Mostrando entradas con la etiqueta 1976. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta 1976. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de junio de 2019

"¿Quién puede matar a un niño?" (Narciso Ibáñez Serrador, 1976)


*****
Con tan solo dos películas (ésta es la segunda) Narciso Ibáñez Serrador demostró que era un gran director, aunque prefirió el mundo de la televisión al del cine. Ésta película, que tuvo gran éxito en su estreno y hoy es de culto, deja claro que el terror no sólo surge de las sombras, la noche y lo insólito, al contrario, la historia se desarrolla en una isla mediterránea con un sol de justicia y en torno a unos niños que la habitan y pese a ello el clima no puede ser más inquietante y a la postre terrorífico. Lo consigue la atmósfera de suspense, la desasosegante banda sonora, el estudiadísimo montaje, una puesta en escena muy planificada, muy hithcockiana, planteada como un juego psicológico con el que tras cualquier esquina puede surgir el respingo. Una joya del cine español perfecta para descubrir después las televisivas "Historias para no dormir".

sábado, 10 de diciembre de 2011

“Asignatura pendiente” (José Luis Garci, 1976)

****
País: España
Duración: 109 min.
Género: Melodrama, costumbrista
Reparto: José Sacristán, Fiorella Faltoyano, Antonio Gamero, Silvia Tortosa, Héctor Alterio, Simón Andreu, Covadonga Cadenas, María Casanova, José Fernández, Pilar Lavanda, Carmen Luján, Berta Fraguas, Micaela Fraguas, José María González Sinde
Guión: José Luis Garci, José María González Sinde
Fotografía: Manuel Rojas
Maquillaje: Francisca Guillot, Miguel Sesé, Paloma Fernández
Montaje: Miguel González Sinde
Sonido: Enrique Molinero
Vestuario: Paquita Pons


Ese viaje nostálgico que ahora hace la serie “Cuéntame”, se puede hacer también con las primeras películas de José Luis Garci, un director cuyos mejores trabajos estoy convencido que son aquellos en los que analiza épocas y circunstancias desde la observación de lo cotidiano y utilizando la sensibilidad como marca de estilo.

No muy lejos de sus mejores títulos (”El abuelo”, “Volver a empezar” o “El crack”) queda ésta su primera película, que tuvo un notable éxito en su época y que retrató como pocas en su día el desencanto de una generación a la que la transición les llegó tarde, como todo, como rezaba ese texto que cerraba la película y que copio abajo.

El argumento trata sobre José y Elena, ambos casados y con sus respectivos hijos, que un día se encuentran y deciden recordar aquel tiempo en el que fueron novios en Miraflores, una localidad a las afueras de Madrid, a la que acuden para revivir su adolescencia. La historia se sitúa además en los últimos meses de 1975, momento en que muere Franco y España experimenta profundos cambios.












La película no tiene gran enjundia argumental (sí temática), eso es cierto, pero refleja de maravilla la sociedad y el momento y explica con acierto, ternura y una comicidad muy de aquella España el lío personal en que se encontraban muchas personas justo en el umbral de una nueva etapa en la que iban a poder caminar hacia delante dejando muchos prejuicios y libertades coartadas atrás.

El asunto principal es la relación entre José y Elena, una relación fuera de la pareja, mostrada abiertamente, sin tapujos y sin censuras (los personajes se ríen de ello en concreto cuando se duchan juntos sin remilgos recordando esas películas en las que ellas se tapaban al levantarse de la cama); pero la película también alude al momento político y social puesto que José es abogado “de rojos” y tiene la responsabilidad de asumir el inevitable cambio de la sociedad con sus clientes.

Nadie hace el cine que hace Garci. El género de esta película es inclasificable en cierto modo, a medio camino entre lo sentimental, el melodrama, la comedia hispana o la descripción social. Por momentos “la locomotora” que es José (así le llama Elena) nos recuerda un poco al José Luis López Vázquez de muchas películas de la época, pero no estamos ante una comedia, aunque haya diálogos muy de comedia de costumbres al uso de muchas series actuales. Particularmente pienso que la película gana cuando se pone seria, cuando Elena y José hablan “en serio” (no son muchas veces) y cuando Garci se fija en pequeños detalles que entonces podían parecer poco importantes, pero que hoy permiten una mirada melancólica al pasado que tiene mucho valor. Es curioso, pero a veces algunas escenas que en su día quizás parecieron superfluas, al cabo del tiempo dicen mucho: esa forma en que Elena le prepara la manzanilla a José en el apartamento donde se ven a escondidas, esas escenas de los desayunos con colacao, las comidas aún sin la tele como contertulio inexcusable o en la cocina o escuchando la lotería de navidad en la radio o simplemente esas tomas cenitales, esas vistas desde el cielo que muestran un Madrid anterior...han pasado apenas 35 años y tienen ya el aroma de otra época.












Seguramente esta película tendrá más impacto sentimental en quienes vivieran aquel momento y les interesará más, pero también es posible que quede como documento de una época y eso es seguramente lo que mejor sabe hacer Garci con una cámara. Eso y el contarnos historias desde la ternura.

“Asignatura pendiente” es una película de director y de actores. Creo que a las películas de Garci siempre les ha perjudicado el estar dobladas (él opinará otra cosa porque es una mera cuestión de estrategia de rodaje) y en este caso, por ejemplo, nos perdemos la voz de Héctor Alterio (aunque seguramente querían quitarle el acento), no obstante los actores están a un nivel más que bueno, especialmente Fiorella Faltollano que borda un personaje que enternece en todo momento y más cuando reflexiona sobre su situación como mujer en una sociedad a la que todavía le queda mucho por evolucionar (en un momento dice: “las mujeres tenemos tan poco...”). José Sacristán también borda a un abogado “peleón”, de izquierdas, que está a medio camino entre el galán y el buscarrollos a lo comedia española de los 60’s, tan titubeante en formas como en decisión, pero que al final da un paso adelante.

En definitiva, una película con una fuerte carga nostálgica y emotiva, que habla de personajes a caballo entre una época y otra, entre una edad y otra, en un momento crucial de sus vidas y que explica muy bien, a su modo, con ternura y sensibilidad muy personales estas circunstancias: “Las dictaduras son como las bicicletas, que cuando se paran se caen. El amor es igual”.

TE GUSTARÁ SI EN SU DÍA TE GUSTARON...

- “Solos en la madrugada”
- “Las verdes praderas”
- “Sesión continua”
- “Volver a empezar”


MIS ESCENAS FAVORITAS ¡¡¡CUIDAO, CONTIENE SPOILERS!!!!



- La escena inicial, cenital de Madrid, con los personajes narrando en off su pasado.
- Una curiosidad: el choto de la cría que hace de hija de Elena cuando se va al colegio con su padre (pocas veces se ha visto a un crío llorar tan amargamente en una película) -
- Elena sobre las burlas cuando aún no eran novia de José: “¡Parecen los amantes de Teruel, tonta ella y tonto él!”.
- José le propone a Elena que le diga a su marido que va a comer en el “Galerías” (Galerías preciados) y poco después su mujer hace lo mismo.
- La mañana en que José y Elena acuden a Miraflores y ese viaje en coche mientras suena el Dúo Dinámico (la música suena a pasada de moda, pero funciona para ambientar la película en la época).
- Elena: “Por qué será que todo lo bueno en esta vida es pecado o engorda”.
- José: “Como dice mi mujer: eran nones y no llegaban a tres”.
- La escena en que la cámara se detiene en Elena y la luz comienza a disminuir a su alrededor para introducirnos en un largo flashback.
- La escena en la que José le propone a Elena acostarse juntos y ella termina diciéndole ¿Cuándo quieres que aprobemos la asignatura pendiente”.
- La escena del primer encuentro en casa de “Trotski” en la que José con gran delicadeza se echa atrás y le comenta a Elena que no tienen por qué hacer nada.
- La escena en la que, al final de la película, Elena analiza la relación que sostiene con José y lo que ha pasado....las ilusiones se pierden....José se había encontrado con Elena en un mal momento....”Era agradable mirar hacia atrás sobretodo porque no había nada que mirar hacia delante”.

A nosotros, que supimos, cuando ya no
había remedio, que aquel mundo
imperial en Cinemascope y color
DeLuxe que nos habían prometido en el
colegio y en tantos discursos y sermones,
no existiría nunca…

A nosotros, que hemos ido llegando
tarde a todo: a la infancia,
a la adolescencia, al sexo, al amor,
a la política…

A nosotros, que nos quitaron, año
tras año, el significado de cuanto nos
rodeaba, aunque fueran las cosas más
pequeñas, menos importantes…

Y a quienes nos hicieron así: nuestros
padres, que también llevaron lo suyo;
y a Sor Bernarda, siempre dando
pellizcos; y al Padre Pulido, que
tanto nos azaraba cuando nos echaba
el brazo por el cuello;
y a José Mallorquí y sus “Dos hombres buenos”,
y a Roberto Alcázar y Pedrín, jefe de
centuria y “flecha”, respectivamente;
y a Domingo, el de los comestibles,
que partía el chicle “bazooka” con un
cuchillo enorme;
y a Young Martín y a Fred Galiana;
y a Di Stefano y a Kubala, y los
zapatos de Segarra;
y a Pedro Pablo Ayuso y Matilde
Conesa, y a Guillermo Sautier
Casaseca y a Marcial Lafuente
Estefanía;
y a Indívil y Mardonio, y a “By Vázquez”,
y a Conti, y a Peñarroya;
y al inventor del “palmo y dao”, y al
Padre Venancio Marcos, y a “La melodía misteriosa”,
y a Gila, y a Pepe Iglesias
“El Zorro”, y a Renato Carossone y a
Gloría Lasso, y a Luis Mariano,
que nunca lo dejaron en paz con eso de si
era marica;
y a Juan de Orduña, el de “Locura de amor”,
y a Carpanta, y al gran Mekong
de los Wiganes, y al “París Hollywood”;
y al Padre Ripalda (no, al Padre Ripalda, no);
bueno, pues a los últimos de Filipinas;
y a los amigos ricos que nos dejaron
jugar alguna vez con sus trenes eléctricos,
y a todos los billares y futbolines de España,
y a Marilyn Monroe…


jueves, 4 de noviembre de 2010

“Yo, Claudio” (1976)















OBRA MAESTRA
Título original: “I, Claudius”
Duración: 13 episodios, 650 minutos
País: Gran Bretaña
Director: Herbert Wise
Guión: Jack Pullman, Robert Graves (Novela: Robert Graves)
Música: Harry Rabinowitz
Reparto: Derek Jacobi (Claudio), Ashley Knight (Claudio niño), Sian Phillips (Livia), Brian Blessed (Octavio Augusto), John Hurt (Calígula), George Baker (Tiberio), Patrick Stewart (Sejano), James Faulkner (Herodes Agripa), Ian Ogilvy (Druso), Frances White (Julia), John Paul (Agripa), John Rhys-Davies (Macro), Freda Dowie (Cesonia), Fiona Walker (Agripina la Mayor), Sheila White (Mesalina), Bernard Hepton (Palas), Margaret Tyzack (Antonia), David Robb (Germánico), Patricia Quinn (Livila), Robert Morgan (Calígula de Niño), Christopher Biggins (Nerón), John Castle (Póstumo), Kevin McNally (Cástor), Christopher Guard (Marcelo), John Cater (Narciso), Beth Morris (Drusila), Barbara Young (Agripina la Menor), Simon MacCorkindale (Lucio), Sheila Ruskin (Vipsania), Jo Rowbottom (Calpurnia), Denis Carey (Tito Livio)
Productora: BBC / London Film Productions
Género: drama, histórico

Parece mentira, pero pese a todo lo que siempre había oído y leído sobre esta serie no la había visto hasta ahora, lo cual demuestra como el tiempo de ocio nunca es suficiente para disfrutar de todo lo que merece la pena ver (no digamos ya leer, que se necesitarían varias vidas, lo propongo desde ya).

El caso es que los lectores del periódico La Vanguardia la eligieron en 1999 como mejor serie del siglo XX, figura en varias publicaciones especializadas como una de las mejores miniseries de todos los tiempos, en la encuesta que hicimos hace algún tiempo en Vianews quedó entre los cinco mejores dramas (http://www.via-news.es/index.php/series/206-ranking-definitivo-de-series-de-tv), en su día ganó tres Emmys, cuatro premios BAFTA y cosechó numerosos premios tanto para la producción en sí como para el fabuloso elenco de actores que intervinieron en ella.

La serie la produjo la BBC en 1976 para celebrar su cuarenta aniversario y es una adaptación en formato televisivo guionizada por Jack Pullman de las dos novelas sobre el Imperio Romano, best sellers mundiales, que escribió el británico Robert Graves en 1934 tituladas “Yo, Claudio” (I Claudius) y “Claudio, el dios, y su esposa Mesalina”.

En España fue estrenada en 1978 logrando un tremendo impacto popular en un momento en que las producciones de la BBC tenían amplía y gran acogida en Televisión Española.

Consta de trece episodios que tratan sobre la vida política en Roma centrándose en la dinastía Julio-Claudia y concretamente en el periodo entre el mandato de Octavio Augusto y la llegada al poder de Nerón, repasando la época de los emperadores Augusto, Tiberio, Calígula y Claudio. Aunque es historia novelada e introduce aspectos ficticios los sucesos narrados, los acontecimientos que se nos cuentan son reales, de ahí que la serie tenga un especial interés histórico. Esencialmente Graves inventó la narración de Claudio, a través de cuyos ojos e impresiones conocemos los hechos, pero sea como fuere todo lo que se nos cuenta destripa las corruptelas del poder y puede considerarse una versión de los hechos altamente probable. Es decir, no hay constancia de que muchos de los acontecimientos que se cuentan ocurrieran así, pero responden muy bien a lo que pudo ocurrir en realidad, parecen verosímiles.





Creo que es muy interesante ver la serie por lo ya comentado y puede complementarse con el visionado previo de otra serie magnífica como es “Roma” que se centra con una intención similar aunque un estilo completamente diferente los años previos a lo que se narra en “Yo Claudio” logrando de ese modo una visión de conjunto de toda una época.

En cualquier caso hay que advertir que “Yo, Claudio” es tan brillante como exigente y no por sus complejidades argumentales, que también las tiene, sino porque es una serie que pertenece en cierto modo a otro tiempo, a otra sensibilidad, a un mundo y una sensibilidad artística completamente distinta y me explico. Hoy en día estamos acostumbrados a un ritmo audiovisual muy vivo, se nos ha acostumbrado a un elevado número de planos por minuto, a series en las que siempre ocurre algo relevante y significativo en pantalla y si no se pasa a otra escena, a ritmos narrativos muy vivos. Las nuevas generaciones demandan episodios de unos cuarenta minutos en los que no hay un momento de respiro, apenas hay silencios, miradas o gestos sin palabras, pero “Yo, Claudio” ofrece algo completamente distinto. Hay que asumir para verla que el tratamiento es más literario, esencialmente teatral, siempre rodada en interiores (una seña de identidad que le funcionó muy bien a la BBC durante bastantes años y que no es una pega, la ambientación es magnífica y uno parece viajar en el tiempo); la palabra, el diálogo y las actuaciones de los intérpretes son lo verdaderamente importante y cada escena se toma su tiempo y saca todo el jugo posible de lo que pretende dar a entender, es decir, se trata de lo que hoy en día se consideraría una serie “lenta”, lo cual en este caso y a mi parecer no es una pega, sino todo lo contrario y hay que saber apreciar también lo que nos ofrece.

El personaje principal es Claudio, el nieto de Marco Antonio (imponente Derek Jacobi que se hizo mundialmente famoso gracias a esta serie y firmó el papel de su vida) que nos narra desde su vejez la verdadera historia de su época para que no se pierda en el olvido. Debido a su poliomelitis, tartamudez, sordera y a los tics que le afectan están considerado un inepto por su familia, pero en realidad es un espíritu inquieto, un historiador concienzudo y una persona mesurada que gracias a su inteligencia logra sobrevivir a todas las corruptelas (muchas) del Imperio mientras mueren los que le rodean.

La serie hace un despliegue impresionante de personajes y resulta apasionante gracias a las “serpientes” que se ocultan tras las apariencias y que manejan los destinos de Roma como Livia (monumental Sian Phillips, una de las malas más malas que se han visto nunca), Sejano (jovencísimo Patrick Stewart, el actor insignia de las nuevas generaciones de Star Trek), Calígula (escalofriante John Hurt), Mesalina (turbadora y terrible Sheila White) o el propio Nerón. Sin duda la exposición de las intrigas, la forma en que Claudio nos va desgranando el rosario de ambiciones, traiciones y “puñaladas” es magnífica y poca veces se ha logrado exponer con tanta clarividencia un microcosmos tan tupido y enrevesado como el de la Roma imperial.

Tienen mucha culpa de la serie, a parte del fabuloso guión, claro, los actores, casi todos con una sólida formación shakespereana y habituales en el teatro inglés que por sí sólos atrapan la atención y provocan el máximo interés en la serie. Derek Jacobi en su papel de Claudio ejemplifica la nobleza y la inteligencia y empatiza de inmediato con el espectador, que sufre con él el cúmulo de injusticias que padece en silencio para sobrevivir y por ejemplo Brian Blessed está “enorme” como Octavio Augusto, tanto que su muerte provoca un auténtico “vacío” en la serie que tarde en “llenarse” gracias a una interpretación tan soberbia que parece irradiar luz propia. No obstante no son los personajes positivos el plato fuerte de la función y menos tratándose de una tragedia clásica en la que el veneno y la sangre están a la orden del día. El desglose de actores magníficos en el bando de los “malos” es sencillamente espectacular y cuesta elegir a los más destacados, pero quiero recalcar la brillantez de John Hurt como Calígula y de Sian Phillips como Livia porque resultan ciertamente estremecedores.

En definitiva, una serie que hoy en día cuesta un poquito cogerle el punto porque hay que desligarse en cierto modo del tipo de visionado al que estamos acostumbrados, pero que posee un encanto propio, un estilo distintivo y que termina enganchando por completo una vez asimilada su forma de expresión. Desde luego es una de las mejores series de televisión y merece mucho la pena. No os la perdais.








domingo, 14 de junio de 2009

"Marathon Man" (John Schlesinger, 1976)


****
Duración: 125 minutos
País: Estados Unidos
Guión: William Goldman a partir de su propia novela
Música: Michael Small
Fotografía: Conrad Hall
Reparto: Dustin Hoffman, Laurence Olivier, Roy Scheider, William Devane, Marthe Keller, Marc Lawrence, Fritz Weaver, Richard Bright Productora: Paramount Pictures


Nunca un título ha despistado tanto como el de esta película, pero al margen de esa curiosidad cabe destacarla como una de esas películas fascinantes de intriga y suspense que tan bien sabían hacer en los años 70's aprovechando temas como la guerra fría, los tejemanejes políticos o las actividades en secreto de los antiguos integrantes de III reich alemán. A bote pronto la relaciono con "Todos los hombres del presidente" (de aquel mismo año y también con Dustin Hoffman), "French connection", "Los últimos días del Cóndor", "La conversación", "Klute" y por motivos obvios para quien la vea con "Los chicos del Brasil".

El argumento se centra en Thomas, estudiante universitario apasionado por la marathon con un hermano, Henry (Roy Scheider) que trabaja para el gobierno infiltrado en una red de espionaje y que es quien le hace penetrar en una intriga que desconoce pero por la que queda amenazada su vida.

John Schlensinger, el director, había filmado en 1969 "Cowboy de medianoche" y posteriormente "Domingo, maldito domingo" y "El día de la langosta" y recuperó éxito y notoriedad con esta película basada en un best seller de William Goldman que él mismo adaptó para el cine. Su labor es importante en esta película por el clima de suspense que consigue y por la acertada ambientación, que permite "respirar" el ambiente de la época, un aspecto no muy valorado pero que va ganando "peso específico" con el paso de los años. También son especialmente importantes en este sentido la fotografía de Conrad Hall y la música inquietante de Michael Small.

Uno de los aciertos de esta película es la manera en que el espectador va vislumbrando los resortes argumentales y conociendo los detalles de la intriga. Inicialmente nos identificamos con el personaje de Dustin Hoffman y vamos asistiendo tan perplejos como él a las sorpresas que nos deparan las idas y venidas de los personajes. En la mejor tradición del género, el desarrollo de la película invita al espectador a ir atando cabos que en un principio parecen sueltos y sin relación unos con otros hasta que al final todo encaja.

El reparto es una de las bazas de esta película, con un imponente Laurence Olivier (Doctor Szell) que fue nominado al óscar como mejor actor secundario por su brillante y magnética presencia en la película y con unos no menos destacados Roy Scheider, William Devane y por su puesto un Dustin Hoffman en uno de los mejores momentos de su carrera que no personal (se cuenta a modo de anécdota que Laurence olivier durante el rodaje le dio algún tipo de consejo debido a su estado anímico por los trámites de divorcio de su primera mujer).

La película tiene varios momentos impactantes, pero sobretodo se destacó en su día la escena de la tortura odontológica en la que se hicieron recortes debido al impacto que provocaba en los pases de prueba y a parte yo destacaría también lo bien construidas que están escenas como la del conflicto incial entre los ancianos en coche, la pelea en la habitación de hotel o las persecuciones, todas ellas muy bien planificadas e intensas pese al uso más bien "clásico" de la cámara en contraste con las técnicas del cine actual, lo que demuestra que no mucho movimiento o velocidad son siempre la mejor opción para dar sensación de angustia y dinamismo.
A modo de curiosidad destacar que la cita "is it safe?" (=¿Están seguros?) que en el momento en que el Doctor Szell ni espectadores ni siquiera el propio Thomas sabemos a qué se refiere está considerada una de las cien más recordadas d ela historia del cine por el American Film Institute.
Una muy recomendable película de suspense.