, pero a mí ¿me das un abrazo?”.
En definitiva, una película preciosa que entra de lleno en terreno de los sentimental y que es una de los más hermosos cantos sobre la infancia que ha hecho el cine español. Un año después tuvo una continuación titulada “1919, Crónica del alba”.


A modo de anécdota decir que Jorge Sanz y Paloma Gómez, ambos actores, se reencontraron años después (hacia 2006) en una obra de teatro y tuvieron un hijo. Aunque terminaron separándose guardan buena relación como pudo verse en el coloquio que les reunió en mayo de 2011 en el programa “Versión española”.
MIS ESCENAS FAVORITAS ¡¡¡NO LEER, CONTIENE SPOILERS!!!!
- Al comienzo de la película José sube al tejado junto a los gatos y observa el horizonte donde se ve la majestuosa forma de la muralla de Albarracín.
- Todas las escenas de Anthony Quinn preguntándole la lección a José son magníficas y casi todas terminan igual: “Tú le tienes que decir a tu padre que si fallas en este curso la culpa es tuya y no mía”. En especial la mejor es aquella en la que le pregunta por el teorema de Pitágoras.
- El padre de José recibiendo la cartilla de mosén Joaquín y diciéndole al chico que suba a su cuarto sin comer para darle unos azotes: “¿Tienes algo que decir?” “Sí, eran 20 palos y no me has dao más que 18”.
- La primera aparición en escena de Valentina, subiendo una calle corriendo para encontrarse con Pepe que la espera.
- Pepe haciendo señales a Valentina desde el tejado mientras su padre le mira perplejo creyendo que lo que hace es bailar.
- Pepe usando lo que Valentina le ha leído en misa para salir del paso con monseñor Joaquín: “soy el señor del amor, del saber y de las dominaciones”. Genial como termina la escena Anthony Quinn riendo.
- La escena con el primo de Valentina “hijo de un político nefasto” que termina con el perdigonazo.
- La pelea en el río entre las cuadrillas de los dos pueblos.
- Pepe y Valentina juntos en el tejado abrazados pensando en que si comen nueve olivas pasas con agua por la noche podrán soñar el uno en el otro para estar juntos.
- Mosén Joaquín leyendo la traducción del latín que le ha encargado el padre de José: “De tres clases de hombres está hecha la fortuna de esta tierra y en general de todas las tierras habitadas por gentes no bárbaras ni salvajes: santos, poetas y héroes”.
- Pepe y Valentina huyendo por las galerías subterráneas del castillo para pasar la noche juntos.
- La escena final de las despedidas, con Pepe corriendo tras el coche.


martes, 16 de febrero de 2010
“La strada” (Federico Fellini, 1954)
*****Titulo original: La strada
Nacionalidad: Italia
Duración: 94 min
Género: Drama, comedia, neorrealismo
Guión: Federico Fellini, Tullio Pinelli, Ennio Flaiano
Intérpretes: Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart, Aldo Silvani, Marcella Rovere
Música: Nino Rota
Fotografía: Otello Martelli
Montaje: Leo Catozzo
"La strada" es uno de los títulos más famosos, asequibles y destacados de Federico Fellini y sin duda la película que lanzó a la fama a Giuletta Masina, su mujer, auténtica "alma" de esta película.
Producida por Dino de Laurentiis y Carlo Ponti, es uno de los más destacados títulos de la etapa neorrealista de Fellini y cosechó un importante éxito. En 1957 ganó el óscar a mejor película de habla no inglesa y fue también nominada al mejor guión.
El argumento es sencillo en apariencia ya que trata sobre Gelsomina (Giuletta Masina), una chica joven y un puntín estrafalaria y peculiar, que es comprada a su madre por el artista ambulante Zampanó (Anthony Quinn) por mil liras cuando muere su padre, para que le haga compañía mientras viaja de pueblo en pueblo con su motocicleta, que tira de un chinringuito en el que viven.
La historia le permite a Fellini mostrar el mundo de la calle (la strada) y de los artistas ambulantes tal cual era, acomodándose a esa corriente neorrealista tan típica del cine italiano de la época que mostraba los ambientes y comportamientos de personas humildes como documento de una realidad que estaba ahí pero que era muy diferente de lo que el cine hollywoodiense solía mostrar. Evidentemente lo que se cuenta del ir y venir de Zampanó y Gelsomina es simple y sencillo, la cámara presta atención únicamente a sucesos cotidianos; pero el guión, de una manera sútil expresa mucho más. De fondo hay una reflexión existencial expresada de forma sencilla por “el loco” funambulista del que se hace amiga Giselmina: todo y todos servimos para algo y eso es algo de lo que Zampanó se da cuenta en la última escena de la película en la playa.
Probablemente el gran acierto de Fellini es el tratamiento de los tres personajes principales: Zampanó, Gilsemina y el “loco”, que proporcionan a la película la carga dramática que completa el retrato realista y social que también aborda el director. Lógicamente los tres actores protagonistas, Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart; adquieren una importancia esencial en el éxito de la película con tres interpretaciones fabulosas entre las que destaca la de Giuletta Masina porque su personaje es el alma del relato pero además su presencia en pantalla es hipnótica e inolvidable y proporciona toda la carga emotiva y sentimental que requería la historia para llegar al público. Por su puesto Anthony Quinn también está brillante, en la que es una de las mejores interpretaciones de toda su carrera bordando de manera plenamente convincente su tosco y rudo Zampanó.
Podríamos decir de esta película que es esencialmente conmovedora puesto que une a dos personajes opuestos y contradictorios a los que unen las dificultades y la necesidad de afecto, aunque el argumento es un viaje de descubrimiento, en especial para Zampanó, mucho más práctico y preparado para subsistir pese a las inclemencias de la vida en que se mueve, pero menos hábil para comprender lo que necesita realmente y asumirlo. Probablemente el gran acierto de Fellini es que logra conectar con el espectador trasmitiendo una gran sensibilidad pero sin caer nunca en el dramatismo ni en la lágrima fácil. Como en la vida misma comedia y drama se entremezclan de una manera natural y pese a sus circunstancias los personajes siguen adelante y la película no se convierte en un dramón lacrimógeno, que es lo que podría haber llegado a ser si no hubiera sido por el equilibrio que consigue Fellini, algo mucho más complicado de hacer de lo que parece y que en esta película me parece un acierto mayúsculo.
En el viaje de Zampanó y Giselmina por los pueblos italianos, podemos ver también un retrato social de la época, por lo que la película tiene también una importancia llamésmole “documental” que es uno de los aspectos más reseñables y positivos del neorrealismo. Se detecta en ella un poso de melancolía quizás derivado de la miseria en la que vivía mucha gente en la postguerra, en un país vencido por la historia; pero también una cierta esperanza y alegría, que es la que nos trasmite siempre el personaje de Giselmina, que en su inocencia, sabe sacarle a todos una sonrisa.
Zampanó es un tipo rudo, bruto y práctico que sabe sobrevivir, a menudo de forma inmisericorde, a todas las inclemencias de la dura vida que le ha tocado vivir pero que tiene una lección por aprender y es que, como todos, él también precisa una Gilsemina, porque en ocasiones lo más importante se oculta tras la apariencia de la sencillez y lo intrascendente. Gilsemina es pelele e inocente, tiene cara de “coliflor” y se muestra siempre sorprendida y alelada ante todo, pero atesora en su interior la inocencia, la ilusión, cariño por los demás, una humanidad y sentido de la moral que nunca debe faltarnos. La escena en que Zampanó lo descubre es seguramente una de las más emotivas y arrebatadoras de la historia del cine.
En lo puramente técnico destacar la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Ortello Martelli que da cuenta de un país de alguna manera destartalado y esa maravillosa banda sonora de Nino Rota, en la que sobresale el triste y melancólico tema que Giselmina toca con su trompeta.
Producida por Dino de Laurentiis y Carlo Ponti, es uno de los más destacados títulos de la etapa neorrealista de Fellini y cosechó un importante éxito. En 1957 ganó el óscar a mejor película de habla no inglesa y fue también nominada al mejor guión.
El argumento es sencillo en apariencia ya que trata sobre Gelsomina (Giuletta Masina), una chica joven y un puntín estrafalaria y peculiar, que es comprada a su madre por el artista ambulante Zampanó (Anthony Quinn) por mil liras cuando muere su padre, para que le haga compañía mientras viaja de pueblo en pueblo con su motocicleta, que tira de un chinringuito en el que viven.
La historia le permite a Fellini mostrar el mundo de la calle (la strada) y de los artistas ambulantes tal cual era, acomodándose a esa corriente neorrealista tan típica del cine italiano de la época que mostraba los ambientes y comportamientos de personas humildes como documento de una realidad que estaba ahí pero que era muy diferente de lo que el cine hollywoodiense solía mostrar. Evidentemente lo que se cuenta del ir y venir de Zampanó y Gelsomina es simple y sencillo, la cámara presta atención únicamente a sucesos cotidianos; pero el guión, de una manera sútil expresa mucho más. De fondo hay una reflexión existencial expresada de forma sencilla por “el loco” funambulista del que se hace amiga Giselmina: todo y todos servimos para algo y eso es algo de lo que Zampanó se da cuenta en la última escena de la película en la playa.
Probablemente el gran acierto de Fellini es el tratamiento de los tres personajes principales: Zampanó, Gilsemina y el “loco”, que proporcionan a la película la carga dramática que completa el retrato realista y social que también aborda el director. Lógicamente los tres actores protagonistas, Giulietta Masina, Anthony Quinn, Richard Basehart; adquieren una importancia esencial en el éxito de la película con tres interpretaciones fabulosas entre las que destaca la de Giuletta Masina porque su personaje es el alma del relato pero además su presencia en pantalla es hipnótica e inolvidable y proporciona toda la carga emotiva y sentimental que requería la historia para llegar al público. Por su puesto Anthony Quinn también está brillante, en la que es una de las mejores interpretaciones de toda su carrera bordando de manera plenamente convincente su tosco y rudo Zampanó.
Podríamos decir de esta película que es esencialmente conmovedora puesto que une a dos personajes opuestos y contradictorios a los que unen las dificultades y la necesidad de afecto, aunque el argumento es un viaje de descubrimiento, en especial para Zampanó, mucho más práctico y preparado para subsistir pese a las inclemencias de la vida en que se mueve, pero menos hábil para comprender lo que necesita realmente y asumirlo. Probablemente el gran acierto de Fellini es que logra conectar con el espectador trasmitiendo una gran sensibilidad pero sin caer nunca en el dramatismo ni en la lágrima fácil. Como en la vida misma comedia y drama se entremezclan de una manera natural y pese a sus circunstancias los personajes siguen adelante y la película no se convierte en un dramón lacrimógeno, que es lo que podría haber llegado a ser si no hubiera sido por el equilibrio que consigue Fellini, algo mucho más complicado de hacer de lo que parece y que en esta película me parece un acierto mayúsculo.
En el viaje de Zampanó y Giselmina por los pueblos italianos, podemos ver también un retrato social de la época, por lo que la película tiene también una importancia llamésmole “documental” que es uno de los aspectos más reseñables y positivos del neorrealismo. Se detecta en ella un poso de melancolía quizás derivado de la miseria en la que vivía mucha gente en la postguerra, en un país vencido por la historia; pero también una cierta esperanza y alegría, que es la que nos trasmite siempre el personaje de Giselmina, que en su inocencia, sabe sacarle a todos una sonrisa.
Zampanó es un tipo rudo, bruto y práctico que sabe sobrevivir, a menudo de forma inmisericorde, a todas las inclemencias de la dura vida que le ha tocado vivir pero que tiene una lección por aprender y es que, como todos, él también precisa una Gilsemina, porque en ocasiones lo más importante se oculta tras la apariencia de la sencillez y lo intrascendente. Gilsemina es pelele e inocente, tiene cara de “coliflor” y se muestra siempre sorprendida y alelada ante todo, pero atesora en su interior la inocencia, la ilusión, cariño por los demás, una humanidad y sentido de la moral que nunca debe faltarnos. La escena en que Zampanó lo descubre es seguramente una de las más emotivas y arrebatadoras de la historia del cine.
En lo puramente técnico destacar la extraordinaria fotografía en blanco y negro de Ortello Martelli que da cuenta de un país de alguna manera destartalado y esa maravillosa banda sonora de Nino Rota, en la que sobresale el triste y melancólico tema que Giselmina toca con su trompeta.
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