martes, 11 de junio de 2024
“Star Wars V: El imperio contraataca” (Irvin Kershner, 1980)
lunes, 25 de diciembre de 2017
"Qué bello es vivir" (Frank Capra, 1946)

viernes, 22 de diciembre de 2017
“Star Wars IV: Una nueva esperanza” (George Lucas, 1977)
miércoles, 29 de noviembre de 2017
"Casablanca" (Michael Curtiz, 1942)

jueves, 28 de septiembre de 2017
"Blade runner" (Ridley Scott, 1982)
lunes, 24 de agosto de 2015
“El hombre tranquilo” (John Ford, 1952)
domingo, 4 de diciembre de 2011
“Los santos inocentes” (Mario Camus, 1984)
OBRA MAESTRAPaís: España
Duración: 107 min.
Género: Drama, constumbrista
Reparto: Alfredo Landa (Paco el bajo), Terele Pávez (Régula), Belén Ballesteros (Nieves), Juan Sánchez (Quirce), Susana Sánchez (la niña chica), Francisco Rabal (Azarías), Ágata Lys (doña Pura), Agustín González (don Pedro), Juan Diego (señorito Iván), Mary Carrillo (señora Marquesa), José Guardiola, Manuel Zarzo (Doctor), Francisco Torres, José Salvador, José Manuel Sito, José Albiach, Rafael Serna, Maribel Martín
Distribuidora: United International Pictures (UIP)
Productora: Televisión Española (TVE), Ganesh Producciones Cinematográficas
Dirección artística: Rafael Palmero
Efectos especiales: Reyes Abades
Fotografía: Hans Burman
Guión: Antonio Larreta, Manolo Matji, Mario Camus
Maquillaje: Josefa Rubio, Juan Farsac, María José Domínguez, Mariano García Rey
Montaje: José María Biurrún
Música: Antón García Abril
Novela original: Miguel Delibes
Sonido: Carlos Faruolo, Claudia Radoszynski, Eduardo Fernández, Luis Castro
Vestuario: León Revuelta Marina Rodríguez
Desde que vi por primera vez “Los santos inocentes” y ya van cuatro, me pareció que no se podía hacer mejor una adaptación ni una película. De hecho yo diría que es un buen ejemplo de “Obra maestra” de película perfecta porque todo es magnífico.
No sólo es que la película mejora cada vez que la ves, no es sólo que consiga su objetivo a la perfección (no obviemos que el argumento carga contra una sociedad y una época), no es sólo que te deje una huella imborrable, un regusto inolvidable, un poso agridulce a medio camino entre la indignación, la impotencia y el buen “sabor” de todo lo que se disfruta; además, te penetra, se instala en tu memoria y te queda para siempre asida a tus mejores recuerdos del cine español gracias a una colección de escenas y personajes sencillamente antológicos.

Esta película llegó en un momento en el que el cine español pretendía reimpulsarse. Gran culpa del reparto que se reunió y del equipo técnico que se reclutó fue de la entrada en vigor de la “Ley Miró” con la que se pretendía que el cine español mejorara mediante propuestas competitivas también a nivel internacional. El actor Julián Mateos acaba de fundar una nueva productora y precisaba un título de éxito y renombre y vaya si lo tuvo porque fue un éxito de crítica y público con unos datos de taquilla fabulosos
Gran culpa de todo la tiene la novela de Miguel Delibes, por supuesto. No voy a cometer el desliz de decir que el novelista no fuera valorado en vida, que lo fue y mucho, pero siempre he tenido la impresión que su estilo sencillo, su fácil lectura le perjudicaban en la opinión de muchos y en cambio, cuando lees a Delibes sientes que es veraz, que lo que te cuenta no sólo es verosímil sino también revelador. Seguramente es uno de los autores que mejor ha reflejado muchas de las realidades de la España del siglo XX, sobretodo de la rural y con el tiempo es seguro que sus obras se convertirán casi en testimonios históricos.


“Los santos inocentes” se sitúan en un cortijo extremeño en la España de los 60’s y concretamente focaliza el argumento en una familia que vive en la miseria, bajo las órdenes de Don Pedro y el señorito Iván. Son Paco el bajo, su mujer Régula, Azarías (hermano de Régula) y los tres hijos, Quirce, Nieves y la niña chica. Esencialmente se cuentan dos épocas, saltando atrás y adelante en el tiempo, utilizando a cada uno de los personajes para explicar su evolución y al mismo tiempo hacer un retrato de la sociedad del momento, marcada por grandes diferencias sociales y culturales, por la hipocresía y el orgullo de los potentados y la resignación de las clases desfavorecidas.
Mario Camus (“La colmena”, “La casa de Bernarda Alba”, “Sombras en una batalla”, “El color de las nubes”, “Fortunata y Jacinta” (TV) o “Curro Jiménez” (TV)) es un director en especial sintonía con las adaptaciones literarias y hace con la obra de Delibes un gran trabajo que en su día fue muy aplaudido incluso a nivel internacional, no en vano Alfredo Landa y Francisco Rabal ganaron el premio de interpretación ex aequo en el Festival de Cannes (todo el reparto no obstante está perfecto, en concreto Juan Diego raya al mismo nivel si no superior que los dos protagonistas).
Ante todo Camus sabe captar a la perfección el ambiente rural y social de la época por lo que la película constituye un auténtico viaje en el tiempo y el espacio para asistir a la sórdida realidad de las familias más humildes y a la cínica prepotencia de los terratenientes durante la España franquista. No sólo es que de pronto nos encontremos en los años 60’s sino que esos ambientes campestres son perfectamente reconocibles para quien haya vivido en entornos rurales. Dirección artística, puesta en escena y esa fotografía a veces lúgubre y a veces luminosa de Hnas Burmann perfectas.

El interés de la película reside por su puesto en su temática y carga de profundidad, pero también en unos personajes con un magnetismo incuestionable y una colección de escenas antológicas que resuelven de manera perfecta lo que pretende sugerir con ellas. Pocas veces se ha explicado mejor la forma con la que una clase social se imponía sobre otra y lo injusto y caprichoso del proceder de los señores, personificado en la figura del señorito Iván figura caprichosa, egoísta y altanera que representa a un clase social henchida de orgullo que se cree en posesión de unos privilegios que realmente no respetan a nada ni a nadie salvo a su propia conveniencia). La película es una auténtica delicia no sólo por lo atinado de cada escena, de cada diálogo y de cada actuación sino también por todo eso que no se dice, por esos gestos que sin decir nada dicen tantas cosas. El reparto es perfecto y todos sus trabajos memorables..
La historia es especialmente reveladora porque al tiempo que describe una época y un status quo, enfrenta los valores de dos clases sociales destinadas a chocar por la pura inercia de sus comportamientos. Junto a la soberbia, el egoísmo y el afán por sobresalir de unos cohabitan la humildad, la sumisión y la docilidad de los otros pero inevitablemente es una situación insostenible porque ante los desmanes sólo cabe reaccionar, aunque sea desde la más pura inocencia. El señorito Iván y Azarías son precisamente los dos polos de esas dos realidades y el conflicto se produce precisamente entre ellos.
Una vez vista “Los santos inocentes” te dejan la sensación de haber visto una de las mejores películas que has visto nunca y ya adelanto que sucesivos visionados reafirman esa impresión e incluso la mejoran; pero también te hace zozobrar en cierto modo, recordándote que hubo un tiempo en que los Paco el bajo, Régula, Azarías y el señorito Iván fueron posibles y que todavía lo son al modo actual porque diferencias sociales siempre las va a haber y desgraciadamente los “señoritos” son una clase inextinguible porque también para tener posición hay que tener clase, humanidad y solidaridad con los demás.
MIS ESCENAS FAVORITAS ¡¡¡CUIDADO, CONTIENE SPOILERS!!!!
La película está plagada de grandes escenas, todas están resueltas con indudable maestría por Mario Camus, pero por citar unas cuantas me quedaría con estas:
- Paco el bajo acudiendo a ver al antiguo señor de Azarías para saber por qué le ha despedido.
- Azarías orinándose en las manos y asegurando con total inocencia a su sobrino que lo hace por las mañanas “pa que no me se agrieten” justo antes de contar una mazorcas de maíz que mete en un saco y en las que pasa del diez al treinta y cinco.
- La visita de la marquesa con motivo de la comunión es toda en sí especialmente brillante: la llegada a la casa con toda la cuadrilla en fila y el sacerdote dejándose besar el anillo hasta que se cansa; la propina para los currantes; la visita a la vivienda de Paco el bajo en la que descubren el estado en que viven cuando la niña chica comienza a gritar (¡¡¡y es infinitamente mejor que la choza en la campiña!!!) o el contraste entre la fiesta de los jornaleros y la comida de los señores.
- La escena de la película es sin duda aquella en la que, mientras hacen una foto a toda la familia, Azarías sale corriendo tras su “milana bonita” que ha salido volando y en medio del cortijo consigue que vuelva a posarse en su hombro.
- El flashback dedicado a Paco a través del cual comprendemos por qué cojea y que pone de manifiesto de una forma clara el egoísmo y capricho del señorito Iván, que a pesar del afecto que parece tener con él realmente sólo aprecia a Paco porque le beneficia en los días de caza.
- La escena en la que el señorito Iván demuestra a sus colegas de caza las habilidades de Paco el bajo como “secretario” y el orgullo que muestra éste al recordar de memoria el paradero de las cuarenta codornices a las que ha abatido el señorito y esa otra extraviada de un competidor a la que localiza olisqueando el suelo.
- Hay dos escenas escalofriantes sobre cómo la clase social más elevada se jacta incluso de estar haciendo una gran labor con los sirvientes a su cargo: el momento en que el señorito Iván llama a Paco y Régula para que escriban sus nombres ante el embajador y cuando le asegura al señor ministro que los nuevos jóvenes parecen no agradecer su trato con ellos.
- Paco el bajo aconsejándole a su hija que con los asuntos de los señores se dedique a ver, oír y callar.
- El momento más enternecedor e impactante de la película es cuando el señorito Iván deja llorando a Azarías después de una nefasta jornada de caza en la que maldice su suerte por no contar con Paco a causa de su lesión en la pierna.
- El inesperado suceso del final de la película, que no se ve venir pero es una consecuencia lógica de todo lo que se ha ido gestando a lo largo del argumento.
jueves, 4 de noviembre de 2010
“Yo, Claudio” (1976)


OBRA MAESTRA
Título original: “I, Claudius”
Duración: 13 episodios, 650 minutos
País: Gran Bretaña
Director: Herbert Wise
Guión: Jack Pullman, Robert Graves (Novela: Robert Graves)
Música: Harry Rabinowitz
Reparto: Derek Jacobi (Claudio), Ashley Knight (Claudio niño), Sian Phillips (Livia), Brian Blessed (Octavio Augusto), John Hurt (Calígula), George Baker (Tiberio), Patrick Stewart (Sejano), James Faulkner (Herodes Agripa), Ian Ogilvy (Druso), Frances White (Julia), John Paul (Agripa), John Rhys-Davies (Macro), Freda Dowie (Cesonia), Fiona Walker (Agripina la Mayor), Sheila White (Mesalina), Bernard Hepton (Palas), Margaret Tyzack (Antonia), David Robb (Germánico), Patricia Quinn (Livila), Robert Morgan (Calígula de Niño), Christopher Biggins (Nerón), John Castle (Póstumo), Kevin McNally (Cástor), Christopher Guard (Marcelo), John Cater (Narciso), Beth Morris (Drusila), Barbara Young (Agripina la Menor), Simon MacCorkindale (Lucio), Sheila Ruskin (Vipsania), Jo Rowbottom (Calpurnia), Denis Carey (Tito Livio)
Productora: BBC / London Film Productions
Género: drama, histórico
Parece mentira, pero pese a todo lo que siempre había oído y leído sobre esta serie no la había visto hasta ahora, lo cual demuestra como el tiempo de ocio nunca es suficiente para disfrutar de todo lo que merece la pena ver (no digamos ya leer, que se necesitarían varias vidas, lo propongo desde ya).
El caso es que los lectores del periódico La Vanguardia la eligieron en 1999 como mejor serie del siglo XX, figura en varias publicaciones especializadas como una de las mejores miniseries de todos los tiempos, en la encuesta que hicimos hace algún tiempo en Vianews quedó entre los cinco mejores dramas (http://www.via-news.es/index.php/series/206-ranking-definitivo-de-series-de-tv), en su día ganó tres Emmys, cuatro premios BAFTA y cosechó numerosos premios tanto para la producción en sí como para el fabuloso elenco de actores que intervinieron en ella.
La serie la produjo la BBC en 1976 para celebrar su cuarenta aniversario y es una adaptación en formato televisivo guionizada por Jack Pullman de las dos novelas sobre el Imperio Romano, best sellers mundiales, que escribió el británico Robert Graves en 1934 tituladas “Yo, Claudio” (I Claudius) y “Claudio, el dios, y su esposa Mesalina”.
En España fue estrenada en 1978 logrando un tremendo impacto popular en un momento en que las producciones de la BBC tenían amplía y gran acogida en Televisión Española.
Consta de trece episodios que tratan sobre la vida política en Roma centrándose en la dinastía Julio-Claudia y concretamente en el periodo entre el mandato de Octavio Augusto y la llegada al poder de Nerón, repasando la época de los emperadores Augusto, Tiberio, Calígula y Claudio. Aunque es historia novelada e introduce aspectos ficticios los sucesos narrados, los acontecimientos que se nos cuentan son reales, de ahí que la serie tenga un especial interés histórico. Esencialmente Graves inventó la narración de Claudio, a través de cuyos ojos e impresiones conocemos los hechos, pero sea como fuere todo lo que se nos cuenta destripa las corruptelas del poder y puede considerarse una versión de los hechos altamente probable. Es decir, no hay constancia de que muchos de los acontecimientos que se cuentan ocurrieran así, pero responden muy bien a lo que pudo ocurrir en realidad, parecen verosímiles.
Creo que es muy interesante ver la serie por lo ya comentado y puede complementarse con el visionado previo de otra serie magnífica como es “Roma” que se centra con una intención similar aunque un estilo completamente diferente los años previos a lo que se narra en “Yo Claudio” logrando de ese modo una visión de conjunto de toda una época.
En cualquier caso hay que advertir que “Yo, Claudio” es tan brillante como exigente y no por sus complejidades argumentales, que también las tiene, sino porque es una serie que pertenece en cierto modo a otro tiempo, a otra sensibilidad, a un mundo y una sensibilidad artística completamente distinta y me explico. Hoy en día estamos acostumbrados a un ritmo audiovisual muy vivo, se nos ha acostumbrado a un elevado número de planos por minuto, a series en las que siempre ocurre algo relevante y significativo en pantalla y si no se pasa a otra escena, a ritmos narrativos muy vivos. Las nuevas generaciones demandan episodios de unos cuarenta minutos en los que no hay un momento de respiro, apenas hay silencios, miradas o gestos sin palabras, pero “Yo, Claudio” ofrece algo completamente distinto. Hay que asumir para verla que el tratamiento es más literario, esencialmente teatral, siempre rodada en interiores (una seña de identidad que le funcionó muy bien a la BBC durante bastantes años y que no es una pega, la ambientación es magnífica y uno parece viajar en el tiempo); la palabra, el diálogo y las actuaciones de los intérpretes son lo verdaderamente importante y cada escena se toma su tiempo y saca todo el jugo posible de lo que pretende dar a entender, es decir, se trata de lo que hoy en día se consideraría una serie “lenta”, lo cual en este caso y a mi parecer no es una pega, sino todo lo contrario y hay que saber apreciar también lo que nos ofrece.
El personaje principal es Claudio, el nieto de Marco Antonio (imponente Derek Jacobi que se hizo mundialmente famoso gracias a esta serie y firmó el papel de su vida) que nos narra desde su vejez la verdadera historia de su época para que no se pierda en el olvido. Debido a su poliomelitis, tartamudez, sordera y a los tics que le afectan están considerado un inepto por su familia, pero en realidad es un espíritu inquieto, un historiador concienzudo y una persona mesurada que gracias a su inteligencia logra sobrevivir a todas las corruptelas (muchas) del Imperio mientras mueren los que le rodean.
La serie hace un despliegue impresionante de personajes y resulta apasionante gracias a las “serpientes” que se ocultan tras las apariencias y que manejan los destinos de Roma como Livia (monumental Sian Phillips, una de las malas más malas que se han visto nunca), Sejano (jovencísimo Patrick Stewart, el actor insignia de las nuevas generaciones de Star Trek), Calígula (escalofriante John Hurt), Mesalina (turbadora y terrible Sheila White) o el propio Nerón. Sin duda la exposición de las intrigas, la forma en que Claudio nos va desgranando el rosario de ambiciones, traiciones y “puñaladas” es magnífica y poca veces se ha logrado exponer con tanta clarividencia un microcosmos tan tupido y enrevesado como el de la Roma imperial.
Tienen mucha culpa de la serie, a parte del fabuloso guión, claro, los actores, casi todos con una sólida formación shakespereana y habituales en el teatro inglés que por sí sólos atrapan la atención y provocan el máximo interés en la serie. Derek Jacobi en su papel de Claudio ejemplifica la nobleza y la inteligencia y empatiza de inmediato con el espectador, que sufre con él el cúmulo de injusticias que padece en silencio para sobrevivir y por ejemplo Brian Blessed está “enorme” como Octavio Augusto, tanto que su muerte provoca un auténtico “vacío” en la serie que tarde en “llenarse” gracias a una interpretación tan soberbia que parece irradiar luz propia. No obstante no son los personajes positivos el plato fuerte de la función y menos tratándose de una tragedia clásica en la que el veneno y la sangre están a la orden del día. El desglose de actores magníficos en el bando de los “malos” es sencillamente espectacular y cuesta elegir a los más destacados, pero quiero recalcar la brillantez de John Hurt como Calígula y de Sian Phillips como Livia porque resultan ciertamente estremecedores.
En definitiva, una serie que hoy en día cuesta un poquito cogerle el punto porque hay que desligarse en cierto modo del tipo de visionado al que estamos acostumbrados, pero que posee un encanto propio, un estilo distintivo y que termina enganchando por completo una vez asimilada su forma de expresión. Desde luego es una de las mejores series de televisión y merece mucho la pena. No os la perdais.




jueves, 18 de febrero de 2010
“El gran dictador” (Charles Chaplin, 1940)

Título original: The great dictator
Dirección, producción y guión: Charles Chaplin (Estados Unidos, 1940)
Fotografía: Karl Struss y Roland Totheroh
Música: Meredith Wilson y Charles Chaplin
Dirección artística: J. Russell Spencer
Montaje: Willard Nico
Interpretación: Charles Chaplin (El barbero judío / Adenoid Hynkel, dictador de Tomania), Paulette Goddard (Hannah), Jack Oakie (Benzino Napaloni, dictador de Bacteria), Reginald Gardiner (Schulz), Henry Daniell (Garbitsch), Billy Gilbert (Herring), Maurice Moscovich (Señor Jaeckel), Emma Dunn (Señora Jaeckel), Bernard Gorcey (Señor Mann).
Duración: 124 minutos
“El gran dictador” es una de las obras maestras de Charles Chaplin, sobretodo por el momento en que se realizó, recién comenzada la segunda guerra mundial, y por la acertada sátira política que hace del nacionalsocialismo. Particularmente no es de mis películas preferidas de Charles Chaplin, entre las que sí se encontrarían “La quimera del oro” o “Luces de la ciudad”, que me parecen más redondas, pero hay que reconocer que películas como ésta demuestran que Chaplin era un genio. Cabe destacar que fue casi en exclusiva el alma de este proyecto al producir, dirigir y firmar el guión.
Al margen de que guste más o menos (a mí me parece exquisita la primera parte, pero un tanto pesado el tramo final en la que se centra más en los trapicheos políticos), hay que reconocer que “El gran dictador” es un proyecto complejo y difícil del que Chaplin salió más que airoso. Debemos tener en cuenta que era la segunda película hablada de Chaplin y que en la anterior, “Tiempos modernos”, había utilizado todavía el personaje de Charlot y apenas hablaba. A parte llegó en un momento muy difícil y desarrollaba una temática de la que era muy complicado extraer motivos para reír. La película ridiculiza la figura de Hitler y ataca al nacionalsocialismo al tiempo que apuesta por la democracia y la libertad, pero lo hace, como es habitual en Chaplin, con inteligencia, un fino sentido del humor y sobretodo mucha humanidad. Se estrenó en octubre de 1940 en Nueva York.
El argumento trata sobre un barbero judío que tras salvar a un superior (oficial Schultz) en la primera guerra mundial y permanecer amnésico durante 20 años en un hospital, regresa a su casa en Tomania en plena ascensión del dictador Astolfo Hynkel, que pretende discriminar a los judíos de los ghettos pero que antes, les concede un periodo de paz, con el fin de conseguir un préstamo de uno de ellos para subvencionar la conquista del país libre de Osterlich, que también pretende Benzino Napaloni, el dictador de la aliada Bacteria.
Chaplin reconoció que de haber sabido la situación de los campos de concentración nazis seguramente no habría rodado la película puesto que la tragedia era mucho peor de lo que en ese momento se pensaba (Así lo aseguraba en sus memorias publicadas en 1964: "Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar la película: no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis; no obstante, estaba decidido a ridiculitzar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura".) En cualquier caso y pese a que, conocidos los acontecimientos históricos, sea dudoso hacer una comedia basada en la tragedia judía “El gran dictador” logra su propósito al cien por cien y pone en tela de juicio no sólo el nazismo sino cualquier dictadura, cualquier comportamiento ajeno a la democracia o la libertad que deben reinar en toda sociedad. El discurso que al final de la película hace el personaje del barbero, haciéndose pasar por Astolfo Hynkel, es el único posible en una sociedad avanzada y seguramente fue un buen punto de apoyo ideológico para muchos norteamericanos que después tuvieron que luchar contra los nazis. Hoy resulta grandilocuente y puede parecer un tanto exagerado aunque es un discurso brillante y cargado de emotividad y lo más sorprendente y a la vez terrible es que en su momento fue absolutamente necesario, sobretodo por puro contraste con el discurso nacionalsocialista, idéntico en forma pero opuesto en contenido:
DISCURSO DEL MINISTRO DE PROPAGANDA GARBITSCH
"Hoy en día, democracia, libertad y igualdad son palabras que enloquecen al pueblo. No hay ninguna nación que progrese con estas ideas, que le apartan del camino de la acción. Por esto las hemos abolido. En el futuro cada hombre tendrá que servir al Estado con absoluta obediencia"
DISCURSO DEL BARBERO
"Lo lamento, pero yo no quiero ser un emperador, ése no es mi negocio, no quiero gobernar o conquistar a alguien. Me gustaría ayudar a todos si fuera posible: a los judíos y a los gentiles, a los negros y a los blancos. Todos deberíamos querer ayudarnos, así son los seres humanos. Queremos vivir con la felicidad del otro, no con su angustia. No queremos odiarnos y despreciarnos. En este mundo hay sitio para todos, y la tierra es rica y puede proveer a todos. El camino de la vida podría ser libre y hermoso..."
“Nos hemos de ayudar los unos a los otros, los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacerlos desgraciados. No queremos odiar ni despreciar nadie. En este mundo hay sitio para todo el mundo (...) El camino de la vida puede ser libre y bonito, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las almas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia la miseria y las matanzas. Hemos progresado muy deprisa pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos: el maquinismo que crea abundancia nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos, nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado y sentimos muy poco. Más que máquinas, necesitamos humanidad, más que inteligencia, tener bondad y dulzura. Sin estas cualidades, la vida será violenta, se perderá todo. (...) La desgracia que padecemos no es nada más que la pasajera codicia y la amargura de los hombres que tienen miedo de seguir el camino del progreso humano. El odio de los hombres pasará y caerán los dictadores y el poder que tomaron al pueblo será reintegrado al pueblo y así, mientras el hombre exista, la libertad no desaparecerá".
Se cuenta que el mismísimo Adolf Hitler pidió ver la película en un par de ocasiones y guardaba una copia en su filmoteca particular aunque no se conoce su opinión sobre la misma y en Alemania no se estrenó hasta 1958 y en lo que a España respecta, mientras medio mundo la veía, estuvo prohibida hasta la muerte de Franco en 1975 consiguiendo de esa forma una especial relevancia e interés para quienes no pudieron verla durante décadas. El rodaje no fue fácil para Chaplin y mucha gente le insistió para que no la rodara, aunque se sabe que el propio presidente norteamericano Franklin D. Roosevelt le animó para que siguiera delante.
La película estuvo nominada a cinco óscars entre los que estaba mejor película (venció “Rebeca” de Alfred Hitchcock), guión original, actor (Chaplin hace un doble papel como barbero y como Astolfo Hymler), actor secundario (Jack Oakie como Benzino Napaloni) y banda sonora.
La importancia de esta película como canto de esperanza por la paz fue minimizado en su día al ser prohibida por todos los países afines a Alemania e Italia, pero ha quedado después como un título indispensable y un símbolo para la posteridad y es seguramente junto a “Ser o no ser” de Ernest Lutbisch y a “La vida es bella” de Roberto Benigni las comedias que mejor han “desmontado” el sinsentido nazi.
A nivel esencialmente cinematográfico representa en muchos aspectos una dualidad: la del cine mudo y la del cine sonoro, la del mundo político y la del mundo del hombre de la calle, la del dictador y la de un simple barbero. La película de hecho se divide en dos argumentalmente en función de estos dos personajes mencionados y o bien nos cuenta los tejemanejes políticos de Astolfo Hymler o los cotidianos del barbero (particularmente me quedo más con todo lo que tiene que ver con el segundo, en cuyos skecths me parece que Chaplin está más cómodo y puede desarrollar un humor con el que está más familiarizado. En esta película, no obstante, la escena que probablemente quede en recuerdo de todos es aquella en la que Hymler ejecuta una curiosa danza con un globo terráqueo o aquella en la que desarrolla sus discursos en un idioma inventado por Chaplin que hace toser siempre al personaje.
A mí personalmente me encanta el arranque, cuando el barbero y Schultz huyen en el avión boca abajo y me parecen geniales las peleas del barbero con los guardias de asalto en la calle, todo lo que tiene que ver con éste y Hannah (maravillosa Paulette Goddard, tercera mujer de Chaplin) y por supuesto dos escenas que me parecen antológicas: aquel en que realiza un afeitado siguiendo los compases de la Danza húngara nº 5" (Brahms) y cuando se juegan quién realizará una tarea de sabotaje comiendo un pudín que contiene una moneda. Todo lo que forma parte de la crítica a la clase política al final de la película, con Hymler y Napolini enfrentados, aunque es tremendamente eficaz me parece menos sobresaliente.
En definitiva, una película que puede gustar más o menos en función del tipo de humor que más guste, pero que es absolutamente magistral y absolutamente necesaria.
ESCENA DEL DISCURSO FINAL
ESCENA DEL AFEITADO
ESCENA DEL GLOBO TERRAQUEO
miércoles, 9 de julio de 2008
"Doctor en Alaska"

*****
Género: Comedia costumbrista
Nº episodios 110 (6 temporadas)
Duración por episodio 44 minutos
Producción CBS y Universal Studios
País EE. UU.
Creado por Joshua Brand y John Falsey
Producción ejecutiva Diane Frolov y Andrew Schneider
Reparto Rob Morrow, Janine Turner, Barry Corbin, John Corbett, Darren E. Burrows, John Cullum, Doug Ballard, Richard Cumming Jr.
Música: David Schwartz
Había una vez un tiempo en que las cadenas de televisión (algunas como Antena 3 o Tele 5) no contraprogramaban aún y las series no faltaban a su cita en horario habitual. En concreto hablo de 1993 y a los programadores de TVE se les ocurrió que el mejor horario para una serie como “Doctor en Alaska” era en torno a la medianoche de los viernes, un horario “difícil” pero si uno lo piensa a fondo apropiado y perfecto para que esta serie se convirtiera en lo que nos gusta que sea, una serie “de culto”.
Debo reconocer que yo jamás me enganché a ese horario porque por entonces tenía otras prioridades pero mi primo (que no paraba de recomendármela) o mi madre sí lo hicieron y cada viernes en torno a las doce sonaba esa musiquilla casi hipnótica que abre cada capítulo. En mi familia fueron ellos los seguidores fieles a la cita con Cicely y supongo que en muchas familias pasó lo mismo porque la serie creó una legión de fans.
Con posterioridad la serie se emitió casi siempre en los veranos y siempre terminaba cancelada con la llegada del nuevo curso laboral. En ese momento es cuando yo me enganché y me convertí en seguidor apasionado, tanto que grababa los episodios y los veía en las cálidas noches de verano. No sé por qué pero siempre he pensado que esta serie ha de verse o en la sobremesa o por la noche, quizás porque entonces todo parece más recogido o está más en calma y porque uno desarrolla una cierta relación de intimidad con esta serie y lo que gusta es disfrutarla casi en privado, prestando la máxima atención a cada diálogo y disfrutando en toda su intensidad todo lo que acontece. Los programadores de TVE seguramente pensaron en su día en audiencias, pero lo cierto es que atinaron con el horario perfecto para “Doctor en Alaska” porque así se convirtió en lo que debía ser, una serie de culto, aunque sus seguidores crezcan conforme pasa el tiempo y logramos contagiar nuestro entusiasmo por ella.
Recuerdo que en las reposiciones era fácil ver las tres primeras temporadas, pero ya no tanto el resto y para verlas con toda la calidad precisa la única manera es el DVD. Al menos ya han sacado a la venta las dos primeras temporadas y acaba de salir a la venta la tercera, así que el proyecto parece ser posible. Como muchos no habréis visto la tercera me gustaría simplemente recordar las dos primeras temporadas.
La acción comienza cuando el joven doctor Joel Fleischman tiene que abandonar a su novia y su Nueva York para ir a trabajar a Alaska, ya que el estado ha financiado sus estudios a cambio de que ejerza los cuatro primeros años de profesión en el lugar que le asigne y éste no es otro que Cicely.
Como ocurre con muchas series con las que se arriesga desde producción, las dos primeras temporadas de “Doctor en Alaska” constaban de ocho y siete capítulos respectivamente y ya con el éxito de la misma en Estados Unidos, la CBS decidió producir 23 episodios para la tercera temporada y se llegaron a hacer seis temporadas.
En apenas quince episodios la primera y segundas temporadas te terminan enganchando con momentos maravillosos y divertidos como los relativos a la llegada de Fleischman y su descoloque inicial, la maldición que o’Connel parece tener con sus parejas, el encuentro de Chris con su “hermano” Bernard; pero yo pienso que es a lo largo de los veintitrés capítulos de la tercera temporada cuando uno definitivamente se convierte en lugareño de Cicely.
Una serie antológica

domingo, 27 de abril de 2008
"En busca del arca perdida" (Steven Spielberg, 1981)
OBRA MAESTRATítulo original: Raiders of the Lost Ark
Nacionalidad: USA
Duración: 115 min.
Género: AventuraS
Guión: Lawrence Kasdan
Intérpretes: Karen Allen, Ronald Lacey, Alfred Molina,Denholm Elliott, Paul FreemaN, Harrison Ford,John Rhys-Davies
Música: John Williams
Fotografía: Douglas Slocombe
Montaje: Michael Kahn
Producción: Frank Marshall
Producción ejecutiva: George Lucas
¿Qué os puedo contar de “En busca del arca perdida” que no sepáis? ¿Quién no la ha visto? No sólo eso ¿quién no la ha visto y la ha disfrutado más de una vez? Es un clásico del cine, un título indispensable en cualquier buena colección. Una película que hay que ver y que nadie tiene miedo de recomendar porque ¿Hay alguien a quien no le guste? Para mi gusto es de esas películas inolvidables que son absolutamente perfectas.
Hagamos un poco de historia y dejadme ponerme en plan “abuelo cebolletas”, pero es que “En busca del arca perdida” tiene además un fuerte arraigo sentimental en mí y en toda una generación que no podemos dejar a un lado. Se estrenó en 1981 y para entonces aún en muchas casas en España veíamos televisión en blanco y negro y en la televisión eran normales ciclos de películas de aventuras como las de Errol Flynn No estábamos acostumbrados a las películas de acción y aventuras en el cine, el montaje era mucho más pausado que el de ahora, no existían las series de fantástico y acción que ahora pueblan las televisiones y si uno quería ver películas era mucho más complicado que ahora si uno no quería pasar por taquilla. El cine aún era un sacrosanto espacio al que se iba a ver esos grandes títulos que sólo se podían ver en él. Es importante saber el contexto para entender lo que supuso Spielberg y en este caso “En busca del arca perdida”.
Recuerdo que allá por las navidades de 1981 quien no había ido o iba a ver “En busca del arca perdida” era algo así como un paria. Mis padres, que no solían ir demasiado al cine, hicieron colas y tardaron dos semanas en conseguir entradas así que imaginaros qué acontecimiento el mero hecho de ir a verla. Todo el mundo hablaba de ella y se decía maravillas. Para colmo en Zaragoza su estreno en octubre de ese año es todavía más mítico porque se produjo en un cine, el Fleta, ahora en reconstrucción. Vamos, a lo que voy con toda esta introducción personal es que para nadie esta película era una película más y que para nada ir a ver esta película era como ir a ver cualquiera de las muchas películas de acción que vemos.
“En busca del arca perdida” cambió la forma de entender el cine de aventuras y reformuló el género como en su día hiciera “Star Wars” con la ciencia-ficción y me refiero claro al episodio IV, el primero. Spielberg llenaba con artículos sobre su corta filmografía las revistas. Era el director de “El diablo sobre ruedas”, “Encuentros en la tercera fase” y sobretodo “Tiburón”, pero aún era alguien abriéndose paso en el aprecio de crítica y público a base de grandes hits como éste y sólo era el principio, ya sabéis lo que ha sido después.
Aquel año 1981 en lo que a cine se refiere fue magnífico. Como botón de muestra deciros que “En busca del arca perdida” aspiraba a 8 óscars de los que ganó cuatro (montaje, dirección artística, efectos visuales y sonido) más otro especial, pero no fue la película triunfadora de la edición (lo fue “Carros de fuego”) y tampoco la que más nominaciones tenía (le superaban “Rojos” con doce y “En el estanque dorado” con nueve). Además fue el año de “Ragtime”, “Atlantic city”, “Ausencia de malicia”, “Excalibur”, “Atmósfera cero” o “La mujer del teniente francés” (os recomiendo todas ellas). A “En busca del arca perdida” se la apreció, pero sobretodo como producto de evasión, de consumo de masas, pero la crítica sólo la apreció tímidamente y su reconocimiento ha llegado después cuando se ha entendido su contribución y se ha constatado que Spielberg no es sólo un director de productos de entretenimiento.
Cuando uno estudia pormenorizadamente los títulos de crédito la verdad es que las personas que participaron en esta producción quitan el hipo por lo que han sido después. Os dejo a vosotros la tarea de rastrear los créditos (siempre hay que hacerlo mientras se disfruta de la banda sonora que cierra la película, acostumbraros a ello porque merece la pena y porque a veces hay “recompensa”) pero sí voy a llamar la atención en que tras el guión estaba Lawrence Kasdan, que tras la producción estaba George Lucas (y seguirá estando cuando dentro de poco estrenen la cuarta parte), que en el montaje estaba Michael Kahn y que componiendo la música y en absoluto y total estado de gracia estaba John Williams. ¿Hay alguien que no identifique a Indiana Jones con la fanfarria que compuso John Williams? ¿Hay alguien a quien no se le pongan los pelos de punta escuchando la banda sonora? Lo señalo porque es lo que te produce esta película después de haberla visto cinco o seis veces como yo. Todavía te emociona, te eriza todo el cuerpo y te lo hace pasar como un crío. Es como regresar a la infancia y revivirla. Eso no tiene precio y sólo es posible por lo magníficamente hecha que está.
La vimos ayer un grupo de amigos y creo que la volvimos a disfrutar como el primer día. Yo todavía me maravillo de escenas como la inicial con la huida de Indiana Jones por los prados hacia el helicóptero, la pelea junto al avión con el mostrenco nazi, las varias persecuciones que hay o la escena de la camioneta iniciada cuando Indiana aparece a galope con un caballo bajando por un montículo y los nazis dan un respingo en los asientos de sus vehículos como entendiendo que nada va a detener al héroe....esos momentos son irrepetibles, son historia del cine, historia de nuestra vidas y más aún con la banda sonora poniéndonos la carne de gallina y haciendo estallar los índices de adrenalina de nuestro cuerpo. ¿Cuándo habéis sentido sensaciones similares en un cine o viendo otra película? Esta película es única.
Podría hablar horas y horas sobre ella, sobre lo bien que combina aventura, emoción y esas gotitas de comedia que humanizan a los personajes y los hacen tan cercanos a nosotros; sobre esas geniales líneas de diálogo y la multitud de guiños de todo tipo que se nos hacen; sobre lo bien hilvanadas que están cada una de las escenas para conseguir que la historia se pase en un suspiro (porque si algo es esta película es la quintaesencia del entretenimiento); sobre la magnífica construcción de personajes (el de Indiana Jones, un icono cultural del siglo XX), sobre lo magníficos que son todos los aspectos técnicos con los que se dio un acabado perfecto al conjunto. Es una película para disfrutar y sobre la que hablar todo el tiempo del mundo, aunque nada mejor que disfrutarla si no se ha visto o volverla a ver con la más mínima escusa y qué mejor que la llegada a finales del mes de Mayo de este 2008 de la cuarta entrega. Por cierto, creo que Shia Lebouf, no sé por qué, va a tomar el testigo de Harrison Ford y es PERFECTO.





