Cine independiente y de autor que reúne tantos motivos para que la crítica lo alabe como para que el espectador medio lo considere un ladrillo (sus casi cuatro horas de metraje no ayudan). No es una película para cualquier momento ni para cualquier tipo de público ya que básicamente busca a través de la metáfora visual y argumental explicar una época, un arte concreto y el desengaño de una generación respecto al sueño americano. Se requiere un espectador con cierto interés por todo ello y capaz de disfrutar con cierta experimentación en el encuadre y la fotografìa y al que no le pese una cadencia lenta que a veces se recrea en exceso en una misma toma buscando cierta poesía visual. Arranca bien, con la llegada a Estados Unidos del arquitecto Laszlo Toth (magnífico Adrian Brody) huyendo de la posguerra en Europa, sumergiéndote literalmente en una atmósfera distinta y enganchándote con sus problemas de adaptación. Conforme avanza la película todo se enrarece y la historia se vuelve fría y deshumanizada como los edificios que construye Toth, pierdes incluso empatía con el protagonista y asistes a cómo lo que era esperanza por una vida mejor se convierte en desesperanza y desencanto. Todo está orquestado así, en una brillante concepción que unifica fondo y forma, pero desgraciadamente como espectador te saca de la película porque lo más importante no es el argumento. Una obra "monumental" como dice su póster y parte de la crítica, pero también pretenciosa y difícil de digerir. Salvando las distancias viene a ser un "Érase una vez en América" a lo Terrence Malick. Consiguió los óscars a mejor actor principal, fotografía y banda sonora y además obtuvo siete nominaciones más (película, director, actor y actriz de reparto, guión original, montaje y diseño de producción).
Esta película británica fue la gran triunfadora de los Óscars de 2010 obteniendo los premios de mejor película, mejor director, mejor guión original y mejor actor protagonista con doce nominaciones que se completaban con mejor actor de reparto, actriz de reparto, montaje, fotografía, banda sonora, diseño de producción, vestuario y sonido. Así planteado resulta casi inevitable una vez vista preguntarse cómo pudo conseguirlo porque no es una de esas películas que provocan entusiasmos unánimes entre todos los espectadores, pero hay varios datos a tener en cuenta: uno es la competencia que tenía y otro su capacidad para irte conquistando conforma avanza, su carácter de película todos los públicos, de tono amable, centrada en una historia de superación con la que todo el mundo puede empatizar, elegante, bien construida en todo lo formal y también en lo narrativo y con una acertadísima mezcla entre comedia y drama político. En cualquier caso, por lo que es recordada es por el brillante duelo interpretativo entre dos actores en estado de gracia: Colin Firth y Geoffrey Rush, aunque no sería justo olvidar un elenco destacadísimo. Tampoco está nada mal la recreación de época, que nos sitúa en la Inglaterra en 1936, tras la muerte del rey Jorge V y la escandalosa abdicación de su sucesor, Eduardo VIII para casarse con una divorciada. Con la Segunda Guerra Mundial en el horizonte asciende al trono Jorge VI, que debe asumir el liderazgo del país en un momento muy delicado y, de cara a sus discursos, sufre problemas de tartamudez, por lo que es imprescindible un logopeda de métodos poco ortodoxos.
Puede comprenderse el afán por hacer un remake hoy día de la película de 1971 por aquello de que Isabel I y María Estuardo son dos personajes femeninos con gran personalidad y fuerza, reinas de Inglaterra y Escocia respectivamente, y porque el éxito de series y películas de época como "Juego de tronos", con una ambientación en escenarios naturales muy vistosa, dan pie a ello; pero lo que no puedo entender es que se desaproveche de este modo a dos actrices que están estupendas con una narración que debería haber aprovechado del modus cinematográfico actual mucha más pasión, mucha más épica y que, en cambio, concentra sus aportaciones en una forma de ver la historia que, en el fondo, la tergiversa. Se puede ver, pero a mí me acaba aburriendo y desesperando porque no me emociona y me deja frío y comparativamente la versión de 1971 le da mil vueltas. Eso sí, la recreación de época es buena con nominaciones en los Óscars a maquillaje y vestuario incluidas.
No son muchos los títulos que llegan actualmente al cine con hechuras clásicas y el mimo que se nota que han puesto en este caso en la dirección artística, además para contar la historia triangular de Thomas Wolfe, su mujer y el editor Max Perkins tenemos a tres grandes actores; pero no se logra transmitir ni la pasión literaria y vital del escritor ni emocionar lo suficiente con la huella emocional que éste dejó en su editor y amigo. Una auténtica pena porque arranca prometedora y acaba siendo aburrida. Muy por debajo de los que debería haber sido.
Entretenida y aparatosa casi al mismo nivel, mantiene la línea de las entregas anteriores combinando de nuevo acción, efectos especiales, humor y un Robert Downey Jr. en estado de gracia aunque lo mejor son esos créditos finales con un soundtrack que te hace salir del cine en pleno subidón....por cierto, hay que quedarse hasta el final final de los créditos.
Reparto: Robert Downey Jr. (Tony Stark / Iron Man), Gwyneth Paltrow (Pepper Potts), Don Cheadle (James Rhodes / War Machine), Guy Pearce (Dr. Aldrich Killian), Ben Kingsley (Mandarín), Rebecca Hall (Maya Hansen), James Badge Dale (Eric Savin), Jon Favreau (Happy Hogan), Stephanie Szostak (Ellen Brandt), William Sadler (Sal). Guion: Shane Black y Drew Pearce; basado en los cómics de Jack Kirby, Stan Lee, Don Heck y Larry Lieber.
Producción: Kevin Feige.
Música: Brian Tyler.
Fotografía: John Toll.
Montaje: Jeffrey Ford y Peter S. Elliot.
Diseño de producción: Bill Brzeski.
Vestuario: Louise Frogley.
Distribuidora: The Walt Disney Company Spain.
Estreno en USA: 3 Mayo 2013.
Estreno en España: 26 Abril 2013.
Calificación por edades: No recomendada para menores de 12 años.
Recomendada para los fans de Marvel pero también para todo aquel que vaya al cine a entretenerse con las consabidas dosis de acción, rizos que rizan el rizo, explosiones, escenas al límite y ciertos toques de humor.
Una de las películas de la cartelera es esta “Prometheus” que regresa al universo de “Alien” y ha levantado una auténtica polvareda de comentarios y opiniones convirtiéndose en uno de los títulos más comentados de este verano de 2012.
**
Película 3D: Prometheus.
País: EEUU.
Duración: 125 min.
Género: Acción, ciencia-ficción, terror.
Interpretación: Noomi Rapace (Elizabeth Shaw), Charlize Theron (Meredith Vickers), Michael Fassbender (David), Guy Pearce (Peter Weyland), Idris Elba (Janek), Logan Marshall-Green (Charlie Holloway), Rafe Spall (Millburn), Sean Harris (Fifield), Emun Elliott (Chance), Benedict Wong (Ravel), Patrick Wilson (padre de Shaw).
Guión: Jon Spaihts y Damon Lindelof.
Producción: Ridley Scott, David Giler y Walter Hill.
***** Título original: The hurt locker. País: USA Duración: 131 min. Género: Acción, bélico, drama. Interpretación: Jeremy Renner (sargento William James), Anthony Mackie (sargento J.T. Sanborn), Brian Geraghty (Owen Eldridge), Ralph Fiennes (Jefe de equipo), Guy Pearce (sargento Matt Thompson), David Morse (coronel Reed), Evangeline Lilly (Connie James), Christian Camargo (coronel John Cambridge). Guión: Mark Boal. Producción: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier y Greg Shapiro. Música: Marco Beltrami y Buck Sanders. Fotografía: Barry Ackroyd. Montaje: Bob Murawski y Chris Innis. Diseño de producción: Karl Júlíusson. Vestuario: George Little. Distribuidora: DeAPlaneta. Estreno en USA: 26 Junio 2009. Estreno en España: 29 Enero 2010.
Como mínimo sorprendente está siendo la distribución de esta película hasta la fecha tanto en España como en Estados Unidos a tenor del reducido número de cines en los que se ha estrenado y se mantiene o ¿quizás sea una estrategia comercial para comenzar el verdadero despliegue después de los óscars? Desde luego no creo que el reducidísimo número de salas y horarios en los que se exhibe responda a que el público le haya dado la espalda porque si la ves te impacta y acabas hablando bien de ella.
Estoy hablando a dos semanas de los óscars para los que es la favorita junto a “Avatar” y para los que ha cosechado 9 nominaciones que incluye mejor película, mejor director (Kathryn Bigelow), mejor actor principal (Jeremy Renner), mejor guión original, mejor fotografía, mejor banda sonora, mejor montaje, mejor sonido y mejores efectos sonidos, casi nada al aparato.
No sólo eso, la crítica ha opinado sobre la película de manera prácticamente unánime y la considera uno de los mejores títulos de los últimos meses, si no el mejor; premios está recibiendo por doquier y recientemente ha conseguido el BAFTA de la Academia británica y además, cuando la ves te deja noqueado, o al menos eso es lo que me pasó a mí.
La película, para quien no lo sepa y sin destripar nada, trata sobre un comando de artificieros estadounidenses que operan en la devastada Irak. Argumentalmente no hay mucho más que contar, pero aseguro que la película da para mucho de inicio a fin porque no sólo cuenta el quehacer diario de los soldados, hay mucho más de fondo sobre lo que el espectador puede dar vueltas: el sinsentido de la guerra, la dureza del mundo militar, las desigualdades sociales y culturales....y sobretodo algo que Bigelow propone como terrible realidad para la reflexión: la adrenalina que produce la guerra, que aquí es entendida algo así como una droga y un sentido para vivir (al menos así lo es para el sargento William James, para quien resulta un mayor impulso vital que tener su propia familia). En concreto la película se inicia con la cita del libro que escribió el periodista Chris Hedges: “La anticipación por la batalla es una adicción potente y a menudo letal, porque la guerra es una droga”. Hay algo terrible en todo ello, pero lo más terrible es que esto va unido a la condición humana. Aunque no compartamos el sentir de James, todos entendemos viendo la película qué es lo que le pasa y por qué para él desactivar bombas es un subidón (puntazo a favor de Bigelow).
Lo que más me ha gustado de la película (y digo desde ya que me ha gustado muchísimo) es el extraordinario clima de tensión que consigue Bigelow desde el minuto uno. Las primeras escenas son de hecho hipnóticas (sensacional la minuciosidad con la que se cuenta la desactivación de la bomba, las escenas del robot y la presencia de Guy Pearce en unos minutos sencillamente geniales) y uno no se relaja ya hasta que no sale por la puerta del cine, lo cual, es de un mérito extraordinario porque significa que todo, argumento, montaje, ritmo fílmico, desarrollo han cuadrado de manera perfecta como un auténtico mecanismo de relojería. Sólo hay un momento en que la película parece “detenerse” hacia la segunda mitad, quizás porque Bigelow quiere que haya un “parón” antes del desenlace, pero a mí particularmente no me molesta y tampoco me parece que las imágenes del protagonista en Estados Unidos sobren o se alarguen en exceso, como he leído en alguna crítica, son necesarias para entender el desenlace y el tema central de la película.
Bigelow apuesta por una filmación “realista”, muy del gusto del cine actual que pretende contar historias que sean creíbles y próximas. Aunque la película se filmó en lugares como Jordania o Kuwait uno siente estar en Irak realmente porque aunque uno nunca haya estado allí se comprende, se intuye, que así debe ser. En ese sentido la película logra un extraordinario clima de tensión que se “respira” en todas y cada una de las escenas y que, por así decirlo, “estalla” en más de un momento a causa de la temeridad o valentía del sargento James, que se adentra en el peligro como pez en el agua. Hay en ello también una cierta dosis de ironía porque en este caso el héroe es un tipo al que realmente parece no importarle nada que le incumba personalmente a cambio de recibir su dosis de adrenalina diaria, a pesar de que tiene una familia, ya sea poder explotar en su trabajo siguiente o recibir una paliza de un compañero...su única ansia es vivir al límite...lo cual es lo que hacen los artificieros de esta película, pero también mucha otra gente que sólo encuentra en el riesgo y en la aventura una motivación para seguir adelante. En ese sentido la película plantea de manera inteligente lo que probablemente sea un problema o una característica de los tiempos actuales, una cierta deshumanización de la sociedad occidental.....En fin, se me ha ido la bola, pero me parece interesante que una película genere este tipo de ideas o pensamientos.
Otro aspecto a destacar de “En tierra hostil” es que presenta “recovecos” que exigen al espectador “atar” cabos: ¿por qué James se comporta como lo hace? ¿por qué se enfrenta al peligro por sí mismo sin usar el robot? ¿por qué utiliza en su primera misión la bomba de humo? ¿por qué se preocupa por Beckham? (apasionante episodio aquel en el que busca la casa de sus padres) ¿por qué en la casa de Beckham le dicen lo que le dicen? ¿qué hay detrás del almacén de explosivos que encuentran los artificieros?... Bigelow consigue una suerte de suspense interno en la película al mostrarnos los hechos tal cual, pero no explicar nada que nos obliga a interpretar lo que vemos. Las imágenes hablan por sí solas y explican todo lo que necesitamos saber, nos convierten en espectadores activos y nos hacen tomar una posición en la que podemos comprender mejor motivaciones y conductas, en la que somos testigos de un pueblo destrozado con dos facciones contrapuestas, un ejército que pretende establecer el orden según el criterio occidental y un escenario de pesadilla que permite desarrollar una de las películas más tensas, emocionantes e intensas que recuerdo. En muchos momentos de esta película entendemos que sí, hay gente con más o menos escrúpulos, pero eso ocurre en los dos bandos, queda claro que el verdadero enemigo, incluso en Irak, es la propia guerra.
A nivel técnico la película es espectacular porque aunque la filmación da la impresión de haberse realizado con una mera cámara al hombro hay un sinfín de escenas de una grandísima complejidad. Hay que tener en cuenta que la alternancia de primerísimos planos con otros más generales obliga en cine a complejos procesos y juegos con las lentes, la fotografía, el encuadre y el montaje y en ese sentido esta película es impresionante y hay detrás de ella un trabajo descomunal. Como ejemplos me gustaría citar la ya mencionada primera escena con el robot y Guy Pearce en la desactivación de la bomba, la escena en la que son emboscados en el desierto y se unen a una compañía británica inglesa (en la que aparece por sorpresa Ralph Fiennes) y la escena nocturna en la que penetran por las calles de la ciudad para perseguir a un grupo de insurgentes. En todas ellas y en algunas más la puesta en escena es brillante, pero más lo es cómo se ha jugado con todos los aspectos fílmicos para conseguir la máxima tensión y el máximo impacto, cosa que además tampoco sería posible sin un sonido espectacular.
Ignoro que ocurrirá en la próxima edición de los óscars y si finalmente Kathryn Bigelow le quitará el premio a mejor director a su exmarido, James Cameron, pero lo que sí ha dejado claro con ésta película es que su capacidad tras la cámara no sólo está fuera de toda duda, sino que probablemente se ha minusvalorado su talento, que ya demostró en películas tan infravaloradas como “Días extraños” o “K-19, the widowmaker”. Pocas películas se han visto en los últimos tiempos con la capacidad de ésta para encogerte el ánimo y mantenerte en tensión durante dos horas. Vaya subidón!!!
**** Título original: The road. Dirección: John Hillcoat. País: EEUU. Duración: 108 min. Género: Drama, suspense. Interpretación: Viggo Mortensen (hombre), Kodi Smit-McPhee (chico), Robert Duvall (anciano), Guy Pearce (veterano), Charlize Theron (esposa), Garret Dillahunt (miembro de la banda), Molly Parker (mujer maternal), Michael Kenneth Williams (ladrón). Guión: Joe Penhall; basado en la novela “La carretera” de Cormac McCarthy. Producción: Nick Wechsler, Paula Mae Schwartz y Steve Schwartz. Música: Nick Cave y Warren Ellis. Fotografía: Javier Aguirresarobe. Montaje: Jon Gregory. Diseño de producción: Chris Kennedy. Vestuario: Margot Wilson. Distribuidoras: Wide Pictures y Universal Pictures International Spain. Estreno en USA: 25 Noviembre 2009. Estreno en España: 5 Febrero 2010.
“The road” se filmó entre febrero y abril de 2008 y era uno de las apuestas que parecían atractivas para los óscars del año pasado, pero no sólo quedó fuera de aquellos sino que ni siquiera se estrenó. Esto pasa en ocasiones, un proyecto que levanta mucha expectación de pronto queda “aparcado” y se estrena mucho tiempo después. Ignoro a qué se ha debido en esta ocasión pero una posibilidad es que los productores no llegaran a tiempo de la campaña de promoción para los óscars del año pasado y la quisieran vender en los de éste. Para quienes no estéis familiarizados con los mecanismos de los óscars, comentar que es más fácil hacer que los miembros de la academia tengan en cuenta una película estrenada en los últimos meses del año, que es cuando se les mandan las papaletas con las encuestas para votar.
Sea cuales fueren las razones del retraso, el caso es que en estados Unidos se presentó en noviembre del año pasado (2009) y no sólo no ha sido nominada para los óscars sino que su recepción en taquilla ha sido correcta sin más, lo que supone seguramente un duro revés para quienes pensaron que la novela de Cormac McCarthy tenía el gancho suficiente como para convertirse en una gran éxito en pantalla (McCarthy ganó el Pulitzer en 2007, se hizo mundialmente famoso gracias a la adaptación de los Coen de “No es país para viejos” y “The road” está considera una novela magnífica).
Lo cierto es que “La carretera” me parece una película notable, pero dura, muy dura de pelar. Para que se me entienda rápido, vendría a ser como un “Mad max” en versión existencialista y pesimista. Lo que en la saga de George Miller protagonizada por Mel Gibson era aventura y épica se convierte en “La carretera” en un intenso drama de suspense y terror psicológico. Quizás por eso no sea una película fácil de recomendar ni fácil de ver ya que desde el comienzo el espectador se introduce en un ambiente de pura pesadilla, en el que late la desesperanza, el miedo, la inquietud. No recuerdo de hecho una película tan inquietante, que te obligue a estar tan “alerta” desde el primer al último minuto, siempre angustiado por lo que vas a ver en el siguiente fotograma.
El personaje que interpreta Viggo Mortensen (magníficamente por cierto, es un grandioso actor) no es el típico héroe sino todo lo contrario, un tipo normal que lucha contra la peor de las realidades aunque más bien habría que decir que es la peor de las irrealidades porque semejante mundo mejor que solo exista en una pantalla o en las páginas de un libro y de tan horrible es surrealista, deshumanizado e infernal. Es este un aspecto que le da a esta película su mayor virtud y su peor defecto. En la parte positiva está el hecho de romper un poco con la tendencia habitual del cine a mostrarnos personajes fuera de serie que pueden con todo y contra todos y situaciones límites de las que se escapa con tenacidad y en la parte negativa está lo difícil que es asimilar que, realmente, el Apocalipsis nos derrotaría a muchos como lo hace con los seres que pueblan el mundo de esta película y una cosa es ser conscientes de ello y otra pagar para verlo en un cine.
Es cierto que después de ver esta película nadie va a tener ganas de que pueda haber desastre planetario alguno, pero también es cierto que verla supone asumir que se van a pasar casi dos horas de tensión y angustia permanente y lo cierto es que te quedas “tocado” al final.
Hay tres aspectos esenciales que contribuyen decisivamente a que la película sea como es. Por un lado, por supuesto su argumento (un padre y un hijo huyendo hacia la costa de la pesadilla de la América profunda, más profunda que nunca); por otro lado su puesta en escena y ambientación de auténtica pesadilla con paisajes desolados y desoladores y una fotografía impresionante de Javier Aguirresarobe en la que el color ha dejado de existir y por último un pulso narrativo lento y asfixiante que se recrea en el terror psicológico, en lo que no se ve, en lo que se presiente y se intuye (impresionantes varias escenas sobrecogedoras como la marcha de la mujer penetrando en la oscuridad, los gritos de fondo de varias ocasiones o ese túnel en el que se ve aparecer un camión).
Por todo esto se le puede hacer pesada y dura a mucha gente, porque en definitiva es lenta y agobiante, pero en cambio logra una atmósfera muy especial de tensión y da pie a interesantes preguntas de las que uno no puede escapar: ¿qué haría uno en una situación semejante? ¿tiende el hombre desesperado a la maldad o es capaz de mantener la esperanza y la cordura aún en la peor de las situaciones? ¿estamos preparados para seguir siendo humanos y éticos cuando todo a nuestro alrededor deja de serlo? (atención a la resolución de las escenas más tensas de la película, ¿haríamos lo mismo?).
“La carretera” es un drama de suspense duro y deshumanizado, pero no deja de ser una muy interesante película.